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  • Título: Melancolía
  • Director: Lars Von Trier
  • Intérpretes: Kirsten Dunst, Charlotte Gainsbourg, Kiefer Sutherland, Charlotte Rampling, Alexander Skarsgard, Stellan Skarsgard, Udo Kier, John Hurt
  • País: Dinamarca
  • Año: 2011
  • Género: Drama
  • Duración: 67 min
  • Guión: Lars Von Trier
  • Música: Mikel Maltha
  • Calificación: 7/10

 

Alguien dijo alguna vez que “No es el tiempo que pasa, pasamos todos nosotros” Y parece que fue ayer cuando había que organizar quien hacía la entrada cada día de este blog. Aquellos jóvenes aspirantes a periodista han visto como sus vidas respectivas les llevaban por caminos raros. El periodismo quedó atrás, junto a la juventud, algunos sueños y unos cuantos jirones de piel. Ahora somos más maduros, que no más sabios. Pero hay algo que no ha cambiado, y es el amor por el séptimo arte. Las lentes cóncavas respectivas siguen abiertas y enfocando a los largometrajes de ayer y de hoy.

Y precisamente por eso es por que – perdón, compañeros – voy a reabrir la caja de los truenos. Durante años he tenido que escuchar como Juan Pablo Roldán y Álvaro Casanova debatían sobre una película que ambos tuvieron ocasión de ver al empezar esta aventura bloguera, Melancolía. Tan dispares eran sus opiniones, a tal punto de que fue la única vez en este blog que una cinta recibía durante dos días seguidos dos críticas diferentes, una muy positiva y otra muy negativa, que uno se quedaba con la curiosidad de juzgarla por sí mismo. Pero como ciertas personas tienen culo de funcionario desde tiempos inmemoriales, lo que significa que van al ritmo que les da la real gana, han tardado hasta siete años en sentarse para intentar valorar esta obra.

Para ello, y dado que siempre es preferible sentarse ante la pantalla sin saber nada de lo que va a acontecer en la misma para que la historia te atrape y te sumerja en su propio mundo más allá de ideas preconcebidas, la verdad es que la única idea que tenía yo de la cinta, más allá de las opiniones dispares, es que salía Kirsten Dunst y que había una boda terrible. Y no sé por qué, mi cabeza lo enlazaba con el Hotel Embrujado de la Warner y similares. Así que cuando ha empezado todo y la música de Wagner ha impregnado los oídos mientras imágenes cósmicas fluían bajo la atónita mirada, el director danés ha podido meterme en su juego desde el primer momento.

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Por supuesto, a estas alturas no vamos a descubrir el guión de este film. Quizá una de las cosas que más llama la atención sea el título. Melancolía. Si uno busca esta palabra a nivel etimológico sabe lo relacionada que esta con la creencia médica griega del humor negro, y el sentimiento de tristeza que este lleva aparejado. La melancolía es poco más que ese sentir, ese estado en el que uno echa de menos ser otra persona, no haber tomado otros caminos, haberlos tomado y haberlos perdido, lo que tenía, lo que nunca tuvo. Cualquier excusa es buena para sentirse así. Personalmente, estoy convencido de que Parménides de Elea, con su “El ser, es y el no ser, no es” era ante todo un melancólico tratando de aceptarse a sí mismo.

Así pues, la película se divide en dos partes: en una primera, Justine (Kirsten Dunst) asiste al día de su boda de una manera totalmente desapasionada. En la boda, la novia, que está claro que padece algún tipo de trastorno mental o emocional (Al igual que el resto de miembros de su familia) se va derrumbando poco a poco hasta conseguir destruir toda su vida (como conjunto de pareja, trabajo, relaciones con terceros y etc.) y volver a su propio estado. Pero en esta parte aún nos pasará un poco por encima un extraño cuerpo celeste que hay en el cielo, y que forma parte de la constelación de Escorpio, con el que Justine parece sentir cierta afinidad.

En la segunda parte, este pasará a ser el protagonista. De la mano de Clare (Charlotte Gainsbourg), hermana de Justine, asistimos como unos días después ésta se encuentra sin nada, y que el cuerpo que ocultaba la constelación de Escorpio era un planeta que va a pasar cerca de la Tierra, sin llegar a colisionar contra ella. No obstante, Clare tiene miedo de que no sea así, pese a las advertencias de su marido. Y de ese miedo y esa aceptación del destino es donde tiene lugar el argumento de la peli.

Porque el hilo conductor de la película es el propio nihilismo, el vacío existencial. La nada, asociada en una escena de la primera parte a lo baladí del trabajo y la creatividad humana (Incluso la nada es demasiado buena para ti, sentencia Kirsten Dunst) y asociada en la segunda a la aceptación del destino (No hay ningún sitio dónde puedas ir/ Estamos solos, no hay nadie más) y la búsqueda de ese nihilismo, de esa reducción al absurdo, de esa frase de tanatorio que siempre suena a palabras vacías flotando en el aire y que dice que No somos nada.

Así y todo, y como si fuese un crepuscularista, Trier, que es un genio en lo técnico, aprovecha esa nada para crear una obra de arte bellísima, con escenas de puro genio, amparado en interpretaciones magistrales (de todos, porque ese discurso antimatrimonial tan digno de Charlotte Rampling merece ser visto mil veces) pero que se basa en la nada, es una gran envoltura hueca, representa el vacío y el nihilismo. De melancólico a melancólico, el propio Parménides podría habérselo dicho: Ex nihilo nihil fit. Solo nos queda, probablemente, una de las mejores y más bellísimas escenas finales de la historia del cine, pero que no llega a aportar nada a nuestro interior, salvo la admiración, de la belleza de un momento.

Así pues, solo nos quedará saber el juicio de Diego Cabanillas para que todos los cóncavos se enfrenten a la melancolía y vean que encuentran reflejado en ella.

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5 centimetros por segundo

  • Título: 5 centímetros por segundo
  • Director: Makoto Shinkai
  • Intérpretes: Animación
  • País: Japón
  • Año: 2007
  • Género: Drama
  • Duración: 67 min
  • Guión: Makoto Shinkai
  • Música: Tenmon
  • Calificación: 8/10

Decía Fiodor Dostoievski que “Es al separarse cuando se siente y se comprende la fuerza con la que se ama” Suena manido, prototípico y casi anacrónico en una época en la que la mitad de las relaciones son tas superficiales como los dispositivos que las mantienen unidas. Los skypes, whatsapps, móviles, redes sociales, parecen conseguir eliminar esa sensación de distancia, como si la gente pudiese estar siempre junta, aunque sea de forma ilusoria o telemática. Y, en ese contexto, Makoto Shinkai, el heredero de Hayao Miyazaki según muchos, nos sorprende con una auténtica joya que nos habla del amor, la distancia y la madurez en apenas una hora.

5 centímetros por segundo, un curioso título tras el que se oculta uno de los dramas románticos más potentes del cine de animación. Hace referencia a la caída de las flores de cerezo, es la velocidad a la que caen. Una especie de metáfora de las vidas humanas, de la lentitud con la que transcurren, de la parsimonia por alcanzar el suelo, y como los caprichos de un viento que sería el destino, hace que los caminos de las hojas que comenzaron juntas se unan y se separen sin compasión ni respiros.

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Es una historia que se presenta en tres capítulos. La primera, extracto de flor de cerezo, nos presenta a los dos protagonistas, Takaki y Akari, dos amigos inseparables en la escuela primaria que, un buen día, tienen que separarse, pues ella se va a estudiar a otra ciudad. Takaki se queda destrozado, pero al cabo de un tiempo comienza a recibir las cartas de Akari, y su único propósito será ir a verla. La segunda historia, Cosmonauta, nos presenta a Takaki en la escuela secundaria superior, y a su compañera Kanae intentando romper la coraza de ese chico melancólico e inescrutable. Por último, en 5 centímetros por segundo, historia que da título a la película, veremos el reencuentro muchos años después de Takaki y Akari, que quizá no sea tan soñado como pueda parecer debido a los caminos diferentes que han tomado.

Shinkai evita, en esta ocasión, utilizar elementos de fantásticos, demostrando que su poderosa imaginación y su fuerza narrativa también pueden expresarse en una situación real, casi cotidiana, como es la mudanza de un amigo a otra ciudad. La animación resulta increíble, con las bellas y evocadoras imágenes que siempre nos ofrece este director. Su obsesión por las máquinas (y en especial los trenes) encuentra un buen canalizador aquí, al ser el elemento material fundamental, una especie de apoyo a la metáfora de la distancia: los trenes pasan, y aunque todos son iguales, toman distintos senderos y cada uno va por una estación. En cualquier caso, el trabajo de luces y sombras realizado en los dibujos es elogiable, realista, hermoso.

Es la obra de un poeta de la nostalgia, de una melancolía de la que bien podría aprender Von Trier. Es imposible que esta película te deje indiferente, pues evoca unos sentimientos más profundos que sería necesario no tener alma para no verse afectado por los mismos. Recomendación, nunca ver en un día particularmente triste: al acabar, puede parecer que el suicidio es una opción.

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  • Título: Stardust
  • Director: Matthew Vaughn
  • Intérpretes: Charlie Cox, Claire Danes, Michelle Pfeiffer, Robert de Niro, Mark Strong, Sienna Miller
  • País: Reino Unido
  • Año: 2007
  • Género: Fantástico
  • Duración: 130 min
  • Guión: Jane Goldman, Matthew Vaughn (Novela: Neil Gaiman)
  • Música: Ilan Eshkeri
  • Calificación: 7,5/10

A la hora de ver Stardust hay que tener una cosa clara: es imprescindible dejarse atrapar por la atmósfera fantástica que desde el primer minuto inunda la pantalla. Abstraerse de prejuicios y disfrutar de esta buena película es el mejor consejo posible. De lo contrario, llegaríamos a denostarla por ser precisamente lo que pretende: un relato de hadas como de los que ya quedan pocos en el séptimo arte.

Embarcarnos en Stardust es gozar de lo irreal, lo maravilloso, de un guión muy alejado de lo visceral para situarse en ese lugar del corazón que muchos ya creíamos perdido en lo más recóndito de nuestra infancia. Porque ver Stardust es volver a ver héroes camuflados en humildes ciudadanos, brujas malvadas, bellas damiselas que necesitan ser rescatadas, hombres poderosos que ansían aún más gloria, amén de una retahíla de monstruos animados que siempre nos han provocado risa y dolor de cabeza a partes iguales.

No, definitivamente Stardust no parece el producto más original que se haya creado… Hasta que terminamos de ver la película. Es entonces cuando nos damos cuenta de que las dos horas se han pasado volando, de que nuestro cerebro ha sido catapultado a ese extraordinario mundo de Stormhold, donde Tristán Thorn busca un regalo para su amada que acabará redundando en él mismo. Como en los añejos relatos de El Barco de vapor, aquí nada es lo que parece, en cualquier momento un personaje puede disparar un rayo o ser convertido en una rata, ya que todo está construido en base a que la imaginación es el más bello don que ha podido tener el ser humano.

No debemos olvidar, por tanto, que estamos ante una película para todos los públicos. Sin sangre, sin vísceras, sin sexo, sin nada que violente la mente de los más jóvenes. Y a pesar de ello, siguiendo la estela dejada por Pixar, en ningún momento resulta edulcorada, ñoña o tópica. Cualquiera puede verla, y cualquiera puede estar sujeto a las consecuencias que de ella se desprendan: nostalgia, felicidad, alegría, amor, aflicción, melancolía, esperanza… Una pléyade de sentimientos que en muchos espectadores confluirán de manera irremediable. Pero para ello hay que tener alma, afán de soñar, anhelo de volver a una época perdida. Absténgase los inhumanos, bienvenidos sean los aventureros. A vivir se ha dicho.

Francisco Boix, el fotógrafo olvidado

Publicado: 29 abril 2013 de Miguel de la Asuncion en General

La Segunda Guerra Mundial es uno de los períodos de tiempo más interesantes, indudablemente, de la historia. Hemos llegado a tener muchas visiones de ella, muchas representaciones en la cultura: En el arte, en la literatura, en el cine, etc. Sin embargo, en bastantes ocasiones supeditamos la realidad a la ficción. Y en el caso de nuestro país, la vemos como algo lejano, como algo que no pasó en realidad. Aquí estábamos viviendo los efectos de nuestra propia guerra, dicen muchos.

Por eso me ha impactado tanto el documental sobre Francisco Boix. Francisco Boix, un fotógrafo en el infierno, se llama. Un documental que nos muestra el papel que tuvo uno de nuestros compatriotas a la hora de enjuiciar a los nazis una vez pasada la guerra. Asimismo, se nos muestran las consecuencias que tuvo la Segunda Guerra Mundial para algunos de los españoles que no estaban en el país.

Bien es cierto que para hablar de guerra siempre es necesario hablar de política. Por ello, tal vez, el documental sea en cierto modo más político que biográfico en su primera parte. Se nos habla de la figura de Francisco Boix, sí, pero no se nos habla del Francisco Boix fotográfo. Se nos habla del Boix comunista, y del movimiento comunista exiliado en Bélgica en aquellos tiempos. Y de cómo este movimiento fue encarcelado y llevado a un campo de concentración.

No puedo evitar hacer un paralelismo entre el documental visto y ese gran libro de Primo Levi, Si esto es un hombre, en el que se expresaba muy bien la diferencia de los presos políticos con los demás, y las prioridades que estos tenían sobre aquellos. Me parece que el largometraje refleja muy bien esto, al contarnos como el movimiento se pudo organizar aun dentro del campo, y pese a estar también sometidos, como podían trabajar, o conseguir ciertas cosas aun con dificultades.

Así se nos introduce a Boix, que va pasando por distintos puestos de trabajo en el campo, hasta llegar a ser uno de los fotógrafos. A partir de ese momento comienza la verdadera historia, como consigue, gracias también a ayuda exterior, a salvar los negativos de las duras imágenes que le obligan a fotografiar. Como aprovecha sus circunstancias, sus contactos, sus movimientos. Como, gracias a este pequeño acto, meticuloso pero heroico, podrá luego juzgar a personalidades importantes dentro de los altos mandos de las SS. Como todo eso se hace gracias a un poco de suerte y mucho de coraje de un hombre.

Como se ha dicho al finalizar el documental, parece que Cappa es el único fotógrafo de la guerra. No obstante, se ha demostrado que dentro de nuestras fronteras ha habido otro, quizá mas importante aun incluso, por las consecuencias que tuvieron las imágenes por el captadas.

Francisco Boix es, sin duda, el fotógrafo olvidado. Y merece una reivindicación por nuestra parte. Un documental muy interesante y muy recomendable de ver.

  • Título: Esto es la guerra
  • Director: McG
  • Intérpretes: Reese Witherspoon, Chris Pine, Tom Hardy, Til Schweiger, Chelsea Handler, Angela Bassett
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2012
  • Género: Comedia romántica
  • Duración: 98 min
  • Guión: Tim Dowling, Burr Steers, Marcus Gautesen
  • Música: Christophe Beck
  • Calificación: 1,5/10

Durante los últimos años, la industria de Hollywood se ha especializado en producir un tipo muy concreto de comedias románticas: aquellas que, independientemente de las características de sus personajes, vuelcan todas sus aspiraciones cinematográficas en un compendio de tópicos. Esto es la guerra no es más que el enésimo subproducto que trata de vendernos una idea mil y una veces explotada en el cine norteamericano.

La premisa del filme que dirige McG (director de Terminator Salvation) es que nos atraiga el triángulo amoroso que forman una mujer de mediana edad, que ha atravesado por varios fracasos amorosos, y dos aparentes “tipos duros” que trabajan en una agencia de investigación secreta. Desde luego, el planteamiento inicial ya peca de una falta de credibilidad considerable, pero la puesta en práctica es desastrosa.

Para empezar, durante la hora y media que dura la película se entremezclan la comedia romántica y un bochornoso intento de thriller, orquestado cuando ambos agentes persiguen a un delincuente internacional. Resulta lamentable ver a dos buenos actores como Reese Witherspoon y Tom Hardy mezclados en este engendro que avanza irremediablemente por un camino que ya nos conocemos de sobra. Es casi un delito de propiedad intelectual atribuir este guión a alguien, puesto que éste se nutre de toda la historia reciente del lado más malo de Hollywood, sin que exista un mínimo resquicio de originalidad. No faltan a la cita la amiga lujuriosa, los serviciales compañeros de trabajo (lamentable que destinen recursos públicos para fines privados con la que está cayendo) o los presuntos “malos” que más bien parecen payasos de circo sobreactuados. Aun con todas estas lacras, podría haber salido algo mínimamente potable de no existir ciertas situaciones que se asemejan a las que podemos encontrar en cualquier telefilme de Antena 3 los sábados por la tarde, donde la vergüenza ajena y los inverosímiles giros de guión alcanzan su cota más alta.

Olvidada toda posibilidad de encontrar algo aceptable en el lado artístico de la película, es necesario plantearse una reflexión sobre su vocación comercial. ¿Hay gente que sigue pagando por ver cosas como ésta? Desde luego, no cabe en este caso la justificación de “yo voy al cine para entretenerme” porque, ¿qué entretenimiento puede haber en ver otra vez lo mismo de siempre, sin ningún rastro de química entre los actores, sin posibilidad de esbozar siquiera una sonrisa a pesar de que estamos ante una supuesta comedia, y todo ello de la forma más mascadita posible? Una cosa son las películas comerciales y otra cosa son las tomaduras de pelo. Adivinen a cuál de éstas categorías pertenece Esto es la guerra.

PD: Una pregunta más… ¿Era necesario contratar a tres guionistas para esto?

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Titulo: Días de Vinilo

Director: Gabriel Nesci

Intérpretes:. Gastón Pauls, Fernán Mirás, Rafael Spregelburd, Ignacio Toselli, Emilía Attías, Inés Efrón, Akemi Nakamura, Carolina Peleritti, Leonardo Sbaraglia

Nacionalidad: Argentina

Año de Producción: 2012

Guión: Gabriel Nesci

Duración: 120 minutos.  

Valoración: 8/10

Decía el pianista Franz Listz que “La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor, sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso” Una frase que cala muy hondo en el director Gabriel Nesci, que nos presenta en su primer largometraje una historia que habla de música, de amor, de amistad, de belleza y de vida.

Parece algo casi imposible, lograr que en una comedia romántica que sigue todos los parámetros del género, haya espacio para la reflexión, la ironía e incluso la filosofía. Pero así es.

La premisa de la que se parte es muy simple: Cuatro amigos (Damián, Facundo, Luciano y Marcelo) son amigos desde niños, y tienen una curiosa visión del amor relacionada con un suceso de su infancia, donde en “su esquina” asisten a un desengaño amoroso que acaba con una lluvia de vinilos cayendo sobre los muchachos, debido a ese fenómeno de intentar librarse del pasado tirando los objetos de la pareja por la ventana, que desde ese día estarán marcados por esos dos conceptos: las relaciones tienden a fracaso y la música es un regalo del cielo.

De este modo, y tras un sucinto repaso por sus infancias, vemos donde ha llegado cada uno veinte años después: La historia de los treintañeros que pasan despreocupadamente por la vida, sin lograr sentar cabeza, anclados, tal vez, por su miedo en el pasado cómodo en vez del futuro oscuro e inseguro.

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Se nos ofrecen cuatro historias separadas: El miedo de Facundo al compromiso, la autocompasión utópica de Luciano, la desfasada inmadurez de Marcelo y la incapacidad de superar una ruptura de Damián. Todos son creativos, todos son artísticos en cierto modo, y todas sus historias se unen por ese elemento aglutinador que es la música. De hecho, el film hace un repaso magistral por todos los grupos y artistas musicales míticos de la segunda mitad del siglo XX. Las canciones de nuestra vida. Las melodías que nos han marcado.

¿Les suena, verdad? Habremos visto cintas semejantes en multitud de ocasiones. Pero es que desde aquí, Nesci teje su magia y nos ofrece una película diferente ¿Cómo lo hace? Aun sigo pensando en ello. Acaso sea porque, en lugar de buscar la carcajada fácil, el gag simplista, la sonrisa manida, la película comienza por reírse de sí misma. Se ríe de toda la absurda pretenciosidad del mundo cultural. Nadie se libra de su sátira: Músicos, artistas, escritores, medios, críticos… nadie se libra de su férrea sátira. ¿Para qué – parece decirnos – nos andamos con tanto artificio? En la música como en la vida, y sobre todo en el amor, a veces el no complicar las cosas es el mejor modo de obtener un buen resultado.

Mención especial en esta sátira merece el cameo de Leonardo Sbaraglia, que aparece interpretándose a sí mismo, como la personificación de todo lo absurdo del mundo cultural: Caprichoso, pretencioso, autocomplaciente. Su aparición en la película sirve para demostrar justo lo contrario de lo que se manifiesta en la obra: no es necesario un gran actor, un gran nombre, para hacer una buena creación.

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Al final, como es obvio, todo se solucionará para bien. Tendremos nuestros momentos de risa, y de amor, y de felicidad, y de soluciones. Es una película y todo debe acabar bien. El final, que ya conocemos, entra dentro de las cauces habituales. Pero ¿Cómo podría ser de otra forma? Al final, como dijo Schopenhauer, “En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro, y el mundo no es sino música hecha realidad”

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Titulo: Unidos por un sueño

Director: Sebastian Grobler

Intérpretes:. Daniel Brühl, Burgart Klaubner, Justus Von Donanyi, Kathrin Von Steinburg, Thoms Thieme

Nacionalidad: Alemania

Año de Producción: 2011

Guión: Sebastian Grobler, Philipp Roth

Duración: 113 minutos.  

Valoración: 8/10

Aunque a día de hoy algo así nos parezca impensanble, o incluso pretencioso, el gran Albert Camus decía hace años “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”

Basada en una historia real, Unidos por un sueño nos muestra como se introdujo el arte del balompié en Alemania. A finales del siglo XIX el profesor Konrad Koch (Daniel Brühl) alemán que ha estudiado en Harvard, es contratado en una escuela alemana para nobles como profesor de inglés, en aras de preparar a los jóvenes estudiantes para salir al amplio mundo que se presenta por la época.

Koch es un renovador, un hombre que trae ideas frescas y novedosas a los caducos alemanes, que aun viven anclados en el pasado. Su temperamento choca tanto con los directivos de la escuela como con los alumnos. Y para llegar a las jóvenes mentes a las que tiene que enseñar encuentra una sola manera: El fútbol.

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Los chicos, entusiasmados, se entregan con auténtico fervor a este nuevo juego. Hasta que les pillan practicando este deporte. Veremos entonces un auténtico enfrentamiento, todas las penurias por las que pasan Koch y los chicos para poder seguir practicando este deporte.

En el fondo, el fútbol es lo menos importantes. Lo grande es lo que nos transmite. Los alemanes, con capacidad para reírse de sí mismos, nos presentan una gran sátira sobre el cambio, la modernidad, la adaptación y la flexibilidad. Sobre como los valores alemanes, que permiten a la nación gobernar desde hace años los destinos del Viejo Continente, a veces juegan en su contra. Y como la innovación no siempre es mala.

El fútbol, por su parte, es minimizado a sus valores primigenios, algo que en estos tiempos es de agradecer. Sin popularidad mediática, sin grandes medios, sin dinero y prácticamente sin material. Solo unos cuantos jugadores, un par de porterías hechas con las primeras ramas lo suficientemente largas que uno se encuentra y las ganas de jugar. Solo el compañerismo, el juego en equipo, la solidaridad, la equidad que permite. Recordamos, en una época en la que lo hemos convertido en un negocio, que no es más que un juego. Y como todos los juegos, es divertido.

También es curioso el papel que representa Inglaterra en este film. Pese a la gran oposición histórica germano – británica, Inglaterra aparece como la gran renovadora, la de mente abierta. Desenfadados, alegres, sencillos. Todo lo opuesto a los alemanes. Precisamente por esa oposición, aparecen más felices. Como he dicho, la capacidad de reírse de si mismos es algo bueno que tienen en el centro de Europa. Pero sin duda, no dejarán pasar la oportunidad de ver esta fábula como una oportunidad para mejorar y para superar sus defectos. Un film muy recomendable.

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Citadel

 

Titulo: Citadel

Director: Ciaran Foy

Intérpretes: Aneurin Barnard, James Cosmo, Wunmi Mosaku, Amy Shiels

Nacionalidad: Irlanda

Año de Producción: 2012

Guión: Ciaran Foy

Duración: 84 minutos.    

Valoración: 4/10

¿Hay algo más puramente creado por el hombre que las ciudades? La historia de las ciudades es la historia de la sociedad. Pero, como todo lo que se crea, uno se siente orgulloso al mismo tiempo que tiene un cierto respeto a que su creación le consuma. Ya lo decía Estrabón: “Ciudad grande, soledad grande”

Ciaran Foy explora esta angustia urbana en su primer trabajo. Y es un trabajo que nos deja con un regusto amargo, al ir de más a menos a medida que pasan los minutos.

El título es muy adecuado: Citadel (Ciudadela, Baluarte) Pues el eje del mismo será un edificio antiguo que se nos presenta en la primera escena. Allí, Tommy (Soberbiamente interpretado por Aneurin Barnard, su papel de paranoico es lo mejor de la cinta) ve como unos niños encapuchados agreden a su mujer embarazada. Los médicos consiguen salvar al bebé, pero no a ella.

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Tras ser víctima de una agresión, descubrimos que Tommy desarrolla agorafobia (miedo a los espacios abiertos) Y que, a diferencia de un agorafóbico normal, no se siente a salvo ni en su propia casa, pues siente que esa banda de niños vienen ahora a por su hija. Ni siquiera los cuidados y la preocupación de la enfermera Marie (Wunmi Mosaku) podrán sacarle el terror desaforado de encima. Como he dicho, la intepretación de Barnard merece un aparte, es capaz de transmitirnos todo su miedo. La ciudad, espacios vacíos, lúgubres, casas pobres, el clima contaminado, se nos muestra en su extensión más desoladora para contribuir a la sensación agorafóbica y de pánico.

Y entonces, cuando todo parecía encaminado a ser una buena obra de terror psicólogico, se empieza a volver delirante por momentos. Aparece un sacerdote loco que quiere quemar el edificio porque dice que la banda de niños no es humana. Los mismos niños se muestran como una especie de demonios. Del terror psicólogico pasamos a una extraña mezcla entre Mars Attack!,  The Punisher y El sexto Sentido, pues con ayuda de uno de los niños fugados, Tommy debe acabar con todos los demonios derribando el edificio, su citadel particular.

Podría parecer que todo esto quiere ser una metáfora de cómo vencer el miedo y de la auto superación, pero la entrada de elementos demoníacos, sangre gratuita, escenas de pelea y demás trucos de terror fácil acaba con la gran primera parte de terror psicológico para convertirlo en un largometraje más. Uno que no se nos queda en la memoria y que nos deja con la sensación de decir aquella consabida frase: Lo que pudo ser y no fue.

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  • Título Original: Django Unchained
  • Año: 2012
  • País: Estados Unidos
  • Duración: 165 minutos.
  • Director: Quentin Tarantino
  • Reparto:  Jamie Foxx, Leonardo DiCaprio, Christoph Waltz, Kerry Washington, Walton Goggins, Samuel L. Jackson, Don Johnson, Bruce Dern, Franco Nero, Jonah Hill, Tom Savini, M.C. Gainey, RZA, James Remar, Todd Allen, James Russo, Tom Wopat, Misty Upham, Gerald McRaney, Cooper Huckabee, Dennis Christopher, Laura Cayouette.
  •  Género: Western. Drama/ Racismo. Drama Sureño.
  • Puntuación: 8 /10

Durante muchos años, los mayores críticos de Tarantino, han dedicado sus esfuerzos a vetar la obra de un director en el que todas sus películas estaban influenciadas por el género del Western. Pues bien, creo que en parte por mostrar sus preferencias y en parte para contestar a todos, ha decidido hacer una película del Oeste para rendir su propio homenaje al genero; aunque como en honor a la verdad, tendría que catalogarse como “una película del Sur”, eso si, con el inconfundible estilo de Tarantino.

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La cinta nos sitúa dos años antes del inicio de la guerra civil americana (1861-1865). El doctor King Schultz (Christophe Waltz), un cazarrecompensas alemán, encuentra a un esclavo de color, Django (Jamie Foxx), el cual es clave para encontrar a unos fugitivos. Scultz le promete a Django que una vez capturados, le dará la manumisión. Tras un impecable trabajo, Django prefiere seguir con Schultz en su trabajo: encontrar y matar a los criminales más peligrosos del sur; Django se convierte en un experto en cazar recompensas, pero todo lo hace con el objetivo de recuperar a su esposa Broomhilda (Kerry Washington). Su búsqueda les llevará hasta uno de los hombres más ricos del sur, el peligroso Calvin Candie (Leonardo DiCaprio), cuya mayor distracción es ver luchas entre esclavos, además es el propietario de la plantación “Candyland”, donde muy posiblemente se encuentre la esposa de Django.

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Si le preguntases a cualquiera que haya podido ver a lo largo de su vida alguna película de este genero, por el actor que mejor define el Western, sin duda todos hablarían de: John Wayne, Clint Eastwood, Gary Cooper, Steve McQueen, Henry Fonda, James Stewart, Lee Van Cleef…y si tenemos que hablar de una gran pareja de actores que protagoniza “una del oeste” todos recordamos a Paul Newman y Robert Redford, en la plenitud de su carrera en “Dos hombres y un destino”. Tarantino ha cogido a todos ellos y le ha dado la vuelta poniendo de protagonistas a un dentista alemán metido a cazarrecompensas y a un esclavo de color que acaba siendo “la pistola más rápido del sur”. Demuestra así que se pueden tener tus propias influencias, pero no deja de darle una vuelta de tuerca a los rigidos patrones cinematográficos: renovarse o morir.

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En cuanto al elenco de actores; todos y cada uno de ellos cumple a la perfección con su papel: Jamie Foxx está simplemente soberbio, en él podemos observar con gran detalle todo el proceso evolutivo de la personalidad de su personaje, no hace un trabajo principal sólo por ser el protagonista, sino que hace méritos para serlo. Christoph Waltz vuelve a meterse en un papel complicado y lo resuelve con gran solvencia. Como ya he comentado, su mayor problema es arrastrar la fama y las formas del papel que le dio la fama, porque existen algunos sectores que dicen que este es un papel calcado al del Coronel Landa de “Malditos Bastardos” y excepto que ambos personajes son germánicos, no veo relación alguna, ni en el personaje, ni en la forma ni en la actuación. Leonardo DiCaprio, hace ya mucho tiempo que dejó de ser un actor que levantaba los gritos adolescentes cada vez que la cámara le enfoca, para convertirse en uno de los actores con más talento del cine norteamericano; en esta película ha podido divertirse sin medida y actuar con total libertad, haciendo un “malo exquisito”. Mención a parte debe tener Samuel L. Jackson, que a pesar de la caracterización exquisita a la que se vio sometida para hacer de Stephen, su mirada no nos engaña; su papel de fiel sirviente y verdadero amo de la plantación “Candyland”, debería de reconocerse más allá de los premios y buenas críticas.

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El desarrollo de Django Unchained empezó en 2007, cuando Quentin Tarantino, hablando con The Daily Telegraph discutió sobre una idea para hacer un spaghetti western ambientado en el sur profundo de Estados Unidos, que él llamó “Southern”, afirmando que quería: “hacer películas que trataran del horrible pasado de Estados Unidos con la esclavitud y esas cosas, pero como lo hacen los spaghetti westerns, no como películas sobre un gran problema. Quiero hacerlo como si fueran películas de género, pero se enfrentan con todo lo que Estados Unidos nunca se ha ocupado porque se avergüenza de ello, y otros países no tratan sobre ello porque no sienten que tengan derecho a hacerlo.”

Sin duda la película es especial porque será la primera película de Tarantino, que no edite Sally Menke, fallecida en el 2010. Django es el título, de un popular spaghetti western de 1966, dirigido por Sergio Corbucci. Aunque la película de Tarantino no es ni un remake, ni un spin-off de esta, de la que sólo toma el nombre del personaje principal y poco más.

No queda más que recomendar a mis lectores su visionado. Si, es una película de Tarantino (con todo lo que eso implica) y si, dura casi tres horas. Pero es sin duda, una de esas historias que engancha desde el principio, de la que no podrás apartar los ojos de la pantalla. Así que, compren la entrada, un buen cubo de palomitas y un refresco bien grande. Una vez pasados los títulos de crédito, prepárense para disfrutar de esta maravilla.

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Titulo: De óxido y hueso

Director: Jacques Audiard

Intérpretes:. Marion Cotillard, Matthias Schoenaerts, Céline Sallette, Bouli Lanners, Alex Martin, Corinne Masiero, Tibo Vandenborre

Nacionalidad: Francia

Año de Producción: 2012

Guión: Jacques Audiard, Thomas Bidegain (Novela: Craig Davidson)

Música: Alexandre Desplat

Duración: 120 minutos.  

Valoración: 8/10

Decía el historiador Thomas Carlyle que “El hombre ha nacido para luchar, y es como se le define mejor: Diciendo que es un guerrero nato y que su vida desde al principio al fin no es sino una batalla”

Ese es el carácter de este film: luchador, de caerse y levantarse. De perder y recuperar. De romper y recomponer los pedazos.

A veces está bien que el cine nos dé una dosis de realidad. Que nos cuenten que no todo es bonito, que se dejen de situaciones irreales con música de fondo, que el sufrimiento también se muestre en pantalla. A veces es bueno alejarse de esa idea utópica que tenemos de que, en pantalla y durante un par de horas, los buenos tienen que ser muy buenos, los malos tienen que ser muy malos y los guapos tienen que acabar juntos y comiendo perdices.

De óxido y hueso presenta eso como baluarte: Es dura, descarnada, realista a más no poder. Alí junto con su hijo Sam debe refugiarse en casa de su hermana, a la que no ve desde hace muchos años. En un momento dado conoce a Stephanie, una domadora de orcas, y sus historias se entrelazarán.

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Stephanie, interpretada de forma magistral por Marion Cotillard, pierde ambas piernas. La desesperación se apodera de ella, las fuerzas la abandonan. Sufre, y nosotros sufrimos con ella. De repente, Alí, un desconocido, será quien la empiece a dar fuerzas para luchar contra su desgracia y tratar de salir adelante.

Por otro lado tenemos al propio Alí, que, sin duda, ha pasado por bastantes penurias en la vida, y que es pura superficie. Como un animal, satisface sus instintos, pero parece totalmente incapaz de sentir. Incluso para con su propio hijo. Aquí tenemos una interpretación también difícil y también muy bien hecha de Matthias Schoenaerts.

Entre ambos personajes surge una historia. Primero, una amistad. Luego, algo más físico. Ambos personajes se apoyan el uno en el otro. No hay música de fondo, no hay efectos especiales, no hay mariposas en el estómago. Es la cotidianidad de ambos juntos lo que va creando la magia. Todo ello filmado de una forma sublime, con una gran variedad de recursos técnicos, y sin reparar en detalles. La cinta no ahorra en violencia, en sexo o en dureza. A quien no le guste, que no mire.

El dúo protagonista lleva la voz cantante y nos permite identificarnos con la historia. Sufriremos con la falta de tacto de Alí y nos costará levantarnos cada día junto a Stephanie. Toda escena entre ambos, aunque sea un diálogo de apenas tres frases, aporta algo. Mención especial merecen las escenas de alcoba, donde una Marion Cotillard sin piernas está más sensual que nunca.

Y finalmente, por supuesto, el gran fallo, que priva a esta película de que este humilde redactor la otorgue un sobresaliente. El final. Unos diez últimos minutos resueltos de forma fácil y tópica. Ya veis, un largometraje cuya fuerza radica en huir de lo hollywoodiense, al final se ampara en ello, suponemos que para no recibir los abucheos de un público al que, digo yo, alguna vez habría que hacerle ver un final distinto, a ver como reacciona.

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