Dos policías rebeldes 2

Publicado: 7 enero 2009 de Diego Cabanillas en Críticas
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Tras explorar el cine bélico en su fiel y concienzudo retrato del ataque a Pearl Harbor, Michael Bay volvió a terreno conocido realizando una crítica feroz al régimen cubano que sin duda será agradecida por la comunidad exiliada residente en Miami. Una cinta valiente que prueba todas las armas que solo Kodak puede ofrecer para introducirnos hasta el fondo del funcionamiento de las diversas mafias que operan en una ciudad multiétnica pero muy marcada social y culturalmente como Miami y la estrecha relación existente entre algunas de ellas con el déspota régimen castrista.

Un trio de ases

Un trio de ases

Pero el espectador medio no lo pasará mal con esta cinta ya que contiene grandes dosis de espectaculares escenas de acción manejadas con el pulso que solo el maestro californiano es capaz de conseguir. Aún así sería injusto para todos quedarnos en este notable aspecto sin profundizar más en lo que Michael Bay nos propone en la cinta, y es que poco a poco sin saturar al espectador van apareciendo sutiles análisis de la sociedad estadounidense en general y miamense en particular al más puro estilo de Spike Lee. Y es que de nuevo nos encontramos con los problemas interraciales de un grupo de policías afroamericanos con los latinoamericanos, aspectos que serán solventados cuando las circunstancias lo requieren y es que uno de los mensajes positivistas que podemos extraer de este brillante filme es que todos somos humanos.

Imagenes exclusivas de la última campaña de la DGT

Imagenes exclusivas de la última campaña de la DGT

Pero esto no sería nada sin la sutileza y la maestría del señor Bay detrás de una cámara. Al principio puede parecer sosegado con escenas familiares que terminan con una hábil metáfora plasmada en la rotura y vaciamiento de una piscina, del camino iniciático hacía los infiernos que están a punto de comenzar nuestros “Ulises” particulares. Pero no nos quedamos ahí y es que esta película esta cargada de pequeños guiños al espectador más exigente en forma de metáforas y mensajes subliminales. Como explicar si no esa escena donde los protagonistas montados en un vehículo todoterreno amarillo (plasmando lo que podría ser la metáfora de un dragón alado que explicaría las explosiones que se producen) atraviesan enérgicos esas fabelas cubanas destruyéndolas como forma de queja ante las intolerables diferencias sociales que hay entre dos paises que deberían estar hermanados y están separados tan solo por decenas de kilómetros.

El comprometido Jordi Mollá demuestra su buen hacer con el director californiano

El comprometido Jordi Mollá demuestra su buen hacer con el director californiano

En su día esta cinta paso totalmente desapercibida para la crítica pero no para el público deseoso de ver el partido que el señor Bay es capaz de sacar a las centenas de millones de dolares que le presta el comprometido productor Jerry Bruckheimer para que el californiano pueda llevar su profundo mensaje a todas las almas del planeta. No estáis solos, parece que quiere decir Michael Bay a los cuatro vientos.

En aspectos netamente técnicos decir que Bay es capaz de unificar la tradición cinematográfica excelsa, con la experimentación del cine más vanguardista tal y como demuestra uno de sus espectaculares planos secuencias totalmente necesarios para denunciar el problema de la drogadicción entre la juventud miamensa. Dicha muestra de genio, empieza en la azotea de un edificio con el paso del helicóptero de los protagonistas para introducirse habilmente a través de los orificios del sistema de ventilación de un edificio (el sistema respiratorio de la bestia capitalista) y así llegar hasta una discoteca donde un joven esta sufriendo una sobredosis. Una vez más se nos muestra ese problema interracial entre la comunidad americana y la ruso-eslava de la mafia que controla el local, ya que este último decide no solidarizarse con alguien que esta sufriendo un problema de salud en su negocio y opta por tirarlo en medio de la calle como a un perro.

Su fotografía resulta onírica y natural, sin recurrir a falsos efectismos. Los efectos especiales están al servicio de la historia y solo sirven para ayudar a Bay a contar con detalle cuanto nos quiere trasladar a través de escenas a cámara lenta totalmente justificadas y trayectorias balísticas que señalan donde están los villanos y como mueren. Muchos seres esquisitos se muestran reticentes a entregarse al cine de este autor tan partícular, pero solo diré una cosa y es que jamás he visto a John Ford rodando escenas mediante cámaras giratorias que atraviesan las paredes y que nos muestran exactamente como es la situación de la escena, enseñando desafiante ambas posiciones, la de los buenos y la de los malos. Michael Bay en esta película ha sido capaz de innovar en ese aspecto con la camara giratoria para narrar una situación que de otra forma no habría sido posible. Es algo que sin duda sabrá apreciar el espectador más exquisito.

El propio cineasta actua en el proyecto apareciendo en un cameo.

El propio cineasta actua en el proyecto apareciendo en un cameo.

Los interpretes a través del exceso y de la autoparodía en este caso también hacen un trabajo inconmesurable. Es estúpido seguir resaltando los valores de Martin Lawrence que ha demostrado miles de veces su faceta camaleónica  en películas independientes como De ladron a Policía o la saga Esta abuela es un peligro. Will Smith se aleja también del aburrido trabajo que supuso su acercamiento al cine biográfico de la mano de Michael Mann para volver a trabajar con el director que le dio la oportunidad de convertirse en la leyenda que es hoy en día. De hecho aquí da una lección a Mann de como se debe rodar un buen tiroteo sin recurrir al patetismo de Heat. Y es que Michael Bay es capaz de hacerlos en movimiento incluso, con grandes persecuciones donde los faros que en un principio parecían estar rotos después no lo están, símbolo de que con una inquebrantable voluntad como la de nuestros protagonistas los daños siempre son menores y sanan rápido. También nos encontramos con los excelentes trabajos de Joe Pantoliano y sobretodo de Jordí Mollá, demostrando que con un poco de maquillaje cualquiera diría que no es cubano. Excelente retrato el que nos regala Mollá de un traficante de drogas preocupado por el bienestar de su familia, tan solo comparable a la interpretación que hace decadas Al Pacino nos regaló en la otra gran película de Mafias, El Padrino.

Los protagonistas encauzados en un diálogo intronspectivo.

Los protagonistas encauzados en un diálogo intronspectivo.

En fin, totalmente recomendable la degustación de esta cinta que poco a poco el tiempo pondrá en su sitio como la obra maestra definitiva que es.

Son tantas las cosas que merecen un detenido análisis de esta cinta que se podría escribir un libro.

comentarios
  1. Mao Lulz dice:

    Jajaja, casi la haces parecer una cinta “política, comprometida con los ‘derechos humanos’ en Cuba”… es sólo acción descerebrada!!

  2. Braulio dice:

    Viva Fidel!

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