Puede que conozcáis a Spike Lee, un conocido director negro famoso por su buen hacer detrás de una cámara y por su boca, denunciando el racismo que todavía sufren los negros por culpa del hombre blanco. Es tan cínico y tan cerrado de mente que lo hacen a sí mismo un racista. Una de sus últimas salidas de tono fue el criticar abiertamente a Eastwood (alabado sea) por no haber sacado ningún soldado negro en su díptico bélico sobre Iwo Jima, cuando al historia esta centrada en los que levantaron la bandera en el monte (ninguno de ellos negro) y en los japoneses que defendían la posición. 

¡Bocas! Si es que se le ve en la cara quien es, un prepotente insoportable...

¡Bocas! Si es que se le ve en la cara quien es, un prepotente insoportable...

Esa faceta de bocazas no ha evitado no obstante que haya hecho grandes películas que merecen una mención especial como es el caso de “25th Hour”, títulada en España “La última noche”.

Esta es una de esas películas que se mueven a través del diálogo y a través de un grupo de actores en estado de gracia que saben apoyar esos grandes diálogos con grandes actuaciones.

El argumento de por si es sugerente: Monty Brogan (Edward Norton), es un traficante de drogas retirado que debe ingresar al día siguiente en prisión para cumplir condena después de haber sido pillado en su propia casa. Un gran guión a partir de este argumento va trazando las distintas lineas que se resumen en esas últimas horas de Brogan en libertad y como le afecta eso a la gente que le rodea (su pareja, sus amigos, su padre)… Todo esto se ve mediante unos brillantes diálogos reflexivos sobre la vida y las oportunidades o el pasado que no puedes borrar ahora que este te ha metido en problemas.

Y claro, todo esto funciona si tenemos como protagonista a un actor como Edward Norton que funciona y da vida a cualquier papel, a Brian Cox como padre o a esa mala bestia parda que es Philip Seymour Hoffman. Anna Paquin, Rosario Dawson en un gran papel como novia de Norton y Barry Peper completan un reparto practicamente teatral donde cada uno tiene su importancia y su razón de ser, donde cada uno tiene su papel dentro de la historia apoyando lo que el director y el guionista nos quieren contar.

Diría que esta película es un drama modélico. Es difícil que no guste a quien lo ve ya que los diálogos y lo que va pasando son lo suficientemente interesantes para que se te queden grabadas a fuego determinadas partes y situaciones, así como la reflexión que deja la película. Hay que degustarla con calma, disfrutando de todas y cada una de las lineas de diálogo que componen el texto, disfrutando de la gestualización y sintiéndote identificado con todos y cada uno de los personajes pues sin duda cada uno tiene algo de todos. Edward Norton quizá es esa parte de nosotros mismos de la cual nos sentimos arrepentidos, Seymour Hoffman es esa parte dudosa y apocada ante cualquier situación, Pepper es la persona con “éxito” en todos los aspectos que a todos nos gustaría ser. Paquin pasa a ser la Lolita que tienta a todo el mundo y Rosario Dawson es el amor maduro a la vez que dubitativo y menos puro que nos acompaña en la edad adulta. 

Momentos impagables como el monólogo de Norton frente a un espejo o los últimos veinte minutos, que te pueden dejar derrumbado a la vez que encantado. Es una película que quizá pasa desapercibida, que funciona por el boca a oreja, pero sin duda alguna es un peliculón muy recomendable que si no la habéis visto os invito a que lo subsanéis lo antes posible. Técnicamente es intachable, buena fotografía, dirección y una banda sonora a la altura de todo ello. 

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