El Señor de los Anillos para “Yuppies”.

Publicado: 17 noviembre 2011 de Diego Cabanillas en Críticas
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Título: La Rebelión de Atlas Parte I

Director: Paul Johansson

Reparto: Taylor Schilling, Grant Bowler, Mathew Marsden, Paul Johansson, Jon Polito…

Guión: Brian Patrick O’Toole y John Agliaoro

Música: Elia Cmiral

Año: 2011

Duración: 97 minutos

Nacionalidad: EEUU

Género: Ciencia Ficción

Ayn Rand probablemente hubiera esperado que para adaptar su novela, un empresario de altas capacidades como tanto le gustaba a ella describir, diese con la forma de llevar su obra al cine en toda su dimensión. El proyecto para adaptar “Atlas Shrugged” ha recorrido durante décadas Hollywood hasta que finalmente un conocido empresario del “fitness” creyó que era buena idea escribir y financiar la adaptación del libro a las pantallas. Parece que se ha equivocado.

Nos encontramos pues, ante una producción de bajo nivel cuyo estreno en las pantallas parece más producto de la casualidad que de un conocimiento exhaustivo del negocio cinematográfico. Actores poco conocidos, bajo presupuesto y una puesta en escena que pocas veces sobrepasa lo mediocre. 

El problema de llevar al cine La rebelión de Atlas, es que aparte de su dimensión, está compuesta en lineas generales por un tratado filosófico que establecía las bases del pensamiento y teoría de Ayn Rand, el objetivismo. Por lo tanto, y pese a lo que el libro ya sea de por sí discutible en sus lineas generales, el trasladar fielmente las lineas fundacionales de un pensamiento a una serie de películas producidas bajo los cánones de un cine más bien televisivo, resulta inabarcable.

El guión se ahoga tratando de ser demasiado fiel a una novela que nació en otro contexto, la Guerra Fría, el terror hacía el auge socialista, los enemigos soviéticos… Muchos tratan de defender su validez aún a día de hoy, pero probablemente no lo fuera ni en el momento en que se público por su carácter en ocasiones simplista, bidimensional e ingenuo. Para trasladarnos al ideario de Ayn Rand, los responsables de la película sí tratan de establecer que ese pensamiento sigue siendo válido, y no lo hacen contextualizando la novela en el momento en que se escribió, sino trasladándola a un futuro cercano, un mundo donde la crisis sigue golpeando los mercados, en el que el petróleo es un bien escaso debido a guerras en Oriente Medio. Un mundo el que las clases medias están próximas a desaparecer. En ese contexto, bastante conocido por todos nosotros, nace este acercamiento al libro de Rand, con unos EEUU dirigidos por un Gobierno intervencionista que actúa como una especie de Robin Hood contra los intereses del puñado de empresarios competentes que quedan. Empresarios que en la adversidad siguen creando, generando riquezas (lo que está mal en el mundo que nos plantean ya que en el beneficio propio no hay moral ni solidaridad), y dando trabajo. Todo negocio debe repartirse entre capaces e incapaces por el bien social, el egoísmo es pecado capital, y la capacidad, una condena de trabajos forzados para mantener a los vagos e incapaces. Sólo unos valientes tratan de resistir haciendo lo que mejor saben hacer, crear y gestionar, mientras sus colegas van desapareciendo misteriosamente abandonando sus industrias y bancos, dejando al país cada vez más sumido en una pobreza que para algunos es motivo de celebración.

Las primeras hojas del libro van siendo adaptadas de forma bastante fiel, lo que no siempre y más en este caso significa que sea una buena estrategia para construir un guión cohesionado y una película con entidad. Esto presenta varios problemas si no conocemos la obra, como una cierta dificultad para meternos en la trama y entender la personalidad y motivaciones de los personajes, así como comprender y dar lógica a un mundo que pese a ser ilógico (volvemos a la bidimensionalidad de la obra de Rand practicando el reduccionismo en algo tan complejo como la política, la economía, la sociedad y el pensamiento de un país), resulta más ilógico y absurdo cuando de forma rápida se suceden los diálogos y personajes que construyen el continente de la trama sin conocer previamente los matices de Rand.

Por otra parte, el reparto lleno de caras desconocidas y secundarios de algunas series de TV, no hacen tampoco un buen papel para hacer creíbles a los personajes dentro de las dificultades previas. Podemos argumentar que estos personajes en el libro tampoco es que tengan una profundidad y unas emociones muy lejanas de las de los robots, seres irreflexivos que se mueven por el mundo con el orgullo de creerse mejor a los demás, sin que algo tan banal como la emoción enturbie su ilógica mente lógica, pero técnicamente las interpretaciones de los protagonistas y del resto de personajes importantes resultan tan impersonales como la de los repartos de las películas para la TV de los fines de semana.

Y es que siguiendo las andanzas de esa altiva directora de operaciones de una compañía ferroviaria en un mundo donde el tren es el único medio de transporte asequible, donde las aerolíneas han quebrado; o las andanzas del creador y valedor de un metal revolucionario encarcelado en vida por la desaprobación de su familia a su amor al trabajo, la creación y la actividad; vistos sobre la pantalla y no sobre el papel quedan aún más desdibujados, sin lograr de comprender que impulsos les hacen aceptar ciertas imposiciones o generar estrategias para combatir al sistema. Y después tenemos esa presencia oscura, vestida con chaqueta y sombrero que invita a los empresarios a dejar ese mundo decadente por uno nuevo donde vuelve a brillar la luz del sol y donde los empresarios dignos son tratados de acuerdo a sus capacidades, a sus valores…. Una presencia oculta por la fotografía, que me ha recordado demasiado al personaje de Rorschad, de la novela gráfica Watchmen, que por cierto admite bastantes paralelismos con el libro de Ayn Rand.

La dirección de Paul Johansson, que también está en el reparto, no pasa de impersonal y anodina, la fotografía, televisiva, los CGI más que mediocres… Mientras, el guión resulta óptimo para que los no iniciados se queden con cara de poker. Sin una lectura previa del libro no podemos ver el continente y muchas de las cosas que se dicen, que sin base carecen de significado. La película desde esta perspectiva debería ser capaz de tener entidad propia. El montaje resulta también impersonal, se le nota que le han dado a la tijera para que la película antes de créditos dure menos de hora y media. Por el contrario, el apartado músical resulta bastante aceptable, destaca sobre los escasos valores del resto de la película, y pese a que en algunos momentos tienda a ser subrayante tratando de hacer más espectaculares los momentos álgidos de la cinta, como banda sonora cumple bastante bien teniendo en cuenta el resto de apartados.

Algunos críticos estadounidenses decían con cierta sorna que esta era la película del Tea Party. Lamentablemente, con sus escasos valores de producción y el escaso interés que parece despertar en la audiencia el estreno de una película basada en un importante libro de la literatura estadounidense; la película parece fracasar a todos los niveles. Si trataban de difundir un pensamiento, una “casi-religión” como el objetivismo en este contexto político, económico y social, la audiencia es pequeña. Después es difícilmente exportable a otros países y aunque los planes sean hacer de esto una trilogía de dudosa continuación, a tenor de los resultados de esta primera aproximación, no parece, que hacen que el libro y sus ideas se quedarán en su género, la ciencia ficción por muchos paralelismos que se quieran hacer con los movimientos políticos actuales.

comentarios
  1. Miguel de la Asuncion dice:

    Dieguito, amigo, no te metas con Paul Johansson, que ahora mismo es de los mejores productores estadounidenses que hay. Además, desde hace tiempo quería hacer algo relacionado con la rebelión de atlas. Entiende que es díficil, muy muy díficil, hacer una película buena de un libro puramente teórico. ¿Acaso has visto en el cine “Asi hablaba Zaratustra” o “Crítica de la razón pura” ?
    El problema es catalogar como ciencia ficción una distopía. No es exactamente lo mismo.

    • dcabanillas dice:

      Miguelito, Paul Johansson es un actor que ha dirigido unas cuantas cosas. No es un tío tampoco grande en la industria. Quería dirigir esto, se la escribieron otros, y aunque es una cinta pequeña con unos valores de producción muy cuestionables y bajos para lo que quieren adaptar, a nuestro amigo le ha venido francamente grande. Es un telefilm para Antena 3. Pero no para la sobremesa, perfectamente puede caber en la oferta de la madrugada.

      Después, sí, es una distopia. Blade Runner también lo era, pero al igual que esta tiene elementos de ciencia ficción como para poder meter distopía en algo más general como la Ciencia Ficción.

      De todos modos, pese a lo teórico, La Rebelión de Atlas es adaptable, está novelada y aunque no sea del todo muy cinematográfica, una adaptación no debe ser demasiado fiel. El cine y la literatura son dos medios distintos y hay que saber mostrar o contar cosas de otra manera para quedar mejor en el medio en el que se cuenta. Pero aquí ni trabajo artístico, ni comunicativo ni leches.

  2. Miguel de la Asuncion dice:

    Paul Johansson es productor de televisión, no de cine, pero tiene bastante experiencia como productor. ¿Blade Runner distopía? ¿En serio? Venga ya. Blade Runner es ciencia ficción pretenciosamente filosófica, y no exactamente filosófica, sino solo etica, cuando la rebelión de atlas es bastante mas completa.
    Si me creo que le haya ido grande, y si me creo que escribieran el guion (Desgraciadamente, productor y guionista no estan unificados) pero aun asi..no comparto, no comparto para nada. Contextualiza.

  3. dcabanillas dice:

    http://www.imdb.com/name/nm0424035/

    Ahí puedes comprobar que es actor de series, y además director de cuatro títulos. El guión le ha venido hecho por parte de un gran empresario del fitness que además produce.

    Sobre lo demás. Blade Runner es ciencia ficción en un escenario, un mundo distópico. No es un futuro bonito es desesperanzado… Pero sí, entiendo lo que dices, en la novela de Rand lo que parecen buenos sentimientos, en realidad es la forma más temible de dictadura. Utopía, distopía. Pero Miguelín, esto esta lejos de ser una película aceptable. La crítica se la comió, y la verdad es que sus valores de producción son muy bajos, cuando es un proyecto que ha pasado por muchas manos y con mayor presupuesto. Aquí han hecho un telefilm temible donde la verdad es que noventa minutos son cortos para al menos establecer unas bases.

    Puedes leerte la novela y ver la película, no se va a estrenar en España así que cualquier día la puedes ver por los cauces habituales.

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