El Discurso del Rey.

Publicado: 3 diciembre 2011 de Juan Pablo Roldán en General

  • Año: 2010
  • País: Gran Bretaña.
  • Duración: 118 minutos.
  • Director: Tom Hopper.
  • Reparto: Colin Firth; Helena Bonhan Carter; Geoffrey Rush; Michael Gambon; Guy Pearce; Timothy Spall; Derek Jacobi y Eve Best.
  • Género: Drama Histórico. 
  • Puntuación: 8/10

Cuando vi esta película, ya había sido galardonada con el Oscar a la mejor película. Y tal vez ello, fue lo que me motivo a verla. Había mucha gente que me animaba a hacerlo, a pesar de que no me atraía lo más mínimo. Tras verla debo decir que hay ocasiones en los que hay que hacer caso a las recomendaciones.

Si los reyes de Inglaterra tienen un segundo hijo varón, este pasa a ser el “Duque de York”, no es un título nada despreciable, pero es el título de lo que se conoce como los “segundones”, los hijos de los reyes que no está pensado que reinen. La película comienza exactamente en ese punto, cuando el Duque de York (Colin Firth) tiene que dar un pequeño discurso delante de un estadio lleno. No sería un problema enorme para una persona educada para ello, el problema es que el Duque de York, sufre de tartamudez. A pesar de su papel secundario dentro de la familia real, tiene que enfrentarse a muchos actos oficiales, a un padre que actúa como un Rey muy eficiente y a un hermano, muy carismático. No miento si digo que los hijos siempre buscamos la aprobación de los padres, así que si juntamos todo: un “segundón” de la familia real que busca ser aceptado; tiene, por necesidad que paliar su problema con el habla.

Es en ese punto cuando la mujer del Duque de York, Elizabeth Bowes-Lyon, interpretada perfectamente por Helena Bonhan Carter, decide buscar un experto en habla que ayude a su marido a superar su problema de tartamudez. En este periplo encontrará a  Lionel Logue (Geoffrey Rush), un experto logopeda con el que empieza a trabajar para solucionar el problema. La historia es caprichosa, y tras la muerte de su padre y la breve estancia de su hermano Eduardo VIII en el trono, que acaba abdicando en él, acaba siendo coronado como Rey de Inglaterra, conocido como Jorge VI. Si antes de esto, ya era importante acabar con su problema, ahora se ha convertido en una cuestión de estado.

¡Que hable el Tartamudo! Perdón, su Majestad.

La película está muy cuidada en cuanto al guión y la elección de los tres actores principales: Colin Firth, ganador del Oscar al mejor actor 2010, está simplemente genial, siendo sin duda el eje central, no por su papel en sí, sino porque consigue tal simbiosis con el personaje que el Oscar se queda corto. Geoffrey Rush, tiene una actuación impecable diferente de los últimos papeles en los que le hemos visto; serio formal y muy creíble; además, Helena Bonham Carter, alejada de esos papeles oscuros y sombríos a los que nos tiene acostumbrados, demuestra que es una actriz muy solvente capaz de hacer cualquier papel con bastante brillantez.

Basado en una historia real, la cinta ahonda en la relación entre Jorge VI y Lionel Logue  que consiguió, empleando una serie de técnicas poco ortodoxas, eliminar este defecto del Rey. Jorge VI, es sin duda una de las figuras más olvidadas de la Segunda Guerra Mundial; en un conflicto donde la propaganda pasa a primer plano, el papel simbólico del Rey de Inglaterra fue fundamental en la defensa de la isla: Después de que estallara la guerra en septiembre de 1939, Jorge VI y su esposa decidieron quedarse en Londres, a pesar de los bombardeos alemanes. El rey y la reina se mantuvieron en el Palacio de Buckingham; aunque el rey pasaba las noches en el Castillo de Windsor. En Septiembre de 1940, el Rey y la Reina evitaron la muerte cuando dos bombas alemanas explotaron en un patio del Palacio de Buckingham, mientras ellos se encontraban allí. A pesar de haber visitado a las víctimas, la reina no se ganó el respeto de sus súbditos sino hasta que en desafío, pronunció la frase: «Me alegro de que nos hayan bombardeado. Me hace sentir que puedo mirar al East End a la cara». La familia real se prestó a compartir los mismos peligros y privaciones que el resto del país, ya que estaban sujetos a restricciones de racionamiento y la primera dama Eleanor Roosevelt comentó sobre la comida racionada y sobre el agua del baño limitada, durante su estadía en un palacio sin calefacción y dañado. Además los discursos del Rey, como el primero que da, al final de la película, fueron sin duda símbolo de la Resistencia Inglesa. Una película que nos muestra un personaje casi olvidado, que merece su sitio en la Historia.

Solo ante el discurso.

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