La felicidad de la lluvia

Publicado: 11 marzo 2012 de Miguel de la Asuncion en General
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Titulo: El mismo amor, la misma lluvia

Director: Juan José Campanella

Intérpretes:. Ricardo Darín, Soledad Villamíl, Eduardo Blanco, Ulises Dumont, Alicia Zanca

Nacionalidad: Argentina

Año de Producción: 1999

Guión: Fernando Castets, Juan José Campanella

Duración: 120 minutos.  

Valoración: 9/10

Teniendo en cuenta al filósofo griego Heráclito, quien apuntó con su “Panta Rei” que “En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos” para hablar del cambio. Nada permanece, la realidad cambia y el hombre cambia con ella. Así, de esta idea fundamental, principio empirista por excelencia, Campanella obtuvo sus bases para crear una obra magistral.

Digamos que el duo Campanella-Darín, y la química de este con Soledad Villamíl, son fundamentales para alcanzar la excelencia. Cuando no hay efectos, artificios o espectacularidad queda el cine más puro, ese que se consigue con un buen guión y unos personajes bien definidos. Los personajes y su evolución son la base de esta cinta, pues ellos van cambiando al mismo tiempo que cambia la realidad política y social argentina (Aun espero alguna película de este país que supere el estigma de las Malvinas).

Independientemente de lo que pensemos acerca del empirismo, de la filosofía, o de Argentina en general, cualquiera de nosotros puede sentirse identificado con este film. Quien no se vea reflejado en el miedo a la felicidad, tan común como paradójico, de Jorge Pellegrini, puede que se encuentre en la lucha por alcanzar el talento de Laura, o incluso en el desgaste inexorable del eterno Antonio. Eso es lo que la hace tan convincente, su cercanía, su proximidad.

Pero vamos a ver, lo realmente importante de la cinta es la relación entre Jorge y Laura a lo largo de la película. Narrada en un tono entre el fino humor satírico y la tragedia predestinada, los encuentros y desencuentros de ambos llevan el peso del argumento, para demostrarnos que aunque todo fluya, hay cosas que superan los límites del cambio, permanentes, eternas, indestructibles. El mencionar precisamente el agua, aunque sea la lluvia en vez del río, refuerza esta idea. El elenco de secundarios de lujo (con Eduardo Blanco a la cabeza) sirven para adornar y enriquecer una historia y una idea ya de por sí interesantes.

Por eso, cuando me hablan de El mismo amor, la misma lluvia  me hablan de una obra sentida, expresiva, próxima, hermosa, comprensible, bien representada y entretenida, muy entretenida. Pese a sus dos horas, no se hace pesada en ningún momento. Aunque habrá quien no vea la profundidad de una obra profundamente metafísica, puede disfrutarla igual. Esa es la magia de Campanella: Transmitir un mensaje que auna lo intelectual con lo cotidiano, lo ordinario con lo extraordinario. Que alguien me dé una definición mejor de lo que debe ser el cine.

comentarios
  1. dcabanillas dice:

    No la he visto, pero me encantó la última.

  2. Miguel de la Asuncion dice:

    Pues, en mi humilde opinión, es la mejor de Campanella.

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