Il buono, il brutto, il cattivo, il genio, il cinema

Publicado: 15 marzo 2012 de Diego Cabanillas en General
Etiquetas:, , , , , , , ,

Título: Il buono, il brutto, il cattivo

Director: Sergio Leone

Reparto: Clint Eastwood, Lee Van Cliff, Eli Wallach, Mario Brega, Luigi Pistilli, Antonio Molino Rojo

Guión: Sergio Leone, Luciano Vicenzonni

Música: Ennio Morricone

País: Italia, España, Alemania

Duración: 185 minutos

Género: Spaghetti Western

En ocasiones para entender buena parte del mejor cine que se hace ahora, debemos retrotraernos décadas atrás, a otros países, a otros lugares… Leone se fue a Japón para traspasar el estilo del cine clásico japonés y así trasladarlo al Spaghetti Western. Quentin Tarantino se fue hasta las películas de Sergio Leone y ha hecho en sus películas grandes homenajes al desaparecido director italiano. Con precocidaz influyo sin quererlo en varias generaciones posteriores de cine.

Quizás unos de los problemas de Sergio Leone en su momento fuera ese. Su cine, su lenguaje no hizo que la crítica se arrodillase a sus pies. Era extraño, demasiado moderno como le gusta decir a Boyero, no estábamos ante una dirección clásica y académica, el italiano se atrevía a experimentar en un género américano lo aprendido en el cine oriental. ¿Cómo se atrevía a volver al cine retratado magistralmente por John Ford con tanta ligereza? ¿Como convertía a los bandidos en unos Ronin?  Era italiano, su cine era coproducción europea… Era casi insultante que desde el otro lado del charco se atreviesen a dar una vuelta de tuerca a uno de los géneros cinematográficos estadounidenses por excelencia. Por todo esto, y por lo tanto, lo único que necesitaba esta película era tiempo, que su forma, su estilo macerase con los años y que lo que en su momento era  una película estrafalaria, comercial y estéril, se convirtiese en la joya hoy reconocida. Una obra maestra.

Sergio Leone, junto con lo conseguido en su película de despedida, Once upon a time in América, será recordado por su aproximación al Western y la traslación del mismo a un nuevo género de su cosecha, el Spaghetti Western. Una aproximación que hizo con una década de retraso con respecto a la del cine americano, y por lo tanto una mirada y un análisis con perspectiva desde la que construir su propio acercamiento al género.

Su Trilogía del Dolar fue construida como una sátira del cine del Oeste de la década anterior, con muertes violentas y exageradas, protagonizadas por antihéroes, desprovistas de artificios para buscar el lado más puro de un periodo violento. Por un puñado de Dólares, La muerte tenía un precio y el caso que nos ocupa, El bueno, el feo y el malo…

La última película de la Trilogía del Dolar es la que probablemente lleva más al exceso el discurso al tiempo que absorve todo lo mostrado anterior. Es la película que más medios tiene, la que busca con más ahinco la mítica de los personajes, la más larga… Es su traca final, y eso lo sabe muy bien el maestro Morricone. El acompañamiento de su partitura, su sincronía con el montaje así como con la dirección de Leone resulta soberbia. Los momentos más álgidos, épicos no son un tiroteo, son un tour force de tensión mostrada con primerísimos planos, miradas, leves movimientos… Y no solo eso, la cámara baila buscando mostrar con su movimiento, sus pequeños artificios, aquí justificados absolutamente por la expresión “puro cine” que logra Leone (aprende Ritichie), el sentimiento que en algunos momentos embargan tanto a los protagonistas como al espectador.

El bueno, el feo y el malo se constituye como una película claramente episódica, donde cada capítulo nos sirve para conocer un poco más a los personajes y sus andanzas, un aspecto concreto, un punto concreto en una búsqueda del oro durante la guerra de secesión norteamericana.

A pesar de la presencia icónica de Clint Eastwood, la película es robada por la figura no menos mítica de Lee Van Cliff y sobretodo por Eli Wallach (97 años tiene el chaval), que se hace con la película el solito. El feo, el hispano, Tuco, el Sancho Panza partícular de esta historia sencilla y que sin embargo permite una lectura a varios niveles. Es la búsqueda de un tesoro mientras que estos protagonistas desdibujados (ninguno es bueno, feo o malo per se) se zancadillean y cabalgan por los desiertos pagando sus males anteriores. Y no por sencilla es menos intensa.

Y con estos tres personajes icónicos, antes y después, uno se queda con Tuco. Es el llano, el que tiene tantas luces como sombras, el que tantas veces ha estado en la cuerda floja que quizás es el más adaptado a la supervivencia. Es el pícaro, el pobre hombre listo como un demonio. No es el héroe, el villano en sus acepciones más puras, no es rubio, no tiene los ojos azules ni una mirada que congela. Tiene la mirada sincera, astuta al tiempo que desafiada y desconfiada. Son demasiadas las personas que le han ido dejando en la estacada mientras el se quedaba con las culpas. Y a pesar de todo, es optimista y campechano. Quizás no te recite la Biblia ni haga reflexiones filosóficas más allá del saber popular, pero es un catedrático en luchar contra los elementos y seguir hacía delante más o menos indemne. Y si no es así ¿qué se le va a hacer? Con estos elementos, actor judío, gana en su papel al protohéroe sin nombre que ya era el icono por excelencia desde las dos historias anteriores de la Trilogía del Dólar. Su cigarro, su cerilla, su poncho, su sombrero y su revolver justiciero. Mirada azul y alma negra. Quiere lo mismo que los demás. Dinero, dinero y más dinero que gastar en whisky y putas. Y sin embargo es el ángel, el que tiene resquicios donde sobrevive un atisbo de moralidad y de hacer el bien. Él es el Dios, el perdón, el que actúa contra los elementos junto con su desviado Apóstol Tuco para acabar aunque sea por un momento con la plaga de la Guerra. Si un pobre soldado vive un día más que contar, merecerá la pena. Y está el malo (Lee Van Cliff), el calculador, el hombre que sabría infiltrarse hasta en una tribu de jíbaros y estos le considerasen uno de ellos. Su mirada congela, la posición de sus iris al mirate te dicen “tío, te voy a joder vivo”. Pasará sobre tí sin miramientos. Está él y solo él. Su ética se mide por el dinero que le pagues. Sus pagadores no son más que  meros esclavos que deben estar agradecidos a que él se digne a hacerles trabajitos. El mundo es su tablero de juego. Es un tipo visceral, pero elegante, sus regalos, advertencias. Le gusta unir el arte músical con el de la tortura. Si necesita algo de tí lo cogerá de tus restos. Y cae bien, te gustaría abrazarle y darle golpecitos en la espalda mientras él te apuñala y te saca hasta la última de tus tripas.

Me pararía en ese final memorable, esos interminables momentos de tensión en el ring. Cualquiera puede pasar a ser un nuevo cliente del cementerio. Las miradas se cruzan, la desconfianza campa, Morricone se emociona y Leone se vuelve loco con el montaje. Mirada, mano, cartuchera, revolver, mirada, cartuchera, revolver… Un minuto, dos, tres, cuatro, cinco… Los samuráis esperan el momento propicio. Sus katanas están envainadas, listas para ser blandidas por el rayo en cuanto el reflejo en el ojo del oponente indique que está pensando lo mismo. Plomo contra carbono, como se ganaron muchas batallas. Y pasa lo que tenía que pasar… el in crescendo se da contra el muro de hormigón. El guerrero toma la iniciativa y sale victorioso, partiendo de nuevo hacía su existencia miserable. Parte el ángel redentor, no sin antes escarmentar al pícaro, empieza una nueva historia con las alforjas llenas de monedas. Es bastante más rico, sí… ¿pero cuanto tardará en toparse con un pasaje similar? ¿En la próxima loma? ¿En la próxima aldea?

Hay muchas cosas que agradecer a Leone. En primer lugar haber seleccionado entre un grupo de jóvenes norteamericanos a un tal Clint Eastwood que en la pasada década así como en la anterior nos regaló una serie de clásicos de los de quitarse el poncho y el sombrero. Al tiempo actuó como mentor para que este consiguiese lo que posteriormente logró. El reconocimiento dos veces merecido de la Academia. De igual forma, agradecer a Sergio Leone el servir de inspiración y justificar el amor al cine a un loco adorable como Quentin Tarantino.

comentarios
  1. ¡Dejad de trolearme las puntuaciones!

  2. Álvaro Casanova dice:

    Cabanillas comentando sus propias críticas… Creo que ha entrado en un bucle que solo el psiquiátrico puede solucionar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s