Indiana Jones and the kingdom of the crystal truño

Publicado: 19 marzo 2012 de Diego Cabanillas en General
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Título: Indiana Jones and the kingdom of the crystal skull

Director: Steven Spielberg

Reparto: Harrison Ford, Shia Labeouf, Cate Blanchett, Karen Allen, John Hurt, Dimitir Diatchenko, Ray Winstone.

Fotografía iluminada: Janusz Kaminski

Editor: Michael Khan

Música: John Williams

Papel de WC: David Koepp

Afiche: Drew Struzan

Año: 2008

País: EEUU

Duración: 125 minutazos

Género: Comedia involuntaria

Sí, mi querido Esteban. No ibas a librarte de esta descarga de ira que tanto tiempo llevo macerando. Puedes ir ahora diciendo que te arrepientes profundamente, puedes gastar bromas con tus amigos Jarrison y Jorge sobre la película que hicisteis, pero la realidad es esa, la hicisteis y encima cobrasteis entrada por ella, sabiendo que no se merecía ganar dinero. No la enterrásteis antes del estreno, y esto, amigo, tiene consecuencias como lo que viene a continuación.

Esteban, yo te quería… No me podía creer que en ese año 2008 hubiera acudido con mi bolsa de palomitas a ver esa película que tanto prometía. Era Indy… no podía salir mal. Habías hecho tres grandes películas antes con él. ¿Por qué no una cuarta?

No hacía más que ver lo que hiciste con nuestros corazones para hallar la respuesta. Querías que tu amigo Jorgito se callase de una santa vez y pusiste el piloto automático. ¿Qué tenemos este guión patético del temible David Koepp? Vamos para delante con él. ¿Neveras bunker?  ¿Seres extraños que saben capoeira? ¿Seres del espacio entre espacios? ¿Oxley? Perfecto, Esteban. Con el final que le pusiste a La Última Cruzada como colofón a la trilogía de nuestro arqueólogo favorito ¿para qué rompes esa magia? En fin, vamos a despedazarte.

Vemos una montaña que se convierte en un montículo de arena y sale una rata digital a la que se acercan unos coches antiguos. Unos rusos van en un camión y un coche y se meten sin mucho problema en el Área 51. Indy sale de un maletero. Ya empezamos a ver cosas extrañas, cielos raros, colometrías poco naturales… ¡Kaminski! Se abren las puertas del almacén donde está el arca y vemos la luz… La luz cegadora e irritante fruto de la sobreexposición y el uso de la potencia lumínica sin control ni límites, suficiente para alumbrar Manhattan durante tres lustros… ¡Kaminski! Inexplicables apagones por sobrecarga se sucedían en Nevada, Winsconsin, Wichita y Herrera del Duque. Pero lo había conseguido. Era abrir la puerta y veías la luz, la pureza, el paraíso… Las cegueras involuntarias se cebaban con la platea, los proyectores se quemaban a lo bonzo y había que comprar otros nuevos. Pero ¿qué importa? Era Indiana Jones y su director de fotografía había ganado hasta Oscars. ¡Y siguió homenajeando a la blancura el resto del filme. ¿Qué estaba velado, sobreexpuesto y parecía un epic fail? No importa, Indiana Jones siempre han sido películas muy blancas, y esta lo es por el artículo 33 en todo su metraje. Los focos y las sombrillas puestas del revés, pero Kaminski pilota.

En fin, que nos encontramos con un Indiana Jones madurito. Muy madurito. De ese que dices aquello de quien te ha visto y quien te ve. No porque sea viejo, eso es lo de menos, sino por aquello de que según nos cuenta la película nuestro héroe actuó como oficial de Inteligencia en la II Guerra Mundial. ¿WTF? ¿Osea que nuestro Henry Jones que era un poco hippie en la primera película protestando cuando la CIA le robaba impunemente el Arca de la Alianza ahora se mete de Oficial… Very Good. Y de compañero tenía a un agente quintuple que todavía no se que pinta en la película, la verdad. E Indy está ahí, secuestrado por rusos que son los malos, los que quieren una cosa que quieren los amerianos y también da el poder infinito. Un arma, una calavera de cristal de procedencia del espacio entre espacios, provincia de Soria. Y los rusos comandados por una malvada de palo que sabe esgrima y es very smart. O very gilipollas.

E Indiana Jones tiene un hijo. No lo sabe, pero lo es. Todos lo sabíamos y nos temiamos lo que nos teniamos que temer. Pasamos de la épica y la aventura en el sentido más clásico a una comedia de enredos con madre soltera, hijo y padre que no puede traer nada bueno. Porque todos quisimos a Marion (en la primera). Probablemente fue la chica Indy que más nos engatuso. Caía simpática, era pícara y en cierto modo Indiana Jones tenía cierto aire paternal para con ella. El hombre ya madurito que engatusa a la jovencita y que sin embargo es la cuadratura del círculo. Pero aquí no, amigos míos. Aquí Marion es un personaje un tanto cargante con la capacidad de saltar tres Niágaras en un coche anfibio. Y su hijo es  (gracias Lucas, has metido en Indy tus tonterías galácticas) con tupé. Y es el hijo de Indy, que le gusta arreglar motos más que estudiar historia medieval, que ve a su padre como el carca que es pero quiere a su madre. Pero el viejo empieza a molar, y lucha con él contra los zombies peruanos expertos en Capoeira, y descubre que es su padre… y tenemos enredos y nada de épica, nada de aventura. Pero sí mucha luz.

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal se constituye como algo vago, hecho de cualquier manera, sin una historia mínimamente atractiva detrás y sin embargo con muchas cosas que son sobrante. No necesitamos a John Hurt interpretando a Jar Jar Binks. La verdad es que no. Agradecemos el interés de Lucas en entrometerse donde está el sabio, pero si el tonto manda sobre el sabio poco podemos hacer.

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal se constituye como una gigantesca tomadura de pelo, como una enorme risa que dirigen hacía el público desesperado aquellos que la perpetraron. Un personaje que ha hecho amar el cine a millones de personas, vilmente violado por aquellos que lo hicieron grande, que dirigieron sus películas como los ángeles, que la fotografiaron de forma sobresaliente, que las escribieron con cariño. Eso se perdió, y esto no es un episodio de nostalgia falaz y pordiosera. Esto es lo que es.

Recuerdo aquellas tres películas que avanzaban con paso ágil. No parecía que el guión existiese de antemano porque la película estaba viva de por sí, las imágenes se deslizaban con enorme habilidad y con gracia, entreteniendo, haciendo soñar. Estaban vivas. La cuarta nació muerta. No se desliza, se arrastra. No vive, muere desde el minuto uno y se pudre desde el treinta. No emociona, hace llorar de impotencia y sangrar las retinas.

“Prometemos efectos especiales artesanales y espacios naturales”. Eso decían los criminales. Las selvas son un mundo Ikea de floripondios y palmeras de plástico, la película una digitalada. Bien podrían haber cambiado al protagonista por Jim Carrey vestido con Hawaiiana. Resulta más apropiado, vistos los resultados dantescos de este infumable filme nacido en lo más profundo de Mordor (la cabeza de Lucas).

Querido Esteban, tú que con un robot que no funcionaba hiciste Tiburón. Tú que hiciste Encuentros en la Tercera Fase, que nos enseñaste los dinosaurios e hizo volar el avión de juguete de un niño en un campo de concentración japonés en China. Tú, tú y tú… ¿Qué has hecho hombre del que no se puede nombrar? ¿Por qué tanta desgana? ¿Cuanto te pago tu amigo? ¿En serio es una buena influencia? ¿Como resucitar ese enorme final de La Última Cruzada si no es para volver a clavar el cine de aventuras y decir ¡aquí estoy yo y soy el mejor! ¿Por qué hasta La Momia parece una obra maestra al lado de tu bazofia inmunda? ¡Spielberg despierta!

comentarios
  1. Manu Sanchez dice:

    una de las mejores peliculas de spielberg, se nota que no tienes ni puta idea, Fascista burgués

  2. Miguel de la Asuncion dice:

    Lo tuyo con los títulos es preocupante cuanto menos

  3. Diego Cabanillas dice:

    Me lo tengo que hacer mirar amigo.

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