Título: Hannibal

Director: Ridley Scott

Reparto: Anthony Hopkins, Julianne Moore, Giancarlo Gianinni, Gary Oldman, Ray Liotta

Guión: Steven Zaillian y David Mamet

Música: Hans Zimmer y Patrick Cassidy

Montador: Pietro Scalia

País: EEUU

Año: 2001

Duración: 130 minutos

Género: Terror, policiaco

Fue una cinta esperada, y sin embargo fue criticada por los fans de Hannibal el Canibal debido a que al contrario que la primera parte, El Silencio de los Corderos, esta no era un capítulo procedimental de cualquier serie de policias y asesinos. Es cierto, tenía dos personajes muy potentes llamados Hannibal Lecter y Clarice Starling, y sus conversaciones, sus Quid pro quo eran la novedad que se presentaba con respecto a la típica historia de investigación para atrapar a un asesino. Aquí el asesor era otro asesino, un genio loco al que le gustaba comer mollejas de cabrones cuando estaba libre.

En Hannibal no tenemos eso, Hannibal apuesta por el lado gótico y romántico amparada en un escenario como Florencia. La bestia aquí es reescrita para pasar a ser la Bestia de la Bella y la Bestia, el Drácula de Bram Stoker… Un honesto asesino que tiene que ser perseguido por quien mejor lo conoce, una agente del FBI denigrada por ser la única persona recta e incorrompible en sus valores dentro del buró. Este no es un cambio que haya salido de la nada, un capricho de los responsables de la película. No, la película se mantiene bastante fiel al tono y a la historia del libro de Thomas Harris del mismo título y que es la segunda parte de El Silencio de los Corderos, del mismo autor. Y dos guionistas, que se merecen la definición de tales como David Mamet y Steven Zaillian construyen esta revisión del mito de Drácula desde el libro de Thomas Harris.

Y ahí está por lo tanto, nuestro canibal favorito libre. Peligroso, pero libre. Disfrutando de sus conocimientos y aficiones sobre el Renacimiento en Italia, buscandose un puesto como conservador. Y también tenemos a un rico con el dinero necesario para vengarse de él, de ese consejero, doctor que un día le convenció para que se cortara la cara y se la diera a comer a los perros. El único superviviente al psicópata que ese día estaba harto de riñones. Y está Clarice, investigada por ser demasiado impulsiva y convertir sus misiones en catástrofes mal vistas por la prensa que siempre busca a alguien a quien poner cara y personificar en ella toda la hipocresía de los medios y por ende, la sociedad. Y ahí están sus jefes, entre ellos un misógino interpretado por Ray Liotta que está obsesionado con la bella Clarice Starling, y sueña con hacerla guarrerias mientras la golpea con un bate de beisbol. Y el resto de los jefes, preocupados por como quedará todo lo que se hace en el FBI en la prensa… Por último tenemos a un alto cargo policial italiano, deseoso de complacer a su mujer vendiendo su alma por sumas de cinco o seis ceros que le permitan mantener el alto nivel de vida que requieren las contorneadas piernas de su joven y bonita esposa. No tiene ni idea de a quien se enfrenta, pero el satisfacer a una pija es la obligación de todo buen hombre, y si para ello tenemos que dificultar la investigación de la Interpol para llevarnos el gato al agua, se hace. Y el muy imbécil cae en la trampa de creerse inteligente, incluso más que el genio amante de los sesos acompañados de Chianti.

Por lo tanto se nos abre una pequeña cuestión moral, la rectidud y la honestidad frente a la hipocresía y a un sistema de valores corrupto. Hannibal es fiel a sí mismo. Es un genio que no puede evitar su afición a la alta gastronomia con materias primas procedentes normalmente de los cuerpos mutilados de cabrones sin escrúpulos. Tampoco renuncia a valorar a los seres humanos como lo que son, un atajo de psicópatas desaprensivos preparados para venderse a si mismos cuando la ocasión sea propicia. Y por eso no renuncia a querer a Clarice Starling, la que compartió largas charlas con él y la que le demostró que ante todo era una persona integra, limpia de cualquier atisbo de duda por la cual merecería ser devorada sin piedad. Y es que ahí está Starling, una chica dura, hecha a sí misma pero que no deja a un lado su parte sentimental… Le importa lo que hace, y como lo hace, y le gusta lo que hace y hacerlo como la enseñaron a hacerlo. Es una computadora, ve la escena y aplica los procedimientos y eso visto por una cámara de TV no queda del todo apropiado. Y Starling se siente un poco perdida, la institución que ama va contra ella, porque genera envidias, porque es legal y va de frente en un mundo hipócrita y envidioso profundamente politizado. Y su mentor, su figura paterna inevitable decide estar ahí, para vengarse por ella, a su manera.

El libro generó problemas a la hora de producir el film. Jonathan Demme y el guionista de El Silencio de los Corderos rechazaron participar pues creyeron que el libro era demasiado violento. El problema fue cuando Jodie Foster dijo que no repetiría el papel, también ella veía traicionada el personaje que la valió un Oscar y consideraba el libro violento. Pues nada, el productor Dino de Laurentis, que era el que poseía los derechos sobre el personaje (aunque no estuvo implicado en El Silencio de los Corderos) optó por Ridley Scott y Jodie Foster fue sustituida por Julianne Moore, excelente mujer y atractiva mujer que supo hacer suyo al personaje sin que se echara de menos a Jodie Foster (a la que aplico los mismos calificativos). Anthony Hopkins no tuvo problema en recuperar el papel, buen cheque y le gustaba lo bizarro y violento del libro.

Y es cierto que en algunos tramos la película no se podría definir como agradable, pero tiene un tono de romanticismo tras toda esa asquerosa casquería en momentos muy puntuales que la convierten en una cinta muy atractiva. Hubiera preferido una dirección más clásica por parte de Ridley Scott, a veces opta por efectismos a mi juicio innecesarios que apartan a la cinta de ese tono pausado, frío y al mismo tiempo cálido que propone un buen guión.

Por lo demás, soy de los que la consideran mejor película que su antecesora. Me gusta ver a un personaje tan fascinante como Lecter suelto, dando vía libre a su “creatividad” y mirado desde esa perspectiva de bella monstruosidad, de un psicópata ante el que no te queda más remedio que rendirte y dejar que te devore, pues frente a sus extraños y poco convencionales gustos, vemos que frente a esa jauría de impresentables, es un tipo fiel a sí mismo y a unos valores que echas de menos cuando sales a la calle. En su enfermedad es un tipo temible pero noble, loco pero increiblemente astuto y culto, asesino, pero capaz de amar a alguien por sus valores y su nula capacidad de corromperse. Ve a Starling y ve esa pureza que a veces podría hasta echar de menos levemente.

Todo ello rodado en su mayor parte en una atractiva y oscura Florencia, bella ciudad que también puede ser escenario de bellas atrocidades.

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