Medianoche. A Allen se le hace tarde

Publicado: 6 abril 2012 de Diego Cabanillas en General
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Director: Woody Allen

Guión: Woody Allen

Reparto: Owen Wilson, Rachel McAdams, Marion Cotillard, Michael Sheen, Adrien Brody, Carla Bruni, Kathy Bates.

Género: Comedia

Duración: 100 minutos

Nacionalidad: Hispano-estadounidense

La nueva película de Woody Allen es una comedia ambientada en París con tintes de fábula, casi de cuento que nos traslada por distintas épocas de la capital francesa. Owen Wilson protagoniza la cinta interpretando o imitando al Allen de anteriores trabajos. Sus tics, sus titubeos y su personalidad están presentes en la actuación de Wilson.

 Se trata de una comedia un tanto bizarra, parece encantada de ser ella misma con multitud de referencias culturales y guiños que en pantalla quedan plasmados de una forma bastante irregular y sin que Allen consiga transportarte a un París de los años 20 donde se cruzan personajes y artistas históricos como Picasso, Dalí, Buñuel, Hemmingway o Scott Fitzgerald.

 La historia, tópica dentro del cine de Allen se basa en un guionista de Hollywood enamorado de la ciudad de las luces y en concreto del París de la década de los 20. Está allí de viaje con su novia y su familia política, gente de clase alta aburrida y republicana norteamericana, que contrasta con el carácter jovial, infantil y vitalista del personaje de Wilson. Un día monta en un taxi que es una especie de máquina del tiempo que le lleva a ese París dominado por artistas e intelectuales donde conoce a Hemmingway, Picasso o a Gertrude Stein, la cual le da recomendaciones sobre la novela que Wilson escribe.

La película pretende ser una reflexión sobre si cualquier tiempo pasado fue mejor, sobre el lugar del individuo en el mundo y las relaciones de pareja sin futuro. Pero queda difusa y diluida por una historia en la que se requiere que el espectador empatice con el surrealismo y los guiños que Allen introduce en esta película. Es sutil en cuanto al planteamiento, muy de cuento, muy de fábula sobre la vida, pero el resultado queda bastante lastrado por una visión algo absurda de los personajes que entran y salen en esta historia, que parecen criaturas ajenas y de adorno más que parte de la propia historia. Si el espectador no es capaz de entrar y poner de su parte para la suspensión de credulidad que requiere el filme, ya que Allen no parece hacer mucho por su parte para que esa suspensión de credulidad sea algo sin importancia, la película resulta tópica, azucarada y un tanto aburrida ya que Allen se nos muestra incapaz de hacernos interesante a su alterego en esta cinta. Resulta un personaje un personaje tan cansino como surreal que es difícil que sus peripecias nos sean de interés. No tiene nada que aportar más que ser el contraste entre dos mundos, el del vacío existencial de la clase aristocrática representada por su familia política con el de ensoñación, representado por uno de los intereses amorosos de esta cinta encarnado por una más que correcta Marion Cotillard.

En definitiva, la propuesta de Allen al final se convierte en un ejercicio vacuo de postales turísticas y guiños ridículos sobre un grupo de intelectuales, que más que personas aquí parecen las atracciones de un zoológico situado en las calles y los cafés de París. Claro, que en comparación queda bastante más simpática y agradecida que la tienda de los horrores que supuso su Vicky Cristina Barcelona.

comentarios
  1. Sergio Ballesteros dice:

    No estoy de acuerdo, Diego, estás juzgando la película sin haberla comprendido.

    El supuesto viaje en el tiempo, y las anecdóticas presencias de personajes históricos no tienen importancia en sí mismas, puesto que tan sólo representan los anhelos de haber conocido a los ídolos que han influenciado al protagonista. Es más, salvo por el detalle que demuestra en un momento de la película que efectivamente esos viajes en el tiempo son reales, se podría decir que todo el rollo de los años 20 no son más ensoñaciones, delirios, ilusiones de un soñador embriagado. Porque tal es la importancia que el señor Allen quiere dar a ese aspecto de la historia.

    No estamos viendo una historia de ciencia-ficción que requiera suspensión de credulidad, estamos viendo, como tú has dicho, una fábula, un viaje personal del protagonista, y por tanto, no es necesario profundizar en las interrelaciones con esos personajes que no son ni secundarios, ni siquiera tienen porqué ser veraces o reflejos de las personalidades que tuvieron en realidad, funcionan mejor como caricaturas exageradas que acentúan aún más la fascinación del protagonista sobre ellos.

    Son personajes además, más bien terciarios, ya que el meollo de la historia no se centra en ellos, sino en el análisis sobre la propia existencia del protagonista, de su propia capacidad creativa y de su forma de entender el amor. La única relación que importa en el pasado es la del personaje ficticio que interpreta Cotillard.

    Y como buena fábula, también tiene su moraleja, efectivamente, “cualquier tiempo pasado NO fue mejor”.

    Los diálogos son fluidos, ágiles y elocuentes, en la línea del Woody Allen que admira la gente. La fotografía es deliciosa empleando esa especie de filtro amarillento que además acentúa el resto de colores volviéndola más viva y al mismo tiempo más fantástica. La dirección es sencilla, sin artificios, tampoco los requiere para contar lo que quiere contar. La idea es original en su planteamiento, no por el viaje en el tiempo, pero sí por no incidir en el tópico del hombre fuera de su época, y hacer que las interacciones con los personajes del pasado sean fluídas desde un principio, en lugar de conflictivas por la diferencia temporal, como nos tienen acostumbrados. El humor es inteligente, situacional, más de una vez me proporciona la carcajada, se basa en el diálogo. Y estos detalles, para una película del género que es, la convierten en una pequeña joyita para mi colección.

    ¿Que luego tiene una serie de guiños para el espectador ávido que es capaz de reconocerlos? Qué duda cabe, pero no tienen protagonismo por sí mismos, es un plus que el director concede al espectador que quiera pararse a detectarlos. Y precisamente son detalles fugaces, porque la idea es que todo sirva de contexto, de entorno, sin cobrar protagonismo por sí mismo.

    Para mí es una película que es perfecta precisamente por esa sencillez, por esa carencia de florituras en la dirección y, por qué no decirlo, por lo amable y condescendiente que es consigo misma.

    Esta noche la he vuelto a ver (ya es la tercera vez), y cada vez que la veo, me gusta más, quizá también por mi empatía hacia el protagonista como creador.

    Así que creo que estás siendo injusto con ella primero por el ambiente cultureta que tan poco es de tu agrado, segundo porque está ambientada en la tierra de los gabachos, y tercero, pero no por ello menos importante, por el mero hecho de venir de la mano de W. Allen y tu predisposición indispuesta ante él adquirida después de que su perro rodara Vicky Cristina Barcelona.

  2. Álvaro Casanova dice:

    Está claro que la película no está hecha para gente sin sentimientos como tú. Es preciosa, una oda al cine. Ojalá la de Roma salga la mitad de buena que esta.

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