• Título Original: City of Life and Death (Nanjing! Nanjing!)
  • Año: 2009
  • País: China
  • Duración: 132 minutos.
  • Director: Lu Chuan
  • Reparto:  Liu Ye, Gao Yuanyuan, Hideo Nakaizumi, Fan Wei, Ryu Kohata, Qin Lan, Jiang Yiyan, Zhao Yisui, Yao Di, John Paisley, Yuko Miyamoto, Liu Bin, Beverly Peckous, Aisling Dunne, Sam Voutas, Zhao Yisui
  • Género: Bélico. Drama / Guerra Chino-Japonesa (II). Histórico. Años 30
  • Puntuación: 9 /10

Si hay una tarea pendiente para los historiadores es que no solemos investigar más allá de nuestro propio entorno. Con esto no quiero decir que nos dediquemos a estudiar solamente la Historia de nuestros países, pero cuando hablamos de cualquier época de la historia a la que catalogamos de “Universal” nos centramos en Europa, el entorno cercano al continente y a América del Norte. Pero nos olvidamos de Asia y África. Y eso es una cuenta pendiente que tenemos que subsanar.

Ciudad de Vida y Muerte, nos lleva a 1937, en el estallido de la Segunda Guerra Chino-Japonesa. En el transcurso del conflicto, el Ejército Japonés acaba de capturar la capital de la República China, que por entonces era Nankín. Una vez tomada la ciudad tuvo lugar el suceso conocido como “la  masacre de Nankín”, un periodo de varias semanas donde se aniquiló masivamente a un gran número de prisioneros de guerra chinos y civiles, la mayoría de estudiosos coinciden en que la cifra está en torno a 300.000 personas; además de cometer cientos de atrocidades sobre la población de Nankin (mayoritariamente mujeres y niños)

La película cuenta la historia de varios personajes, reales y ficticios, como un soldado chino, un profesor de escuela, un soldado japonés, un misionero extranjero y John Rabe un hombre de negocios nazi que acabó finalmente salvando la vida de miles de civiles chinos lo que le hizo merecedor de ser conocido como el “Schindler de China”. Estos personajes irán desarrollando sus diferentes tramas para acabar colisionando en cierto momento, creando un torrente de sensaciones difícilmente explicables.

La película nos llega en blanco y negro por “Respeto a las victimas”, según palabras del propio Lu Chuan. Donde se desarrollan todas las tropelías posibles, en una ciudad ocupada por un ejército invasor. Muchas voces, hablan de un posible fin propagandístico de China contra el eterno enemigo que es Japón; no me parece el caso. Porque un país que decide expandir sus dominios por medio de las armas, está sometiendo al agredido a una guerra y eso no lo podemos negar.

Así que en este caso, Japón es el infractor y por tanto el culpable de lo que se narra en esta película. Esto no quiere decir que los Japoneses son muy malos y los Chinos muy buenos y sufridores. Eso seria simplificar hasta el extremo la historia y todos sabemos que los sucesos son más complejos de lo que parece a simple vista. El suceso que conocemos como “la  masacre de Nankín”, donde las violaciones, torturas, abusos y asesinatos a sangre fría están a la orden del día;  fue un hecho atroz y condenable; una mancha en la historia de la humanidad, pero por desgracia fue una mancha entre otras muchas; lo que no la hace menos grave o importante, por tanto era necesario contarla y si es a través de un medio universal como el cine, me parece acertado.

A lo largo de la cinta encontramos una atmosfera opresiva, en ningún momento estamos tranquilos viendo como se desarrollan los acontecimientos, porque estos aparecen de manera abrupta e inesperada. Desde las iniciales escenas del más puro cine bélico a un desarrollo del día a día de la ciudad ocupada.

La película ha tenido el mismo número de críticas buenas como malas. Es cierto que es de agradecer el enorme esfuerzo que hace Lu Chuan, por hacer una película en la que se intenta mostrar los dos bandos del conflicto y más, en un país tan represivo como China con la cultura. Y es que mostrar al “antiguo enemigo” como un ser humano, capaz de sentir y ser magnánimo, no es algo que las autoridades chinas viesen con buenos ojos. A pesar de su éxito, no pudo evitar las controversias tras su estreno en su país de origen. En particular, se criticó bastante el retrato del soldado japonés Kadokawa como personaje simpático, lo que llevó a algunas personas a amenazar de muerte en internet al director y a su familia.

No hay un actor malo, no hay una mala interpretación; todos son personajes creíbles y muy bien trabajados. Un trabajo absolutamente impecable en lo que a la interpretación se refiere.

El título no puede estar mejor elegido, porque en una síntesis perfecta de lo que quiere expresar la película. En ella vemos mucha violencia y mucha muerte pero también vemos como valores como el amor, la solidaridad y el sacrificio configuran el incesante espíritu de la vida que se resiste por desaparecer. Y es que ante la inevitabilidad de la muerte sólo podemos elegir como enfrentarnos a ella. Yo soy partidario de aquello que le dice Máximo a Cómodo, usando las palabras de Marco Aurelio, en Gladiator: “La muerte nos sonríe a todos, devolvámosle la sonrisa.”

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