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Título: Skyfall

Director: Sam Mendes

Guión: Neal Purvis, Robert Wade y John Logan.

Reparto: Daniel Craig, Judi Dench, Javier Bardem, Ralph Fiennes, Naomi Harris, Bérénice Marlohe y Albert Finney.

Música: Thomas Newman

País: UK, EEUU

Duración: 150 minutos

Género: Acción

Aviso, incluyo destripe. No leer si no habéis visto la película. 

Bienvenidos nuevamente al apasionante mundo de las películas Frankenstein. Hoy nos detendremos en la dramática historia del agente secreto 007 en su película Skyfall.

Sam Mendes ha conseguido darle un nuevo toque dramático a la saga del agente secreto. El problema es que lo dramático es la propia película en sí, no lo que le sucede a Bond, James Bond.

Parece que la saga tiene problemas a la hora de fichar directores y que estos logren, en primer lugar, hacer la película algo suyo. En segundo lugar, aceptar cualquier cosa escrita por unos guionistas y hacer una película sobre ello. Si además de eso, tenemos en cuenta el tiempo que han tenido para hacer la película por los problemas financieros que venía sufriendo la Metro Goldwyn Mayer, más razón para volver dando un paso al frente y hacer algo que te haga aplaudir con las orejas.

Destripemos la película:

En Skyfall no pasa eso. Es una película sobre la nada, donde la nada lleva a la nada y donde todo termina en nada. Y es que de poco me importa que le peguen un tiro a James Bond si eso te va a llevar a media hora donde vemos al agente débil, borracho y asqueado de la vida. Y eso es algo que se van a quedar ahí, sin que eso tenga incidencia alguna en el desarrollo posterior. Si además de eso, no lo sabes contar de forma que te importe, pues apaga y vámonos. Pero como esa, miles. Tenemos subtramas como el robo de la lista NOC. Cada semana cinco agentes de la OTAN (WTF?) serán asesinados gracias a esa lista, a esos datos que deben recuperar y no recuperan durante el primer tercio de la cinta. ¿Dónde nos lleva eso? A la nada. ¿Hay urgencia? ¿Se ve necesidad de recuperar el disco duro? ¿Volvemos a saber algo de la amenaza? ¿Sabéis la respuesta? No.

Con todo, y con las pifias el MI6 se ve en una situación comprometida, y el Gobierno, que quiere meter las narices en el servicio secreto británico quiere jubilar a nuestra querida M. ¿Toda esa trama, subida parcialmente sobre los lomos de la misión de James Bond de limpiar las pifias nos lleva a algún sitio? Pues no. Y si M va a una comisión para responder ante el pueblo de la Gran Bretaña por las acciones de la agencia que dirige, lo lógico es darle tensión, dinamismo… Pero no, tenemos a Fatima Bañez diciendo que M es una fascistas y que no pueden ir por el mundo pegando tiros. M la devuelve un rollete sobre la de malos que hay en el mundo y la lee una poesía que nada tiene que ver. ¿Nos lleva todo eso a algún sitio? Pues… no.

El progreso dramático de la cinta esta compuesto por una serie de arcos argumentales sueltos que no conducen a nada y tienen una débil interconexión entre sí. No me sirve para nada ver a Bond con barba de cinco días emborrachándose y apostando a que se bebe el whisky con un escorpión en la mano. En media hora eso no me va a valer para nada, es tiempo tirado. No necesito a Bond en busca de la lista NOC porque eso no me va a valer para nada, solo que como misión secundaria a partir de esta conozca al malo. Pero para eso nos perdemos media hora en un casino para nada, solo para que conozca a cierta persona con acento de algún sitio extranjero (es lo que tiene el doblaje), y dure esa media hora, hasta que llega al cuarto nivel de sueño y conoce al malo.

¿Y qué es el malo en esta película? Otra nada. Es un pavo al que creo que le gustaría disfrazarse de pava, que quiere vengarse de M, pues antes era Agente y ella lo abandonó cuando lo torturaban. Tiene un complejo, y cree que M es como su madre. Y claro, pues es un pavo que está muy loco, o eso parece a veces, pero tampoco es que nos parezca un tío amenazante o que vaya a ser un pedazo de cabronazo que le corte las pelotas a Bond. No. Solamente está muy loco y le gusta llamar la atención. Es lo que le pasa, tiene déficit de atención. Pero no ves ahí un tío que parezca una amenaza, un Joker como querían compararlo, un agente del caos. Nada, sencillamente es un triste que se tiñe el pelo para gustar más en los bares de ambiente y está obsesionado con una débil viejecita.

Y entonces nos vamos al interminable último acto, cuando Bond se lleva a M de la sala del juicio hacía su guarida secreta. Conocemos mejor así el pasado de James Bond que no nos vale para nada, ya que queda perfectamente contextualizado el personaje con la magistral escena de Vesper Vs Bond en Casino Royale. ¿Para qué quiero que Bond vaya a su casa y se encuentre con Alfred y juntos se las tengan que idear para salvar al malo? ¿Tienes una Batcueva y dejas el poco llamativo Aston Martín plateado de los sesenta ahí, enfrente de la casa para que se vea donde estas? En fin, que M y James Bond se van de viaje, para “protegerla”. Pero no la esconde, se monta ahí con Alfred una casa trampa y a M la pone como mujer de último recurso para que la peguen un tiro. El malo llega en helicóptero en plan Apocalypse Now, corren un poco contra la casa, todo se destruye y se van a una iglesia dando un paseo por el campo todos.

En un lago helado de una Escocia verde nuestro alegre Agente Secreto va dando saltitos por la noche… El malo va de paseo y le ve.

– ¿Hombre Bond? ¿Qué haces por aquí?
– Nada, pasaba por aquí.
– Pues nada, estoy viendo como pegas tiros al hielo para escapar y como caes al agua con uno de mis hombres y yo sigo con el paseo.

Y se va a la Iglesia donde está M “protegida”. Y la va a matar, queriendo suicidarse, porque sí. Y llega Bond detrás sin principios de hipotermia y le lanza un cuchillo y muere. Y M muere y acaba todo.

En fin ¿para qué ha valido todo lo anterior? ¿Qué progreso dramático tiene la película? ¿Qué da el malo para que digan que es un gran villano? ¿Qué narices es esto?

Pues la verdad, no lo se. Aparte del festival de oportunidades perdidas de aprovechar ciertas tramas para crear una historia para crear tensión, para que todo tenga una estructura y unos motivos, aquí todo es un mar desperdigado donde no hay coherencia interna. Son retazos desparramados, la historia no tiene un motor, un leit motive. Es como si hubiese unas bujias y a cien kilómetros estuvieran los cilindros. No hay nada.

No se porque Sam Mendes firma esto. ¿Intenta dar profundidad al personaje? Pues lo ha dejado, además de más plano que nunca, sin nada de carga emocional. ¿Quería analizar el mito? Pués no mira con microscopio quien es el agente 007, le da una patada y lo deja gimiendo en una cuneta. Y no hablemos ya de ciertos aspectos que recuerdan a alguna conocida franquicia de videojuegos junto a esa unión entre Bourne, Bruce Wayne y Harry Potter que no va a ningún lado, como esta crítica. Así que para terminar, no entiendo porque la gente por ahí la alaba. ¿Qué gusta? ¿Qué tiene? ¿Qué le ha aportado Sam Mendes a la saga? Y pienso que el mundo hoy en día es la nada, como esta película.

Título: Margin Call
Director: J.C. Chandor
Guión: J.C. Chandor
Reparto: Kevin Spacey, Zachary Quinto, Simon Baker, Demi Moore, Jeremy Irons, Paul Bettany, Stanley Tucci, Penn Bagdley
Duración: 110 minutos
Género: Drama
Año: 2011
Nacionalidad: EEUU

Cuando algo golpea al sistema a nivel global, rápido se pone en movimiento la industria de Hollywood para explicarte que ha pasado… ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha sido esta crisis? ¿Por qué si quiebra un banco de inversión yo que soy camionero me quedo sin trabajo? ¿Por qué nos recortan?

Ya se han hecho varias películas y documentales que explican la crisis. HBO hizo Too Big to fall, que se centraba en los esfuerzos de gente como Poulson o Berneke por controlar los bancos en aquel negro octubre del año 2008. A mí modo de ver era un poco blanda en su progresión dramática, aunque principalmente el problema puede ser que estemos condicionados por una serie de prejuicios a la hora de dar perspectiva a estos personajes. Indemnizaciones, jubilaciones que se llevaron cuantiosas antes de irse al sector público donde manejaban y no ponían barreras a aquello que nos hizo vulnerables. Y es muchos hemos visto ese documental que ganó el Oscar titulado Inside Job, donde precisamente aprendimos a no guardar simpatías hacia los antes citados o el temible Alan Greenspan, mientras a otros acaudalados millonarios como Buffet había que quererlos.

En fin, ya teniendo ese fondo estudiado, sabiendo odiar como se debe a Poulson, Greenspan o Berneke, podemos ver este nuevo ejemplo biográfico de la crisis, Margin Call.

Margin Call nos sitúa en una de esas oficinas de un banco de inversión donde se fabricaban y colocaban en el mercado esos productos derivados que tan buenos réditos dieron. Un sitio de yuppies que pueden ser ingenieros, arquitectos, físicos… cualquier persona que sepa hacer cuentas puede valer para trabajar de broker y pasarte las noches en cualquier local de alterne neoyorkino preguntándote como puedes ser tan mierda y ganar tanto dinero por algo que ni tu mismo comprendes. Pero mientras hay jovenzuelos que tal y como entran se van de la empresa en fulminantes cambios de plantilla, también quedan veteranos que saben que no siempre deben fiarse de que las cosas van bien e irán mejor, sino que el Mercado es un enorme tiburón que cuando menos te lo esperas te devora. Y los que lo saben ver en algunos casos también son despedidos, en este caso mientras trabaja en algo que no le cuadra, los resultados que lleva obteniendo unos días la empresa.

Y ahí es donde empezamos, el día del fin del mundo para estos yuppies. Cuando el mundo se tambalea y hay que hacer lo posible para que los de arriba sobrevivan saliendo lo más indemnes posibles, mientras los de abajo luchan para que ese daño sea el menor posible para los de arriba. Hay moral en algunos casos, hay miedos, pero claro, también necesitan el dinero. Y el dinero lo queramos o no es ese hijo de puta que mueve el mundo. ¿El amor? Cuando no hay dinero que lo corrompa.

Es una película que cabalga entre el drama y las intrigas palaciegas de un modo teatral, en pocos espacios, basándose en el diálogo, los silencios y la observación como armas, aparte de un buen plantel de actores deseando merendarse entre sí. Y se agradece, tiene un tono frío, neutro que parece observar pero no termina de juzgar lo que pasa. Sí, está el jefazo sin escrúpulos, están los que tienen escrúpulos, están los niños que no saben lo que hacen y los niños que si saben lo que hacen. Los que lloran y los que no lloran, los que piensan en los efectos de sus acciones y quienes no lo piensan. Sí, se dejó que oficinas como estas en momentos como este tuviesen casi el mismo poder que el bunker de la Casa Blanca en DEFCON 1, y que cuatro capullos decidieran echar abajo la economía global, pero leñe siempre nos hemos recuperado, aunque sea a base de Guerras que en definitiva mueven mucho dinero, hasta si no hay.

Título: Total Recall

Director: Paul Verhoeven

Guión: Ronald Shusett, Dan O’Bannón, Gary Goldman, Jon Povill

Reparto: Arnold Schwarzenegger, Sharon Stone, Michael Ironside, Rachel Ticotin

Música: Jerry Goldsmith

Duración: 110 minutos

Año: 1990

Nacionalidad: EEUU

Género: Ciencia Ficción

Hubo un tiempo en el que no importaba que la sangre salpicara desde la pantalla. La película ganaba si no estaba recomendada para menores de dieciocho años, y ahí estábamos, con ocho o nueve años viendo al tío Schwarzenegger reventando cráneos, rompiendo cuellos y acribillando cuellos. Pero sólo los de los malos. Una de las compañías que se permitía esos lujos era la mítica Carolco. Terminator 2 era una superproducción y tenía esa durezaa que le eran propias y que tanto nos gustaron a nosotros como tiernos infantes. Ahora, sin embargo, Hollywood suele ser más hipócrita… Tienes a un tipo cuyas armas son unas garras de adamantio y los malos no sangran, no sale esa sangre por impulsos fruto de alguna arteria reventada… Nada.

En fin, uno de esos grandes especialistas en cine visceral (entiéndase en todos los sentidos) es Paul Verhoeven. Tras su paso por Hollywood ahora parece que no ha tenido más remedio que volver a la Holanda que lo vió nacer, pero hubo un tiempo en el que este señor era amo y señor de la Ciencia Ficción y de la sangre a borbotones. Un artesano que hacía su trabajo como director de forma irreprochable. Era tan bueno, que cuando rodaba acción ¡entendías lo que pasaba! Se veía quien pegaba un tiro, a quien, como se lo daba y como caía el malo muerto. Sí, ahora con tantos tiempos de bala, realentizaciones y aceleraciones, movimientos chulos de cámara y demás nadie sabe que pasa en una escena de acción. Pero Verhoeven en eso era un crack, un tipo que sabía lo que rodaba y lo hacía de una forma muy concreta y como nadie.

Es una pena que Hollywood haya cambiado tanto y ya no quepa un hombre de su talento ahí. Se dijo que iba a hacer una segunda parte de El Secreto de Thomas Crown, un proyecto que le iba como anillo al dedo. La primera parte era de otro cineasta de perfil similar, rodaba acción y no le importaba la sangre. Era John McTiernan, y también Hollywood lo ha olvidado, pero en este caso perseguido también por la justicia.

Una de las películas más interesantes que dirigió en su etapa americana fue Total Recall, conocida aquí en España como Desafio Total. Un obrero paleto que busca perseguir su sueño americano. Todo el mundo tiene derecho a una casita bonita e irse de viaje a las Cataratas del Niágara. Aquí este frustrado obrero, operario de martillo hidráulico como no podía ser de otra manera, busca en la idea de Marte su propia huida al vacío que presuponemos que es su vida… Debe ser frustrante levantarse junto a Sharon Stone todos los días.

En fin, que nuestro amigo quiere irse de viaje a Marte, pero… a su mujer no le parece bien por lo que ve una salida en insentarse un recuerdo de Marte, un recuerdo que el puede comprar y elegir como será entre varias opciones, como la de ser agente secreto. Entonces todo el mundo le empieza a perseguir, y Schwarzenegger comienza a hacer lo que mejor sabe hacer, hablar sin dicción alguna con un fuerte acento austriaco y poner caras raras, romper cuellos y pegar tiros. En defintiiva, todo lo que esperamos de él, que nos divierta.

Pero Total Recall no es una película estúpida, aunque esté repleta de momentos de diversión, de frases lapidaria, de sangre que salpica, de tías con tres tetas. Hay más… Me gusta esa forma en la que Verhoeven te presenta los espacios como si fueran un protagonista más, vemos a Douglas irse al trabajo desde una estación que hay en el Edificio donde vive, ves como son los escenarios, los espacios… porque después allí tendremos una larga persecución. Su casa, las galerías de Marte… con cualquier excusa Verhoeven te lleva por esos espacios para que el espectador los conozca, vea el mundo que propone y el lugar por el que el héroe tendrá que desenvolverse. Crea cierta confusión para llevarnos también a una cierta ensoñación, no sabemos si para el protagonista es real o no, pero no nos importa, estamos en Marte aunque no lo estemos, un sito donde tenemos una especie de Bush que habla de matar terroristas y sacar minerales. Tenemos a los rebeldes, que quieren más aire (dinero, trabajo, etc) e Independencia de la colonia marciana (libertad).

Viendo esta película, veo plagios por doquier en el cine posterior. Amenabar se la vió varias veces antes de perfilar soluciones en su Abre los ojos, por poner un ejemplo. Es también una de las cintas que terminaban con una época donde todos los efectos especiales eran especialmente artesanales. Pronto llegarían Terminator 2 o Parque Jurásico para abrir una nueva brecha. Aquí por ello se agradece el interesante uso que se hace de las maquetas y de la fotografía. El efectivo trabajo de arte, de maquetas y de maquillaje. Todo ello sin recurrir a Jar Jar Binks.

Este verano, alguien ha tenido la caradura de plantear un remake de una película que no es excesivamente vieja… Cualquier remake carece de sentido, pero sabiendo que el que estará detrás es el infame señor Wiseman y escribe Kurt Wimmer es para echarse a temblar. ¿No pueden dejar los clásicos tranquilos? La película está muy bien como está, y además es una muestra de buen cine, artesano, que no necesita de efectos especiales en el movimiento de la cámara para disimular la incapacidad del director, que no necesita planos secuencias artificiales molones para contar una historia y narrar una pelea, una escena de acción… no… es de los 90, es violenta y se siente orgullosa de serlo.

Título: Eva

Director: Kike Maillo

Guión: Sergi Belbel, Cristina Clemente, Martí Roca, Aintza Serra

Reparto: Daniel Brühl, Claudia Vega, Marta Etura, Alberto Amman, Lluis Homar

Música: Evgeny Galperine, Sacha Galperine

País: España

Año: 2011

Duración: 94 minutos

Género: Ciencia Ficción

 

Se dice que en España es difícil hacer cine de género. Somos también conscientes de las limitaciones y la cuesta arriba cada vez más impracticable que supone el cine patrio, tanto que con la desaparición de las ayudas, creo que poco podremos hacer, ya que producimos un cine que es difícil de rentabilizar en el propio mercado. No vemos cine español, salvo contadas excepciones.

Puede ser por ello, que en muchos casos no se arriesgue. Han habido tortazos sonados, y lo más seguro es hacer una comedia con actores de carpeta de colegiala. Pero a decir verdad, hasta eso es un género, y si nos vamos al cine español de los últimos años siempre se han ido estrenando algunas cosillas arriesgadas bastante interesantes de género policiaco, terror, thriller, intriga, o ciencia ficción. Osea, eso de que el cine español es un cine de Guerra Civil o social, y por lo tanto, poco atrayente para el gran público, la mayoría de las veces no es algo que se cumpla. Es un prejuicio. El cine español tiene sus cosas interesantes, y sí, nos encanta el americano, pero de vez en cuando no está de más ver lo que se hace por aquí (con ciertos límites, obviamente).

Y aquí tenemos el caso de Eva, cinta grabada en español y catalán que nos cuenta un pequeño drama de ciencia ficción sobre una sociedad donde los robots existen y colaboran en ayudar y hacer felices a las personas. Todavía no se han levantado contra toda la humanidad para protegernos de nuestra propia locura, más bien es un lugar idílico donde los robots prestan servicios al hombre. Y nuestros personajes son genios en diseñar robots. Un antiguo ciudadano de la ciudad que vuelve después de diez años al sitio donde se dejó varios asuntos pendientes. Su carrera, su familia, su chica… Y la chica, que dejó el diseño por ser profesora mientras es madre de una niña junto al hermano de su antiguo chico… Y no, no es solo una telenovela…

Es por ello que como en este caso, algunas películas son muy agradecidas, la escasez de presupuesto con respecto al cine de fuera, hace que las soluciones sean más imaginativas sin desmerecer con otra propuesta hecha con cinco veces más presupuesto. Claro, que también es una película donde la ciencia ficción forma parte de un contexto, una tenue ambiéntación retrofuturista que da forma a este bonito cuento junto a un lugar mágico, repleto de nieve y que al mismo tiempo parece cálido.

Como película, es deudora de otras de temática similar como Inteligencia Artificial. Se echa en falta un guión algo más elaborado que no te haga ver desde el principio por donde pueden ir los tiros de lo que pasará. Estando atento es fácil temerse la historia.

Los actores por lo general están bien. La niña, Claudia Vega, es fantástica, delante de la cámara está mucho más suelta que los mayores. El alemán Daniel Brühl, también se le ve cómodo buscando cada vez más espacio en nuestro cine. Alberto Amman sigue tan soso como siempre, y de vez en cuando se le va su deje argentino… Marta Etura también está sosita, pero no lo hace mal. Lluis Homar está un poquito cargante como robot mayordomo.

Pero pese a todas las dudas que puede plantear la película, es una interesante muestra de cine de género hecho aquí con bastante encanto. Se ha merecido más de lo que finalmente ha recibido, cuando fue estrenada el mismo fin de semana que Tintín… Como para llenar las salas…

Título: The Avengers
Director: Joss Whedon
Guión: Joss Whedon
Reparto: Robert Downey Jr, Chris Evans, Mark Ruffalo, Chris Emsworth, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Tom Hiddleston, Samuel L. Jackson, Clark Gregg, Gwyneth Paltrow, Stellan Skarsgård
Música: Alan Silvestri
Año: 2012
Duración: 140 minutos
País: EEUU
Género: Superhéroes
Distribución: Buenavista

No vamos a exigir un cine de arte y ensayo, en realidad hay tiempo para todo y no siempre a uno le apetece comer jamón ibérico, sino que las hamburguesas de vez en cuando son apetitosas.

Esto en definitiva es empezar la temporada de verano en cine. Grandes estrenos de multimillonarios presupuestos, ligeros y en ocasiones entretenidos. Claro que hay hamburguesas de distintas calidades. Está la calidad premium, la aceptable o la carne de rata, y de esta última estrenan demasiadas.

En fin, que uno de los primeros grandes estrenos de esta temporada (antes ha habido otros que según las referencias son terribles), ha sido Los Vengadores. Tantas y tantas horas de nuestra vida tiradas en precuelas de presentación de los personajes (muchas horrorosas), para que ahora tengamos a todos juntos en la película de verdad. Y lo cierto, es que el experimento no sale mal parado.

¿Qué buscamos en definitiva aquí? ¿Acción, explosiones, espectáculo, chistes malos, historia con la que no te pierdas? Joss Whedon no lo ofrece, todo bien mezcladito para que cada superhéroe, cada actor, cada ego tenga su momento de gloria en la película, dando espacio a todos y cada unos de los miembros de este reparto de campanillas. Solo nos quedará elegir cual es nuestro héroe favorito, pero la tónica de las anteriores películas de Marvel, se mantiene. ¿Nos gusta a Robert Downey Jr. haciendo de sí mismo? Pues le seguimos teniendo aquí. ¿Queremos a un tipo valeroso, con una moral incorruptible? Ahí está el Capitán América.

Claro, que entiendo que aquel que vaya a ver de primeras a este grupito salga de la sala sin haberse enterado de este sincristo, ya que es recomendable haber visto algunas películas anteriores que seguramente te quitarían las ganas de ver esta, y hablo de Thor o Iron Man 2 sobretodo. En cierto modo hay que haber visto las anteriores películas, o en su defecto ser un asiduo lector de estos comics. No es que uno se pierda la historia, pero siempre viene saber de donde viene ese malo tan amanerado, esos superhéroes del que se dice un pasado, otras historias acerca del McGuffin de la cinta…

Después tenemos trastos virtualmente inútiles que quedan muy bien, como un portaaviones que vuela (fantástico), pequeñas historias conjuntas de diferencias y unión entre los distintos egos que pueblan la película, traición, familia… Es curioso, es un pastiche de muchas cosas que casan más o menos bien dentro del guión de Whedon, al que le entiendo la dificultad para poder dar cabida a todos estos héroes sin que ninguno quede desinflado, ya que si repartimos el talento siempre hay varios que en estas lides quedan como inútiles, lejos de lo que ya mostraron en las películas – precuela que les dedicaron.

Curiosa e inteligentemente, Whedon ha optado también por hacer una versión reducida de la personalidad de cada uno de los héroes y contrastarlas entre sí. No presentan demasiadas aristas, son ellos mismos de la forma más pura y de esa pureza nacen las diferencias. No lo complica, para nada, es que además refuerza los pilares de la película.

Otra cosa que tenemos que agradecer a Whedon es el que si bien se le ve disfrutando de su trabajo y mimando la película dentro de su capacidad, es consciente del juguete que tiene en sus manos. Son héroes, en cierto modo horteras, ridículos, excesivos, parodias de las propios alientos y temores de la sociedad. Sabe que el malo malvadísimo no da para mucho. Que es un personaje ridículo, un niñato despechado que da risa como amenaza… Por todo esto, se agradece que la película sea muchas veces consciente de si misma y se tome a guasa.

Igualmente, estamos ante una cinta muy consciente de su procedencia. Es de las películas que más cerca he visto formalmente del mundo del comic. Por guión, el tipo de bromas que aquí están muy bien introducidas como algunas de las escenas más espectaculares.

Por último podemos hablar del gran reparto, que obviamente  no está lo bien tejido que merecería. Robert Downey tiene carisma para comerse con patatas en cada escena al Capitán América y sobretodo a Thor que aquí junto con los demás queda como un aburrido superhéroe sin carisma alguno. Ruffalo está bien con su Hulk, aunque el enorme hombre verde cabreado, tenga preparado a Joss Whedon una enorme bolsa de basura con mucho dinero para que se se come a su alterego, Johansson mejora con respecto a la horrible Iron Man 2…

Por todo esto, este saber hacer dentro de un género más que explotado, espero que la Marvel le haga la segunda parte. Porque así sí, no estamos viendo El Padrino, pero queremos divertirnos y hacerlo sin sentirnos insultados. Son casi dos horas y media que se pasan rápido y bien, tiene sus excesos, sus flipadillas que van muy bien con el tono Pulp de la película. En definitiva, que así me pueden tener todos los veranos en el cine. De otras formas, dificilmente.

La película da lo que promete, es entretenida, vibrante, y además no abre úlceras, lo que es de agradecer tal y como se hacen ahora muchas películas destinadas al gran público. Tiene sus chistes malos, es simpática, tiene sus escenas de acción, no aburre, no te insulta y el dinero invertido luce bien en pantalla grande.

 Título: Titanic

Director: James Cameron

Guión: James Cameron

Reparto: Kate Winslet, Leonardo DiCaprio, Billy Zane, Kathy Bathes, Frances Fisher, Gloria Stuart, Bill Paxton, Bernard Hill, Suzy Amis

Fotografía: Russell Carpenter

Música: James Horner

Efectos Especiales: Digital Domain

Duración: 190 minutos

País: EEUU

Año: 1997 y 2012

Distribución: Hispano Foxfilm

Puede que en la situación que todos nos encontramos ahora, resulte insultante o inmoral que un estudio se gaste más de doscientos millones de dólares para hacer una película. Es mucho dinero, dinero que se disparaba con el perfeccionismo de Cameron para rodar una película tal y como el quería. En el año 96 había miedo, Fox le había dado prácticamente un cheque en blanco al señor Cameron con el que no sabían si recuperarían la enorme inversión. Enormes maquetas, estudios, efectos especiales, decoración, vestuario… Todo dedicado a contar la historia del trágico desenlace del famoso trasatlántico. Para compartir gastos, la Fox acudió a Paramount… Era una apuesta muy grande, un tanto insegura, pero ahí estaba Cameron para dar al público lo que quiere ver. Y lo hizo, la película que más había recaudado hasta ese momento, alcanzó el recor de Oscars de Ben Hur. Un éxito, un fenómeno. James Cameron era el Rey del Mundo

Y es cierto, Titanic está hecha para agradar a una gran parte del público. Un cuento de hadas contado a través de la famosa tragedia del Titanic. Gustaba a las chicas, los chicos se sentían atraidos por los efectos especiales y la épica de la cinta. Amor, angustia, terror, acción… Varios géneros se mezclan con una receta precisa para una larga película que sin embargo no aburre.

James Cameron sabe mostrar el dinero que se ha invertido, desarrolla para cada película los equipos y los efectos especiales necesarios para que todo se muestre de la mejor forma posible en pantalla. Los efectos especiales están destinados a contextualizar una historia, la historia no es la que se plega a ellos. Y sí son caros, todo es caro, tardar más de la cuenta en rodar una película es caro… Pero Cameron tenía una idea en mente, y aunque fuera un rodaje difícil, quería que la película saliese tal y como él la había concebido.

Y claro, hacer realidad la imaginación y la forma de entender el cine de James Cameron es un negocio caro. Que la mayoría de las veces ha salido bien, pero es caro. Enormes decorados, maquetas, mecanismos, enormes avances en efectos digitales… Coordinar todo eso para sacar una toma que le guste al director es un trabajo enorme, una pesadilla y así fue el rodaje…

Pero claro, como he dicho tiene todos los elementos para encandilar al público. Dos enamorados, destrucciones, un malo muy malo con su ayudante, injusticia, moralina, cierta ingenuidad… Tenemos hasta un caballero “cenicienta” que lo tiene difícil para liberar a la princesa del castillo en el que la ha encerrado la reina malvada.

En Titanic todo es enorme. Una producción absolutamente demencial, que por otra parte no concibo de otra forma. Rodaron antes de hacer el guión en las localizaciones reales del barco. Submarinos a cuatro mil metros de profundidad con cámaras panavisión preparadas para soportar la enorme presión. Una réplica casi completa del barco en un enorme tanque con sus mecanismos preparados para levantar la estructura. Unos enormes decorados que intentan ser la réplica de los espacios del Titanic en sus mejores tiempos y que llenan de agua. Rodaje en Nueva York, Baja California y Halifax, tres horas y cuarto de película, canción cantanda por Celine Dion, efectos especiales novedosos por parte de Digital Domain, creada por James Cameron para estos menesteres (junto con Weta probablemente la mejor empresa para estas cuestiones).  En definitiva, a James Cameron no le va mucho el cine de arte y ensayo. Lo suyo es tener doscientos cincuenta millones con los que llevar a cabo su concepción de una película tal y como quiere hacer, revolucionando todo lo que se ha hecho hasta entonces. Y sin embargo, tiene cierto corte clásico de agradecer, de esas grandes producciones de antaño con medios que parecían ilimitados que suponían el gran cine clásico de los años cincuenta y sesenta.

Al final, pues no deja de recurrir a grandes tópicos de la cultura universal para contar la historia en el contexto del accidente del trasatlántico. Romeo y Julieta luchando por su amor contra malos excesivos, en un contexto clasista. Ese clasismo anglosajón que hacía que en los albores del Siglo XX una persona igual que tú fuese considerado más o menos persona según su nivel de ingresos, esa sociedad clasista donde la normalidad era lo ilógico, lo de vivir de acuerdo a unas reglas que ya estaban pasadas de moda, con trajes y vestidos ridículos, con amaneramientos hipócritas, racismo interclasista… Claro, esto lo miramos en su momento desde un momento muy cercano al Siglo XXI, lo miramos ahora con cien años más de progreso y retroceso social. En algunos puntos reducidos, sigue pasando, a otra escala, pero de igual manera. Pero eran las convenciones sociales, aquí probablemente muy exageradas por Cameron para construir su cuento.

Poco sentido tiene en ocasiones hablar de interpretaciones en estas cintas. Kate Winslet estuvo nominada. Desde luego es la que mejor lo hace. DiCaprio tendría que proguesar desde imagen en carpetas colegiales para pasar a ser un actor respetado como lo está hoy en día. Billy Zane está muy limitado en su papel de lobo feroz, probablemente el papel más desafortunado del filme por su exceso como malvado de la función.

Titanic, pese a lo que supuso un enorme éxito para la industria, cines llenos durate semanas para seguir la historia de Jack y Rose, ha recibido también una corriente negativa, de gente que se iba desmarcando de considerar esta cinta válida. Probablemente porque le gustaba a mucha gente, de todas las edades y toda condición. No vamos a quitar a la película el valor de haber sido capaz de conjugar la comercialidad con cierto cuidado cinematográfico. Probablemente su número de Oscars responden más al éxito de la cinta y reconocer un laborioso trabajo que a lo que realmente mereciera. Pero tampoco podemos medir la calidad de la película por números de Oscars. Eso no significa nada a nivel cinematográfico más allá que la mera curiosidad. Tampoco vamos a negar su calidad en varios apartados técnicos, es una película prodigiosa en ese aspecto. Decorados, vestuarios, diseño de producción, etc, etc, etc. Pero después hay que saber escribir, montar todos esos elementos y construir algo válido. Y ahí voy que el número de Oscars no significa que esta sea la mejor película de la historia junto con Ben Hur y El Retorno del Rey, simplemente es una película que se deja ver muy bien, admirable en apartados técnicos y que ha sabido dirigirse al público con historias de fácil digestión. Se lleva de calle a gran parte del público.

Y ese probablemente es el valor de esta cinta. Tendrá más o menos momentos discutibles, pero al menos es una muestra muy digna de superproducción donde los enormes gastos técnicos está destinados a contarnos una historia y no al revés, donde todo está realizado para dotar a la cinta de un contexto y una ambientación que te haga disfrutar de la misma.

Nos ha llegado ahora en 3D. Soy incapaz de valorar esta tecnología o de lo que aporta o deja de aportar. Sencillamente porque no distinguí nada, solo todo un poco más borroso y oscuro. A veces se notaba algo más de profundidad, pero vamos, nada que destaque para que no sea preferible una buena proyección Digital 2D. Probablemente mi proyección fue bastante mala, probablemente, pero vamos, si me tienen que justificar con esto pagar algunos euros de más, no está justificado, sino timado. Y eso que James Cameron era el que sabía pasar una película 2D al 3D, pero no vi la película de forma diferente para justificar una opción sobre la otra. Prefiero ganar en nitidez, resolución que en este nuevo cine cada vez más fallido.

Título: Das Boot (Montaje del director).

Director: Wolfgang Petersen

Reparto: Jürgen Prochnow, Herbert Grönemeyer, Klaus Wennemann, Hubertus Bengsch, Erwin Ledder

Guión: Wolfgang Petersen

Música: Klaus Doldinger

País: República Federal Alemana

Año: 1981

Duración: 210 minutos

Género: Bélico

Es difícil de entender. Hace años hizo una película más que interesante y ahí le tenemos posteriormente, con “hitos artísticos” de la talla de Air Force One o Troya (para algunos). Parece que en Hollywood la gente se contamina, aunque si sabemos que este hombre dirigió también La Historia Interminable, esta teoría se nos cae… Porque no es mala, es peor.

Y sin embargo, Wolfgang Petersen se embarcó en 1981 en un submarino, tratándonos de mostrar a esos jóvenes reclutados por el ejército Nazi para enfrentarse en unas batallas que no comprenden. Si acaso saben, que Churchill está gordo, es borracho, discapacitado y se come los puros, porque eso es lo que dice la propaganda… Pero en el fondo son jóvenes, les gusta lo que a todos los chavales a su edad menos a mí, salir, ligar, emborracharse… Y de la noche a la mañana, sin saber donde se meten, se encuentran metidos en una lata de sardinas demasiado estrecha como para vivir en ella durante un tiempo sin que te estalle la cabeza. Pero ahí están, les han enseñado a amar al Fuhrer y a luchar por Alemania, y en ese submarino van a tratar de controlar el Atlántico y hundir varios convoys ingleses…

¿Saben a donde van? ¿Saben lo que hacen? ¿Saben lo que supone poner su vida en peligro abandonándose en medio del mar frente a unos ingleses que te están dando por doquier? No. Pero Petersen sabe reflejar esa soledad, de estar con sesenta tíos solos en un cacho de metal, rezando para que la próxima carga no te alcance de lleno y destroce lo que evita que revientes por la presión. Estás vendido, los destructores ingleses son rápidos, imponentes y eficaces… Solo puedes rezar, y esperar a que lleven quince minutos sin bombardearte y atreverte a otear el horizonte a ver si al menos te puedes cepillar a unos cuantos ingleses sin que te vea el destructor.

Por eso, el capitán, un viejo lobo de mar que se las sabe todas, sabe lo traicionero que es el mar y lo injusto de que varios niños sean tu tripulación para matarse con sus equivalentes británicos por gente que no lo merece, sin saber lo que es la vida ni haber tenido tiempo a disfrutar de ella. Una guerra de niños, como el lo define. Veinteañeros dejándose los intestinos en el campo de batalla y amenazados con ser aplastados en el fondo del mar mientras se vuelven locos.

Y el alto mando, que no saben a lo que te has enfrentado, lo que ya has pasado encima te ordena una misión imposible… Atravesar las barreras británicas y adentrarse al Mediterraneo por el Estrecho de Gibraltar.

Es una historia épica de como seguir ganando faroles cuando solo te queda una ficha. Una ficha que eres tú y todo lo que tienes… Nada. Sin apoyo, solo unos jerifaltes arriba que te ordenan joderte y jugarte tu vida y la de tu tripulación… Vidas que en definitiva no les importa a ellos, empeñados en hacer juegos de guerra para ver cual de los privilegiados, que no se tiene que montar a un submarino ni llenarse las rodillas de barro rezando para que no le arranquen los intestinos, consigue ganar y perder al mismo tiempo una guerra.

Porque ordenan sin tener ni idea de lo que pasa, de la insoportable soledad que se vive ahí abajo sin saber si la próxima carga será la que te convierta en pasto de los tiburones, sin saber que estar ahí abajo en un submarino es muy difícil, que no es solo acabar con los ingleses, sino que los ingleses no acaben contigo en la batalla del Atlántico, que son leales, pero la guerra en sí es totalmente injustificable ya que el rastro de sangre hace que nada merezca la pena. Solo piensas en sobrevivir dentro de un artilugio mecánico que también vive, al que de vez en cuando le hay que poner un desfibrilador ya que si él muere, tu mueres. Y eso a los de arriba no les importa, ni lo que ha pasado ni lo que ha dejado de pasar, eres un simple número, un submarino que debes lanzar al ataque, aunque no sepas que esa orden es simplemente un suicidio para sesenta de tus hombres. Y así pasó, que tres cuartas partes de los alemanes encerrados en un submarino terminaron siendo pastos de los peces.

¿Y qué más da? Lo importante son cosas que al final les deja de importar a todos, como el señor bajito con bigote que provoca la guerra con su complejo de inferioridad… La gran Alemania de Hitler importa tres leches cuando ves la foto de la amada que has dejado en el puerto y que es tú unica esperanza, tu pasaporte de futuro, pensar o desear que esté ahí para olvidarte de toda esa pesadilla.

Y eso nos cuenta con su dirección y su guión Wolfgang Petersen, antes de que se le olvidase lo que es hacer una buena película, usando bien la cámara, transmitiendo soledad, desasosiego y locura, externalizando un mensaje. Es radicalmente distinto a montar a Harrison Ford en un avión a pegar tiros en una de las cintas más lamentables que he visto. Aquí, la cosa está cuidada pese a cierta carencia de medios. Da igual, tenemos un reducido escenario y lo aprovechamos como parte del argumento. La atmósfera, eso tan importante que dejaste de lado, señor Petersen. Qué bien cuido usted esta película convirtiéndola en una pequeña aventura épica reducida a un submarino, y como se pierde usted cuando tiene mucho más dinero que gastar.

Esa música, ese aire clásico… Fue capaz de contar una historia y hacerlo bien. Muy bien, de hecho. Tanto que nominaron a su película a varios Oscar aun siendo Alemana. Puso a Nazis como personas, y al mismo tiempo hizo de su cinta una pequeña disculpa y denuncia ante la pesadilla de la guerra. Y francamente bien.

Los actores, para nosotros desconocidos, hicieron un buen trabajo, la recreación muy buena, el saber aprovechar las limitaciones para construir una épica mostrada desde el miedo de apenas saber lo que ocurre ahí fuera… Muchas veces no necesita explosiones, solo sonidos y un plano fijo en el interior del submarino. Crujidos, ruidos del mar, esa soledad y ese miedo.

Wolfgang, fue un placer verle trabajar de joven… Espero que algún día se olvide de lo que fue trabajar en Hollywood haciendo cintas patrióticas y se vuelva al camino del buen cine.

Director: Woody Allen

Guión: Woody Allen

Reparto: Owen Wilson, Rachel McAdams, Marion Cotillard, Michael Sheen, Adrien Brody, Carla Bruni, Kathy Bates.

Género: Comedia

Duración: 100 minutos

Nacionalidad: Hispano-estadounidense

La nueva película de Woody Allen es una comedia ambientada en París con tintes de fábula, casi de cuento que nos traslada por distintas épocas de la capital francesa. Owen Wilson protagoniza la cinta interpretando o imitando al Allen de anteriores trabajos. Sus tics, sus titubeos y su personalidad están presentes en la actuación de Wilson.

 Se trata de una comedia un tanto bizarra, parece encantada de ser ella misma con multitud de referencias culturales y guiños que en pantalla quedan plasmados de una forma bastante irregular y sin que Allen consiga transportarte a un París de los años 20 donde se cruzan personajes y artistas históricos como Picasso, Dalí, Buñuel, Hemmingway o Scott Fitzgerald.

 La historia, tópica dentro del cine de Allen se basa en un guionista de Hollywood enamorado de la ciudad de las luces y en concreto del París de la década de los 20. Está allí de viaje con su novia y su familia política, gente de clase alta aburrida y republicana norteamericana, que contrasta con el carácter jovial, infantil y vitalista del personaje de Wilson. Un día monta en un taxi que es una especie de máquina del tiempo que le lleva a ese París dominado por artistas e intelectuales donde conoce a Hemmingway, Picasso o a Gertrude Stein, la cual le da recomendaciones sobre la novela que Wilson escribe.

La película pretende ser una reflexión sobre si cualquier tiempo pasado fue mejor, sobre el lugar del individuo en el mundo y las relaciones de pareja sin futuro. Pero queda difusa y diluida por una historia en la que se requiere que el espectador empatice con el surrealismo y los guiños que Allen introduce en esta película. Es sutil en cuanto al planteamiento, muy de cuento, muy de fábula sobre la vida, pero el resultado queda bastante lastrado por una visión algo absurda de los personajes que entran y salen en esta historia, que parecen criaturas ajenas y de adorno más que parte de la propia historia. Si el espectador no es capaz de entrar y poner de su parte para la suspensión de credulidad que requiere el filme, ya que Allen no parece hacer mucho por su parte para que esa suspensión de credulidad sea algo sin importancia, la película resulta tópica, azucarada y un tanto aburrida ya que Allen se nos muestra incapaz de hacernos interesante a su alterego en esta cinta. Resulta un personaje un personaje tan cansino como surreal que es difícil que sus peripecias nos sean de interés. No tiene nada que aportar más que ser el contraste entre dos mundos, el del vacío existencial de la clase aristocrática representada por su familia política con el de ensoñación, representado por uno de los intereses amorosos de esta cinta encarnado por una más que correcta Marion Cotillard.

En definitiva, la propuesta de Allen al final se convierte en un ejercicio vacuo de postales turísticas y guiños ridículos sobre un grupo de intelectuales, que más que personas aquí parecen las atracciones de un zoológico situado en las calles y los cafés de París. Claro, que en comparación queda bastante más simpática y agradecida que la tienda de los horrores que supuso su Vicky Cristina Barcelona.

Título: Hannibal

Director: Ridley Scott

Reparto: Anthony Hopkins, Julianne Moore, Giancarlo Gianinni, Gary Oldman, Ray Liotta

Guión: Steven Zaillian y David Mamet

Música: Hans Zimmer y Patrick Cassidy

Montador: Pietro Scalia

País: EEUU

Año: 2001

Duración: 130 minutos

Género: Terror, policiaco

Fue una cinta esperada, y sin embargo fue criticada por los fans de Hannibal el Canibal debido a que al contrario que la primera parte, El Silencio de los Corderos, esta no era un capítulo procedimental de cualquier serie de policias y asesinos. Es cierto, tenía dos personajes muy potentes llamados Hannibal Lecter y Clarice Starling, y sus conversaciones, sus Quid pro quo eran la novedad que se presentaba con respecto a la típica historia de investigación para atrapar a un asesino. Aquí el asesor era otro asesino, un genio loco al que le gustaba comer mollejas de cabrones cuando estaba libre.

En Hannibal no tenemos eso, Hannibal apuesta por el lado gótico y romántico amparada en un escenario como Florencia. La bestia aquí es reescrita para pasar a ser la Bestia de la Bella y la Bestia, el Drácula de Bram Stoker… Un honesto asesino que tiene que ser perseguido por quien mejor lo conoce, una agente del FBI denigrada por ser la única persona recta e incorrompible en sus valores dentro del buró. Este no es un cambio que haya salido de la nada, un capricho de los responsables de la película. No, la película se mantiene bastante fiel al tono y a la historia del libro de Thomas Harris del mismo título y que es la segunda parte de El Silencio de los Corderos, del mismo autor. Y dos guionistas, que se merecen la definición de tales como David Mamet y Steven Zaillian construyen esta revisión del mito de Drácula desde el libro de Thomas Harris.

Y ahí está por lo tanto, nuestro canibal favorito libre. Peligroso, pero libre. Disfrutando de sus conocimientos y aficiones sobre el Renacimiento en Italia, buscandose un puesto como conservador. Y también tenemos a un rico con el dinero necesario para vengarse de él, de ese consejero, doctor que un día le convenció para que se cortara la cara y se la diera a comer a los perros. El único superviviente al psicópata que ese día estaba harto de riñones. Y está Clarice, investigada por ser demasiado impulsiva y convertir sus misiones en catástrofes mal vistas por la prensa que siempre busca a alguien a quien poner cara y personificar en ella toda la hipocresía de los medios y por ende, la sociedad. Y ahí están sus jefes, entre ellos un misógino interpretado por Ray Liotta que está obsesionado con la bella Clarice Starling, y sueña con hacerla guarrerias mientras la golpea con un bate de beisbol. Y el resto de los jefes, preocupados por como quedará todo lo que se hace en el FBI en la prensa… Por último tenemos a un alto cargo policial italiano, deseoso de complacer a su mujer vendiendo su alma por sumas de cinco o seis ceros que le permitan mantener el alto nivel de vida que requieren las contorneadas piernas de su joven y bonita esposa. No tiene ni idea de a quien se enfrenta, pero el satisfacer a una pija es la obligación de todo buen hombre, y si para ello tenemos que dificultar la investigación de la Interpol para llevarnos el gato al agua, se hace. Y el muy imbécil cae en la trampa de creerse inteligente, incluso más que el genio amante de los sesos acompañados de Chianti.

Por lo tanto se nos abre una pequeña cuestión moral, la rectidud y la honestidad frente a la hipocresía y a un sistema de valores corrupto. Hannibal es fiel a sí mismo. Es un genio que no puede evitar su afición a la alta gastronomia con materias primas procedentes normalmente de los cuerpos mutilados de cabrones sin escrúpulos. Tampoco renuncia a valorar a los seres humanos como lo que son, un atajo de psicópatas desaprensivos preparados para venderse a si mismos cuando la ocasión sea propicia. Y por eso no renuncia a querer a Clarice Starling, la que compartió largas charlas con él y la que le demostró que ante todo era una persona integra, limpia de cualquier atisbo de duda por la cual merecería ser devorada sin piedad. Y es que ahí está Starling, una chica dura, hecha a sí misma pero que no deja a un lado su parte sentimental… Le importa lo que hace, y como lo hace, y le gusta lo que hace y hacerlo como la enseñaron a hacerlo. Es una computadora, ve la escena y aplica los procedimientos y eso visto por una cámara de TV no queda del todo apropiado. Y Starling se siente un poco perdida, la institución que ama va contra ella, porque genera envidias, porque es legal y va de frente en un mundo hipócrita y envidioso profundamente politizado. Y su mentor, su figura paterna inevitable decide estar ahí, para vengarse por ella, a su manera.

El libro generó problemas a la hora de producir el film. Jonathan Demme y el guionista de El Silencio de los Corderos rechazaron participar pues creyeron que el libro era demasiado violento. El problema fue cuando Jodie Foster dijo que no repetiría el papel, también ella veía traicionada el personaje que la valió un Oscar y consideraba el libro violento. Pues nada, el productor Dino de Laurentis, que era el que poseía los derechos sobre el personaje (aunque no estuvo implicado en El Silencio de los Corderos) optó por Ridley Scott y Jodie Foster fue sustituida por Julianne Moore, excelente mujer y atractiva mujer que supo hacer suyo al personaje sin que se echara de menos a Jodie Foster (a la que aplico los mismos calificativos). Anthony Hopkins no tuvo problema en recuperar el papel, buen cheque y le gustaba lo bizarro y violento del libro.

Y es cierto que en algunos tramos la película no se podría definir como agradable, pero tiene un tono de romanticismo tras toda esa asquerosa casquería en momentos muy puntuales que la convierten en una cinta muy atractiva. Hubiera preferido una dirección más clásica por parte de Ridley Scott, a veces opta por efectismos a mi juicio innecesarios que apartan a la cinta de ese tono pausado, frío y al mismo tiempo cálido que propone un buen guión.

Por lo demás, soy de los que la consideran mejor película que su antecesora. Me gusta ver a un personaje tan fascinante como Lecter suelto, dando vía libre a su “creatividad” y mirado desde esa perspectiva de bella monstruosidad, de un psicópata ante el que no te queda más remedio que rendirte y dejar que te devore, pues frente a sus extraños y poco convencionales gustos, vemos que frente a esa jauría de impresentables, es un tipo fiel a sí mismo y a unos valores que echas de menos cuando sales a la calle. En su enfermedad es un tipo temible pero noble, loco pero increiblemente astuto y culto, asesino, pero capaz de amar a alguien por sus valores y su nula capacidad de corromperse. Ve a Starling y ve esa pureza que a veces podría hasta echar de menos levemente.

Todo ello rodado en su mayor parte en una atractiva y oscura Florencia, bella ciudad que también puede ser escenario de bellas atrocidades.

Título: Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio

Director: Steven Spielberg

Guión: Steven Moffat, Joe Cornish, Edgar Wright

Reparto: Jamie Bell, Andy Serkis, Daniel Craig, Toby Jones, Simon Pegg, Nick Frost

Animación y FX: WETA

Música: John Williams

Edición: Michael Khan

Fotografía: Janusz Kaminski

Año: 2011

País: EEUU, Nueva Zelanda

Duración: 110 minutos

Género: Aventuras

Acercarse al comic europeo, conlleva sus riesgos. Steven Spielberg llevaba décadas tratando de adaptar Tintín al cine, pero era complicado. En primer lugar, como el explica en los extras, debido a la dificultad de trasladar a Milú como un personaje más sin las dificultades de rodar con animales amaestrados. También por ser fiel a la propia historieta y a su estilo. Por lo tanto, hasta que no vió lo que estaba haciendo Peter Jackson en Nueva Zelanda y los progresos de la tecnología en el campo de la animación, no se decidió. Pero había llegado el momento propicio, podría llevar a Tintín al cine, manteniendo la esencia, el colorido y el estilo del cómic belga. Podía hacer la película mediante las nuevas técnicas de la WETA, con los avances y la tecnología que uso James Cameron para hacer AVATAR, y además podía jugar como director con las posibilidades que la tecnología 3D ofrece para experimentar y si cabe, captar aún más la esencia de lo que tratas adaptar. Y todo ello sin perder la esencia, y es que más que una película de animación, es una película rodada y dirigida para después ser traspasada a las posibilidades de la tecnología animada. Tenemos actores que actúan, gesticulan y hablan, y eso es traspasado a los personajes que interpretan. En definitiva, no es una película de animación al uso, con todo el respeto y el reconocimiento que le debo a lo conseguido por otras compañías que crean sueños de forma distintas, es una fusión del cine de acción real con las últimas técnicas animadas. Y dio la casualidad, que el dueño de todo el entramado neozelandés era un tal Peter Jackson, lector de Tintín desde niño.

Lo malo es que mientras en Europa, Tintín es un personaje patrimonio de la cultura popular, en EEUU, el conocimiento de este comic es bastante limitado. El propio Spielberg no lo conocía hasta 1981, cuando leyendo unas críticas de Raiders of Lost Ark no dejaba de leer la palabra Tintín. Y es que Spielberg sin querer, se acercó bastante con Indiana Jones al personaje de Hergé sin pretenderlo. ¿Por qué no hacer una película?

Años después, y tras largo tiempo de postproducción, nos llegó la película, y la verdad es que la asociación con Peter Jackson en esto del cine de aventuras le ha hecho recuperar parte del esplendor perdido tras su última colaboración con George Lucas. Con Tintín ha vuelto a ser más fiel al cine de aventuras al que dio un icono y una imagen, que con su “amigo” George Lucas, con el que corrompió todo ese buen cine para hacer otra lamentable entrega “Lucas” de Star Wars. Esta vez violando al famoso arqueólogo. Lo mejor era desquitarse, y este personaje que tenía en cartera era el tipo propicio para intentarlo.

Y podemos decir que sí, que Tintín tiene mucho del mejor cine de aventuras de Spielberg sin perder de vista el comic en el que se basa, ni su estilo. El Secreto del Unicornio es un buen homenaje a varios de los comics de Hergé. De hecho no se perdía de vista durante el rodaje los distintos segmentos de las obras que son adaptadas en esta película para ser lo más fieles posibles.

Y sí, es una película. Como todas, está hecha para ganar dinero, reventar las taquillas, llevar a la gente al cine y vender muñecos. Pero también se ve que hay cariño, respeto, cuidado y un intento por experimentar con las posibilidades que ofrece la tecnología y la obra. Que los responsables de esta película se lo han pasado en grande creando, rodando y buscando las fórmulas para llegar de la mejor forma posible a hacer una buena película y una buena adaptación. Y cuando hay corazón detrás de un rodaje se agradece mucho frente a otras formas de entender el cine. No, aquí se cuida y se mima desde su concepción lo que se hace. Y se nota. Se nota que Spielberg se lo ha pasado como un niño con su tableta dirigiendo su primera película animada, que ha querido aprovechar las posibilidades que le ofrecía el proyecto para elevar su creatividad y genio a una nueva dimensión haciendo lo que un rodaje normal no le permitiría. Planos imposibles, transiciones, planos secuencias interminables a toda velocidad y por cualquier recoveco… Y todo ello sin perder su propia impronta. Vemos Tintín y vemos que estamos viendo una película de su director. Su lenguaje, su estilo más característico está ahí, al contrario que en Indiana Jones y Elvis de los monos.

Y si no fuera bastante, podemos hablar aquí de fotografía, de FX y de actuaciones. Sin quemar las retinas, aquí emular una correcta emulación de la iluminación es tan importante como cuando juegas con las lentes para encontrar la imagen y la textura adecuada a lo que quieres fotografiar, rodar. Y ese apartado artístico aquí funciona perfectamente. Como también funcionan los FX, curioso cuando se trata de una película animada, pero siempre es importante que ahora, cuando todo funciona mediante procesos informáticos, las físicas, las imágenes más espectáculares funcionen a la perfección. Y aquí lo tenemos. Y claro, como ya he dicho anteriormente es animada, pero está rodada, dirigida y actuada. Y tenemos de nuevo a Andy Serkis demostrando que su trabajo podría ser perfectamente reconocido como si lo hiciera sin un traje ni unos equipos para la captura de movimiento y gestualización. Lo hizo con Cesar en El Origen del Planeta de los Simios, y lo vueve a hacer aquí con Tintín. También tenemos a otros buenos actores como Toby Jones, o Daniel Craig dando vida al malo de la función. Está la extraña pareja, Simon Pegg y Nick Frost de nuevo tras hacernos reir a carcajadas con su “Zombies Party” (título español) o Hot Fuzz… Y Tintín interpretado por Jamie Bell, que tampoco es que pueda hacer mucho más que lo que hace, ya que el propio Tintín es la blancura y la inocencia personificadas, sin aristas ni pasado oscuro conocido.

El guión corre a cargo de Steven Moffat, conocido por estar detrás de las series actuales de Sherlock Holmes así como Dr. Who en la BBC. Con Moffat está Edgar Wright, director y guionista de Zombies Party o Hot Fuzz, y Joe Cornish. Es un guión muy cuidado que da lugar a una cinta efectiva, entretenida y muy respetuosa con el material que adapta. Es fluido, vivo y consistente, coge muy bien varias partes de distintos comics para construir un todo sin que chirríe. Como podemos comprobar, tanto el reparto como el guión son esencialmente británicos.

Otro que hace bien su trabajo, una vez más… es el maestro John Williams. Desde Tiburón se acabaron los calificativos para este hombre. Aquí vuelve otra vez a su estilo más característicio, mezclando bases de Jazz con la música sinfónica y emulando la música europea de los años 20… En una película hay varios lenguajes artísticicos que conjuntados crean un todo, un aspecto refuerza a otro y así sucesivamente. Y John Williams se hace esencial en las imágenes de Spielberg. Esta legendaria colaboración ha reforzado el impecable trabajo de los dos maestros.

La cinta entretiene, funciona tanto para los adultos como con los a veces horribles chistes físicos para niños. Es excesiva cuando tiene que serlo, homenajeando una vez más al Comic. El espectador obviamente tendrá que retirar en ocasiones su más mínimo resquicio de credulidad, estamos en una película animada, toca dejarse llevar y soñar si la película se presta a ello, y en este caso se presta.

La película ha sido un relativo fracaso en taquilla, no se si llegará a buen puerto la segunda película dirigida en esta ocasión por Peter Jackson, pero Spielberg ha vuelto a hacer una buena película de aventuras, y eso para mí que crecí con Indiana Jones y algunas de sus producciones ochenteras, es algo para agradecer una vez más.