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Unidos-Por-Un-Sueño

Titulo: Unidos por un sueño

Director: Sebastian Grobler

Intérpretes:. Daniel Brühl, Burgart Klaubner, Justus Von Donanyi, Kathrin Von Steinburg, Thoms Thieme

Nacionalidad: Alemania

Año de Producción: 2011

Guión: Sebastian Grobler, Philipp Roth

Duración: 113 minutos.  

Valoración: 8/10

Aunque a día de hoy algo así nos parezca impensanble, o incluso pretencioso, el gran Albert Camus decía hace años “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”

Basada en una historia real, Unidos por un sueño nos muestra como se introdujo el arte del balompié en Alemania. A finales del siglo XIX el profesor Konrad Koch (Daniel Brühl) alemán que ha estudiado en Harvard, es contratado en una escuela alemana para nobles como profesor de inglés, en aras de preparar a los jóvenes estudiantes para salir al amplio mundo que se presenta por la época.

Koch es un renovador, un hombre que trae ideas frescas y novedosas a los caducos alemanes, que aun viven anclados en el pasado. Su temperamento choca tanto con los directivos de la escuela como con los alumnos. Y para llegar a las jóvenes mentes a las que tiene que enseñar encuentra una sola manera: El fútbol.

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Los chicos, entusiasmados, se entregan con auténtico fervor a este nuevo juego. Hasta que les pillan practicando este deporte. Veremos entonces un auténtico enfrentamiento, todas las penurias por las que pasan Koch y los chicos para poder seguir practicando este deporte.

En el fondo, el fútbol es lo menos importantes. Lo grande es lo que nos transmite. Los alemanes, con capacidad para reírse de sí mismos, nos presentan una gran sátira sobre el cambio, la modernidad, la adaptación y la flexibilidad. Sobre como los valores alemanes, que permiten a la nación gobernar desde hace años los destinos del Viejo Continente, a veces juegan en su contra. Y como la innovación no siempre es mala.

El fútbol, por su parte, es minimizado a sus valores primigenios, algo que en estos tiempos es de agradecer. Sin popularidad mediática, sin grandes medios, sin dinero y prácticamente sin material. Solo unos cuantos jugadores, un par de porterías hechas con las primeras ramas lo suficientemente largas que uno se encuentra y las ganas de jugar. Solo el compañerismo, el juego en equipo, la solidaridad, la equidad que permite. Recordamos, en una época en la que lo hemos convertido en un negocio, que no es más que un juego. Y como todos los juegos, es divertido.

También es curioso el papel que representa Inglaterra en este film. Pese a la gran oposición histórica germano – británica, Inglaterra aparece como la gran renovadora, la de mente abierta. Desenfadados, alegres, sencillos. Todo lo opuesto a los alemanes. Precisamente por esa oposición, aparecen más felices. Como he dicho, la capacidad de reírse de si mismos es algo bueno que tienen en el centro de Europa. Pero sin duda, no dejarán pasar la oportunidad de ver esta fábula como una oportunidad para mejorar y para superar sus defectos. Un film muy recomendable.

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  • Título: Acero puro
  • Director: Shawn Levy
  • Intérpretes: Hugh Jackman, Dakota Goyo, Evangeline Lilly, Anthony Mackie, Kevin Durand, James Rebhorn
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2011
  • Género: Ciencia Ficción
  • Duración: 126 min
  • Guión: Leslie Bohem, John Gatins, Dan Gilroy, Jeremy Leven (Cuento: Richard Matheson)
  • Música: Danny Elfman
  • Calificación: 02/10

En el año 2020, el boxeo es cosa de robots. Los combates entre seres humanos han dejado paso a mega-construcciones de metal que luchan hasta la desintegración. En estas circunstancias, antiguas glorias del ring como Charlie Kenton se dedican a enseñar el deporte a estas máquinas, de una manera muy similar a la de un videojuego. Pero mientras, Charlie también se tendrá que ocupar de su hijo Max, que se ha quedado huérfano de madre y que también dejará huérfanos los dedos de la mayoría de los espectadores, que tendrán que comerse las uñas para paliar la crispación que genera su personaje.

En principio, el planteamiento parece aceptable. De hecho, es bastante creíble que en un futuro no muy lejano pueda existir una competición similar a la que nos presenta Acero puro. Además, los efectos especiales que adornan los movimientos de los robots están muy conseguidos (algo lógico, teniendo en cuenta el dinero que hay de por medio). Desgraciadamente, es lo único positivo que acabaremos sacando de esta obra.

Porque, como decíamos, no puede existir una película mínimamente aceptable si uno de los actores protagonistas no hace más que irritar al espectador fotograma tras fotograma. Hablamos de Dakota Goyo, un niño que posiblemente tenga poca culpa de lo que sucede con su personaje en las dos horas de película. Cuando sea más mayor, y vuelva a ver la que fue su primera gran película, quizá se tape la cara con una almohada y reniegue de la interpretación por siempre jamás.

Shawn Levy tiene el dudoso honor de dirigir a uno de los niños más repelentes de la historia del cine. Hay que dejar claro que el pabellón estaba bastante alto, si tenemos en cuenta casos como el de Jurassic Park o el Anakin de La amenaza fantasma. Pero nos tememos que, después de ver Acero puro, el personaje de Goyo ha superado todos los listones en lo que a repulsión se refiere. Desde la primera vez que aparece en pantalla, ya intuimos que algo no va bien. Si nos imagináramos a un niño de 11 años que acaba de perder a su madre, veríamos a un joven hundido, con la cabeza gacha y los ojos rojos del llanto. Pues bien, Goyo es la antítesis de ello: un niño con semblante chulesco y actitud prepotente. Esto, unido a la pinta de pijo y consentido que luce el susodicho, hace despertar un carácter asesino en el espectador tan feroz que ninguno de los poderosos robots de la cinta conseguiría aplacar.

A partir de ahí, ya era difícil arreglar la situación, pero si seguimos viendo la película (cosa difícil, ya que a la media hora dan ganas de perder el tiempo de otra manera), comprobaremos que no hace más que empeorar. La historia se mueve entre tópicos y momentos más que trillados, dando la sensación de que estamos ante un mero copypasteo de otras películas. Todo esto, aderezado con un niño que a cada minuto que pasa resulta más odioso (cuando se pone a bailar ya es algo surrealista), un Hugh Jackman que se ve desbordado ante tanta inutilidad (menos mal que le han pagado bien) y una Evangeline Lilly que está ahí para lucir palmito (desgraciadamente, sólo en un par de escenas).

Por tanto, Acero puro parece una película que sólo se puede recomendar a los tiernos infantes que en su corta vida todavía no han visto mucho cine. Para el resto de mortales, la mejor opción sería hacer una sesión doble: primero Acero puro y, acto seguido, Carrie. Con el paso de los días, posiblemente tengas la sensación de que ambas películas son en realidad la misma y que la mítica niña demoníaca Carrie fulminó con una buena tunda al odioso pijo de Acero puro.

Titulo: Fase 7

Director: Nicolás Goldbart

Intérpretes: Daniel Hendler, Jazmín Stuart, Federico Luppi, Yayo Gurdi, Abian Vainstein, Carlos Bermejo

Nacionalidad: Argentina

Año de Producción: 2011

Guión: Nicolas Goldbart

Música: Guillermo Guareschi

Duración: 95 minutos.    

Valoración: 7/10

Muchos autores clásicos han reflexionado sobre la guerra tal y como la conocemos hasta ahora. A mi me gusta mucho esa frase de Albert Camus que dice “Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mí es la soledad infinita” Podríamos decir que esta película, un fantástico trabajo de Nicolás Goldbart, explora esta sentencia, con una crítica muy velada a todo el mundo moderno.

Para ello, se nos pone en la piel de Coco (Daniel Hendler) y Pipi (Jazmín Stuart) una pareja de despreocupados treintañeros recién mudados a su nueva casa. Un día, al volver de hacer la compra, descubren que se ha detectado una pandemia. La OMS está aplicando cuarentenas para controlar la expansión, con toda la parafernalia (Plástico para proteger los hogares, trajes protectores de cuerpo entero, ya imaginan) y su edificio resulta aislado. Coco y Pipí quedan, pues, hasta nuevo aviso, con lo que tienen atrapados junto a sus vecinos: el misterioso Horacio (Yayo Gurdi) el solitario Zanutto (Federico Luppi) y un par de familias, de las que solo conocemos a los patriarcas (Carlos Bermejo y Abian Vanstein)

A medida que pasa el tiempo, escasean los viveres, aumentan los nervios y comienza a surgir la faceta oscura del hombre por su supervivencia. Alianzas, planes conspiratorios, traiciones y sorpresas están a la orden del día. Cada uno debe proteger el contenido de su despensa y tratar de mantener vivos a los suyos. Coco tendrá que aprender sobre la marcha a tomar responsabilidades, y a saber en quien puede confiar. Los acontecimientos le llevaran a aliarse con el paranoico Horacio, un vecino que esconde muchos ases en la manga. Pero no es el único.

Con todo este cóctel de elementos, Goldbart nos ofrece un film que mezcla la comedia negra con el cine de acción, que contiene una gran cantidad de guiños a películas más clásicas del género como La Comunidad, de Alex de la Iglesia. Su fuerza radica en sus personajes, especialmente en el trío protagonista (Daniel Hendler, Yayo Gurdi y un Federico Luppi en un registro inesperado, mezcla de El Castigador y el cazador Van Pelt, pero realizado de forma sublime) que tiene una química en pantalla que mantendrá al espectador en vilo en todo momento.

Y ahí destaca su otra gran virtud; sin ser una película excesivamente creíble, pues encuentra su ritmo en la exageración y la irracionalidad, mantiene un tono realista y cotidiano que, por decirlo así, es como si el realismo mágico se tomara a coña y se llevase al cine. Resulta altamente entretenido. No en vano ganó el premio al mejor guión en el Festival de Sitges en 2010.

Como contrapunto negativo, podemos hablar especialmente del final, pues en una cinta que tiene la reinvención como virtud, finaliza con la solución más fácil, más esperada y que ya hemos visto tantas veces que nos parece tan parte de la película como los títulos de crédito. Sin embargo, esos últimos cinco minutos, aunque la empañan un poco, no llegan a desmerecer los 90 restantes de un largometraje diferente, bien realizado y con voz propia.

El comienzo de la mejor escena del film

  • Título: Intocable
  • Director: Olivier Nakache, Eric Toledano
  • Intérpretes: François Cluzet, Omar Sy, Anne Le Ny, Audrey Fleurot, Clotilde Mollet
  • País: Francia
  • Año: 2011
  • Género: Comedia
  • Duración: 109 min
  • Guión: Olivier Nakache, Eric Toledano
  • Música: Ludovico Einaudi
  • Calificación: 7,5/10

Es un hecho que la comedia francesa siempre ha tenido buenos resultados tanto a nivel de público como de crítica. Desde la profunda Amelie hasta la absurda pero graciosa La cena de los idiotas, y sin despreciar a The Artist, el éxito de 2011, el país galo ha sabido colocar muchas de sus producciones entre las más conocidas del séptimo arte, sin renunciar a un toque de humor muy personal que en su momento dio lugar a la denominación “comedia a la francesa”.

Así, Intocable surge dispuesta a continuar esta línea de éxitos. A través de la azarosa contratación del inmigrante Driss por parte del aristócrata tetrapléjico Phillipe, podemos ver una historia de amistad perfectamente hilvanada, donde lo políticamente correcto deja paso a la comicidad, a lo espontáneo, al verdadero sentimiento excluido del tópico barato. Es lo que dos directores semidesconocidos han conseguido a partir de una historia real sin que parezca haberse perdido un ápice de veracidad, logrando un relato divertido a la vez que pedagógico, que nos demuestra que la amistad puede llegar a romper las más duras barreras raciales, clasistas y políticas cuando realmente las dos personas lo pretenden.

La pareja protagonista es, indiscutiblemente, quien lleva los galones de la película. No en vano, y sin pretender pecar de videntes, puede llegar a convertirse en una de las míticas de la historia del cine. Y es que Cluzet borda a la perfección su papel, haciéndonos creer que realmente es discapacitado. Mantiene una simbiosis casi perfecta con Omar Sy, por cuyos chistes transcurre la mayor dosis de humor de la cinta, al mismo tiempo que nutre de emotividad a la relación cuando muestra su difícil pasado y presente. Ambos están escoltados de manera excelsa por un grupo de secundarios que, si bien algunos les podrían acusar de poco glamourosos, desempeñan su labor a la perfección, sin empañar en absoluto el desarrollo de la obra.

Así, Intocable no solamente merece el brutal éxito de taquilla obtenido (ya es la película de habla no inglesa más taquillera de la historia), sino que desde estos momentos ya parece influir al otro lado del charco: los hermanos Weinstein (que ya financiaron The Artist) están preparando un remake de esta película. No es un secreto que Intocable tiene un humor demasiado poco francés, por lo que en esta ocasión la tarea de hacer una versión por y para los norteamericanos no parece muy complicada. Pero ya veremos…

 

PD: esta crítica fue seleccionada como una de las 26 mejores del XV Concurso Crítico de Cine celebrado por la Guía del Ocio, de entre las miles que se presentaron.

  • Título: Moneyball
  • Director: Bennett Miller
  • Intérpretes: Brad Pitt, Jonah Hill, Phillip Seymour Hoffman, Robin Wright Penn, Chris Pratt, Kathryn Morris
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2011
  • Género: Drama / Deporte
  • Duración: 133 min
  • Guión: Aaron Sorkin, Steven Zaillian (Libro: Michael Lewis)
  • Música: Mychael Danna
  • Calificación: 8/10

Cuando a los españoles nos hablan de béisbol, solemos pensar en un deporte aburrido cuyo único objetivo parece ser lo lejos que se golpee a la pelota con un bate. Asistimos perplejos a cómo en las obras cinematográficas estadounidenses se glorifica el béisbol, pregonando su aprendizaje desde edades muy tempranas, prometiendo el cielo a los niños si algún día consiguen triunfar. Las gradas están llenas de gente con los colores de su equipo, mientras cantan y casi se atragantan comiendo frutos secos. Y, sin embargo, a nosotros nos sigue aburriendo.

Pues bien, es muy probable que la medicina necesaria para curar este desapego respecto del béisbol se llame Moneyball. Porque la obra de Bennett Miller narra una historia de amor por este deporte, de superación personal, de fracaso y de éxito, de sonrisas y lágrimas, de cómo algo aparentemente tan mundano puede llegar a marcar nuestra vida para siempre. Es la historia de Billy Beane, un ex jugador que como manager general de los Oakland Athletics da una vuelta de tuerca a la lógica, supliendo las bajas de sus tres mejores jugadores con fichajes que destilan poca calidad. Sin embargo, tras esta aparentemente disparatada estrategia se esconde un verdadero cálculo matemático, llevado a cabo por el economista Peter Brand. Es el método ‘Moneyball’, que emplea métodos estadísticos para analizar a los jugadores, dejando de lado cualquier otra cuestión.

Aunque el montaje de la película parece no haberse realizado de forma uniforme (apenas nos narran el pasado como jugador de Beane), cualquier problema en la narración queda solventado por el magnífico guión de Sorkin y Zillian. Estos dos genios nos brindan un trabajo que logra ascender la cuota de calidad de la película a una mayor de la que realmente aparenta tener. Todo tiene sentido en Moneyball, apenas se utilizan los típicos momentos de relleno que abunda en cualquier otro blockbuster dedicado al deporte. Aquí no sucede eso, estamos hablando de una obra totalmente seria que penetra en el cerebro y en el corazón del espectador a partes iguales, sin hacer necesario que éste crea en los milagros, sino simplemente en la perseverancia humana, en hacer lo que de verdad queremos hacer, por mucho dolor que ello conlleve.

Para redondear una buena cinta, hay que decir que la actuación de Brad Pitt es más que aceptable, personificando a un auténtico amante del deporte, aunque por momentos se pase de histriónico en su interpretación. Quien quizá decepcione un poco sea PSH; bien es cierto que su papel es muy secundario (no en vano, lo son todos salvo el de Pitt y Hill), pero parece que el personaje que le hemos visto interpretar en otras cintas choca un poco con el de este entrenador falto de carisma que no cree en la victoria.

Por tanto, nadie se debe quedar sin ver Moneyball por la única razón de que le aburra o no entienda el béisbol. La película es tan sólida y se encuentra tan pulida que un mínimo de interés por lo que aquí se pueda contar basta y sobra para entender el contenido fundamental de la obra. Es posible que estemos ante una de las mejores películas sobre deporte que se hayan hecho jamás. Sin embargo, hay que tener en cuenta una última cosa: quizá los guionistas nos hayan vuelto a engañar, y como ya ocurría en La red social, el béisbol puede ser aquí, como Facebook en aquella, un mero motivo que sirve para contar algo mucho más profundo.

  • Título: Un dios salvaje
  • Director: Roman Polanski
  • Intérpretes: Christoph Waltz, Kate Winslet, Jodie Foster, John C. Reilly
  • País: Francia
  • Año: 2011
  • Género: Comedia negra
  • Duración: 79 min
  • Guión: Roman Polanski, Yasmina Reza (Obra original: Yasmina Reza)
  • Música: Alexandre Desplat
  • Calificación: 8/10

Un niño golpea salvajemente en el rostro a un compañero, causándole la rotura de varios dientes. Los padres y madres de ambos se reúnen para tratar la situación y llegar a un acuerdo para que sus hijos hagan las paces. Todo parece discurrir de una manera adecuada y elegante, pero pronto comienzan a surgir las diferencias…

Así es Un dios salvaje, la última obra de Roman Polanski. El argumento puede sonar a algo demasiado básico, pero lo cierto es que todo está desarrollado bajo la magistral mano de un director que ha conseguido armar una representación brutal de lo que es realmente el ser humano. El diálogo es aquí la pieza fundamental de la obra, y por ese motivo Polanski se rodea de cuatro magos de la interpretación. Entre ellos sobresale Christoph Waltz, que aporta una dosis de humor ácido vital para la película, aunque hay que reconocer que posee el mejor papel de todos. Lo contrario parece ocurrirle a Jodie Foster, al principio correcta, pero cuyo papel la va desbordando poco a poco hasta tal punto de cuajar una actuación ligeramente histriónica. Kate Winslet tampoco deslumbra como en otras películas, pero cumple sobradamente con su tarea. John C. Reilly está realmente extraordinario, desmarcándose de la etiqueta de actor secundario que por siempre se le ha atribuido.

Los cuatro actores realmente parecen sacados de la vida cotidiana, pero poco a poco iremos descubriendo que bajo esa aparente careta de cortesía van evolucionando hasta resultar peores que sus propios hijos. La película se va desarrollando sin artificios, algo que tiene mucho mérito teniendo en cuenta que toda la acción se desarrolla en una misma habitación. El metraje, aunque aparentemente pueda parecer corto, es el ideal para la obra, ya que ésta cesa justo cuando podría haber empezado a aburrir.

Hay quien verá en Un dios salvaje un mero intento de acercarse a otras obras como 12 hombres sin piedad o, más profundamente, El ángel exterminador. Sin embargo, Polanski ha logrado construir un producto con vida propia, que no necesita de excusas para mantener durante más de una hora a cuatro personas hablando en una misma habitación. En ningún momento tenemos un momento de respiro, siempre hay algo interesante que ver o que escuchar en pantalla.

Lamentablemente, Polanski se ha visto forzado a rodar Un dios salvaje en Francia, a pesar de estar ambientada en Nueva York. Los problemas legales no cesan para un director cuya película se va a ver privada de premios y reconocimientos que sin duda merecería en caso de no existir esta traba que lleva arrastrando toda su carrera. Pero si dejamos de un lado su vida personal, lo cierto es que Polanski ha conseguido elaborar una de las mejores películas de 2011, algo difícil teniendo en cuenta que siempre es complicado llevar una obra de teatro a la gran pantalla. Pero él, junto a sus cuatro colosos de la interpretación, lo ha conseguido.

  • Título: Drive
  • Director: Nicolas Winding Refn
  • Intérpretes: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan Cranston, Albert Brooks, Ron Perlman, Oscar Isaac
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2011
  • Género: Drama / Thriller / Cine negro
  • Duración: 110 min
  • Guión: Hossein Amini (Novela: James Sallis)
  • Música: Cliff Martínez
  • Calificación: 8,5/10

Si uno se fija en el cartel de Drive, normalmente pensará que está ante una nueva película donde una serie de personajes con gafas de sol y ropas horteras se montan en automóviles tuneados para echar carreras ilegales. No en vano, la productora ha recibido alguna que otra denuncia en Estados Unidos por supuesta publicidad engañosa, ya que según los demandantes pretendía dar la imagen de que Drive es un producto similar a pseudo-películas como las de la saga A todo gas.

Afortunadamente, no hay nada más lejos de la realidad. Drive narra la historia de un joven conductor (del que no se nos ofrece su nombre en toda la obra, por lo que le denominaremos Conductor) dedicado oficialmente a reparar coches en el taller de Shannon y a participar esporádicamente como doble en diversas películas. Sin embargo, más allá de estos trabajos, Conductor también participa en robos y atracos, donde desempeña el papel que mejor sabe hacer: conducir a toda pastilla para poner a los delincuentes fuera del radar de la policía. Un día, Conductor conoce a Irene, una joven madre cuyo marido tardará pocos días en salir de prisión. Con él vendrán numerosos problemas que cambiarán por completo la vida del protagonista.

Lo poco novedoso de su argumento seguramente eche para atrás a más de un espectador, pero lo cierto es que la trama de Drive va madurando hasta alcanzar un tinte muy distinto al que dejaban entrever sus primeros minutos. Además, toda la película está rodeada de un tufillo retro que seguramente encandilará a aquellos enamorados de las películas ochenteras. Es realmente apreciable como un director casi desconocido como Winding Refn ha dotado a su obra de alma propia, haciendo que pese a las numerosas influencias que la película recibe, Drive sea casi única en su especie.

Bajo un reparto con nombres apenas conocidos para la mayoría del público, se esconde un relato humano que pocas películas de estos últimos años han conseguido alcanzar. Gosling y Mulligan están más que correctos en sus papeles, pero el plantel de secundarios roza por momentos la perfección. No en vano, Albert Brooks tiene muchas papeletas para conseguir el Globo de Oro e incluso el Oscar en su categoría.

Así pues, es de obligada tarea para todo cinéfilo que se precie como tal el visionar esta sorpresa del año que se nos acaba de terminar. Y podemos adelantar que no será la única vez que la vea, porque Drive posee todos los ingredientes para convertirse en una de esas películas que lleva por etiqueta el vocablo “de culto”, otorgándola un sello de calidad incuestionable y mandándola a formar parte de la historia del séptimo arte.