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  • Título: Esto es la guerra
  • Director: McG
  • Intérpretes: Reese Witherspoon, Chris Pine, Tom Hardy, Til Schweiger, Chelsea Handler, Angela Bassett
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2012
  • Género: Comedia romántica
  • Duración: 98 min
  • Guión: Tim Dowling, Burr Steers, Marcus Gautesen
  • Música: Christophe Beck
  • Calificación: 1,5/10

Durante los últimos años, la industria de Hollywood se ha especializado en producir un tipo muy concreto de comedias románticas: aquellas que, independientemente de las características de sus personajes, vuelcan todas sus aspiraciones cinematográficas en un compendio de tópicos. Esto es la guerra no es más que el enésimo subproducto que trata de vendernos una idea mil y una veces explotada en el cine norteamericano.

La premisa del filme que dirige McG (director de Terminator Salvation) es que nos atraiga el triángulo amoroso que forman una mujer de mediana edad, que ha atravesado por varios fracasos amorosos, y dos aparentes “tipos duros” que trabajan en una agencia de investigación secreta. Desde luego, el planteamiento inicial ya peca de una falta de credibilidad considerable, pero la puesta en práctica es desastrosa.

Para empezar, durante la hora y media que dura la película se entremezclan la comedia romántica y un bochornoso intento de thriller, orquestado cuando ambos agentes persiguen a un delincuente internacional. Resulta lamentable ver a dos buenos actores como Reese Witherspoon y Tom Hardy mezclados en este engendro que avanza irremediablemente por un camino que ya nos conocemos de sobra. Es casi un delito de propiedad intelectual atribuir este guión a alguien, puesto que éste se nutre de toda la historia reciente del lado más malo de Hollywood, sin que exista un mínimo resquicio de originalidad. No faltan a la cita la amiga lujuriosa, los serviciales compañeros de trabajo (lamentable que destinen recursos públicos para fines privados con la que está cayendo) o los presuntos “malos” que más bien parecen payasos de circo sobreactuados. Aun con todas estas lacras, podría haber salido algo mínimamente potable de no existir ciertas situaciones que se asemejan a las que podemos encontrar en cualquier telefilme de Antena 3 los sábados por la tarde, donde la vergüenza ajena y los inverosímiles giros de guión alcanzan su cota más alta.

Olvidada toda posibilidad de encontrar algo aceptable en el lado artístico de la película, es necesario plantearse una reflexión sobre su vocación comercial. ¿Hay gente que sigue pagando por ver cosas como ésta? Desde luego, no cabe en este caso la justificación de “yo voy al cine para entretenerme” porque, ¿qué entretenimiento puede haber en ver otra vez lo mismo de siempre, sin ningún rastro de química entre los actores, sin posibilidad de esbozar siquiera una sonrisa a pesar de que estamos ante una supuesta comedia, y todo ello de la forma más mascadita posible? Una cosa son las películas comerciales y otra cosa son las tomaduras de pelo. Adivinen a cuál de éstas categorías pertenece Esto es la guerra.

PD: Una pregunta más… ¿Era necesario contratar a tres guionistas para esto?

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Titulo: Días de Vinilo

Director: Gabriel Nesci

Intérpretes:. Gastón Pauls, Fernán Mirás, Rafael Spregelburd, Ignacio Toselli, Emilía Attías, Inés Efrón, Akemi Nakamura, Carolina Peleritti, Leonardo Sbaraglia

Nacionalidad: Argentina

Año de Producción: 2012

Guión: Gabriel Nesci

Duración: 120 minutos.  

Valoración: 8/10

Decía el pianista Franz Listz que “La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor, sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso” Una frase que cala muy hondo en el director Gabriel Nesci, que nos presenta en su primer largometraje una historia que habla de música, de amor, de amistad, de belleza y de vida.

Parece algo casi imposible, lograr que en una comedia romántica que sigue todos los parámetros del género, haya espacio para la reflexión, la ironía e incluso la filosofía. Pero así es.

La premisa de la que se parte es muy simple: Cuatro amigos (Damián, Facundo, Luciano y Marcelo) son amigos desde niños, y tienen una curiosa visión del amor relacionada con un suceso de su infancia, donde en “su esquina” asisten a un desengaño amoroso que acaba con una lluvia de vinilos cayendo sobre los muchachos, debido a ese fenómeno de intentar librarse del pasado tirando los objetos de la pareja por la ventana, que desde ese día estarán marcados por esos dos conceptos: las relaciones tienden a fracaso y la música es un regalo del cielo.

De este modo, y tras un sucinto repaso por sus infancias, vemos donde ha llegado cada uno veinte años después: La historia de los treintañeros que pasan despreocupadamente por la vida, sin lograr sentar cabeza, anclados, tal vez, por su miedo en el pasado cómodo en vez del futuro oscuro e inseguro.

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Se nos ofrecen cuatro historias separadas: El miedo de Facundo al compromiso, la autocompasión utópica de Luciano, la desfasada inmadurez de Marcelo y la incapacidad de superar una ruptura de Damián. Todos son creativos, todos son artísticos en cierto modo, y todas sus historias se unen por ese elemento aglutinador que es la música. De hecho, el film hace un repaso magistral por todos los grupos y artistas musicales míticos de la segunda mitad del siglo XX. Las canciones de nuestra vida. Las melodías que nos han marcado.

¿Les suena, verdad? Habremos visto cintas semejantes en multitud de ocasiones. Pero es que desde aquí, Nesci teje su magia y nos ofrece una película diferente ¿Cómo lo hace? Aun sigo pensando en ello. Acaso sea porque, en lugar de buscar la carcajada fácil, el gag simplista, la sonrisa manida, la película comienza por reírse de sí misma. Se ríe de toda la absurda pretenciosidad del mundo cultural. Nadie se libra de su sátira: Músicos, artistas, escritores, medios, críticos… nadie se libra de su férrea sátira. ¿Para qué – parece decirnos – nos andamos con tanto artificio? En la música como en la vida, y sobre todo en el amor, a veces el no complicar las cosas es el mejor modo de obtener un buen resultado.

Mención especial en esta sátira merece el cameo de Leonardo Sbaraglia, que aparece interpretándose a sí mismo, como la personificación de todo lo absurdo del mundo cultural: Caprichoso, pretencioso, autocomplaciente. Su aparición en la película sirve para demostrar justo lo contrario de lo que se manifiesta en la obra: no es necesario un gran actor, un gran nombre, para hacer una buena creación.

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Al final, como es obvio, todo se solucionará para bien. Tendremos nuestros momentos de risa, y de amor, y de felicidad, y de soluciones. Es una película y todo debe acabar bien. El final, que ya conocemos, entra dentro de las cauces habituales. Pero ¿Cómo podría ser de otra forma? Al final, como dijo Schopenhauer, “En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro, y el mundo no es sino música hecha realidad”

  • Título: Midnight in Paris
  • Director: Woody Allen
  • Intérpretes: Owen Wilson, Rachel McAdams, Marion Cotillard, Corey Stoll, Kurt Fuller, Mimi Kennedy
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2011
  • Género: Comedia romántica / Fantástico
  • Duración: 96 min
  • Guión: Woody Allen
  • Música: Varios
  • Calificación: 8/10

 

La filmografía de Woody Allen arroja un dato curioso. Aquellas películas estrenadas en años impares suelen estar muy bien consideradas (véase Annie Hall, Manhattan o Match Point, entre otras), mientras que las pertenecientes a años pares son reconocidas como flojas o simplemente aceptables (Conocerás al hombre de tus sueños o la infame Vicky Cristina Barcelona son ejemplos recientes de ello). Midnight in Paris pertenece al primer grupo, no solo por la evidencia de estrenarse en año impar, sino porque Allen ha logrado construir una joya, una de esas obras que marcarán la carrera del director cuando dentro de unos años recordemos sus grandes momentos como cineasta. Porque Midnight in Paris no es de esas películas donde hay que buscar la grandeza. No, Allen te la sirve en bandeja.

Así, Midnight in Paris describe la llegada a la capital francesa del escritor Gil Bender, acompañado de su prometida Inez y de los padres de ésta. La primera noche que pasa en París, Gil se emborracha; ese día, al tocar las doce de la noche, Gil descubrirá que ha regresado a una época pasada, los felices años veinte. A partir de ese momento un mundo fantástico le abrirá las puertas, permitiéndole no solo conocer a viejas glorias del arte y la cultura occidental, sino también a comprender mejor su propia vida.

Al contemplar a Owen Wilson en la pantalla, no pocos espectadores verán una clara similitud entre él y el Woody Allen de sus comienzos. Ese tartamudeo, ese carácter neurótico, esa persistente búsqueda del sentido de su vida recuerdan muchísimo a las actuaciones del neoyorquino. Es más, a pesar de las evidentes limitaciones de Wilson, se puede decir que cuaja una actuación más que buena, haciendo creíble su papel e invitándonos a reflexionar sobre si hacemos lo que de verdad queremos hacer. Sin embargo, no es Wilson el único que reluce, ya que el plantel de secundarios es digno de alabar. La hermosa Cotillard vuelve a sacarnos los colores con un nuevo recital, confirmándose como uno de los principales activos en lo que a actrices femeninas se refiere. Rachel McAdams también está muy bien, pero después de verla desempeñar un rol afable en El diario de Noa o Sherlock Holmes, choca bastante adaptarse a su duro carácter en esta película.

Pero serán otros los que otorguen a Midnight in Paris del clásico toque humorístico que tiñe toda obra de Woody Allen. Sin intención de destripar absolutamente nada de los carismáticos personajes que aparecen, hay que decir que Corey Stoll y Adrien Brody sacan más de una carcajada con unas notables interpretaciones de dos de las más reconocidas figuras artísticas del pasado siglo. Asimismo, logran aumentar el prestigio ya de por sí grande de la ciudad de París. Da que pensar que la película de referencia de Allen sobre Francia sea esta maravilla, y que en cambio la última que realizó sobre España tuviese tan escaso alma.

Quizás se hace un poco larga en su media hora final (a pesar de su reducido metraje), pero este pequeño bajón queda compensado con un final casi perfecto, a la altura del resto de la obra. Sí, Midnight in Paris cumple sobradamente con lo que se propone y supone una película ideal para todo el que quiera sumergirse en una espiral de ensoñación cinematográfica en la que pocos pueden igualar a Woody Allen.