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Titulo: Días de Vinilo

Director: Gabriel Nesci

Intérpretes:. Gastón Pauls, Fernán Mirás, Rafael Spregelburd, Ignacio Toselli, Emilía Attías, Inés Efrón, Akemi Nakamura, Carolina Peleritti, Leonardo Sbaraglia

Nacionalidad: Argentina

Año de Producción: 2012

Guión: Gabriel Nesci

Duración: 120 minutos.  

Valoración: 8/10

Decía el pianista Franz Listz que “La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor, sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso” Una frase que cala muy hondo en el director Gabriel Nesci, que nos presenta en su primer largometraje una historia que habla de música, de amor, de amistad, de belleza y de vida.

Parece algo casi imposible, lograr que en una comedia romántica que sigue todos los parámetros del género, haya espacio para la reflexión, la ironía e incluso la filosofía. Pero así es.

La premisa de la que se parte es muy simple: Cuatro amigos (Damián, Facundo, Luciano y Marcelo) son amigos desde niños, y tienen una curiosa visión del amor relacionada con un suceso de su infancia, donde en “su esquina” asisten a un desengaño amoroso que acaba con una lluvia de vinilos cayendo sobre los muchachos, debido a ese fenómeno de intentar librarse del pasado tirando los objetos de la pareja por la ventana, que desde ese día estarán marcados por esos dos conceptos: las relaciones tienden a fracaso y la música es un regalo del cielo.

De este modo, y tras un sucinto repaso por sus infancias, vemos donde ha llegado cada uno veinte años después: La historia de los treintañeros que pasan despreocupadamente por la vida, sin lograr sentar cabeza, anclados, tal vez, por su miedo en el pasado cómodo en vez del futuro oscuro e inseguro.

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Se nos ofrecen cuatro historias separadas: El miedo de Facundo al compromiso, la autocompasión utópica de Luciano, la desfasada inmadurez de Marcelo y la incapacidad de superar una ruptura de Damián. Todos son creativos, todos son artísticos en cierto modo, y todas sus historias se unen por ese elemento aglutinador que es la música. De hecho, el film hace un repaso magistral por todos los grupos y artistas musicales míticos de la segunda mitad del siglo XX. Las canciones de nuestra vida. Las melodías que nos han marcado.

¿Les suena, verdad? Habremos visto cintas semejantes en multitud de ocasiones. Pero es que desde aquí, Nesci teje su magia y nos ofrece una película diferente ¿Cómo lo hace? Aun sigo pensando en ello. Acaso sea porque, en lugar de buscar la carcajada fácil, el gag simplista, la sonrisa manida, la película comienza por reírse de sí misma. Se ríe de toda la absurda pretenciosidad del mundo cultural. Nadie se libra de su sátira: Músicos, artistas, escritores, medios, críticos… nadie se libra de su férrea sátira. ¿Para qué – parece decirnos – nos andamos con tanto artificio? En la música como en la vida, y sobre todo en el amor, a veces el no complicar las cosas es el mejor modo de obtener un buen resultado.

Mención especial en esta sátira merece el cameo de Leonardo Sbaraglia, que aparece interpretándose a sí mismo, como la personificación de todo lo absurdo del mundo cultural: Caprichoso, pretencioso, autocomplaciente. Su aparición en la película sirve para demostrar justo lo contrario de lo que se manifiesta en la obra: no es necesario un gran actor, un gran nombre, para hacer una buena creación.

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Al final, como es obvio, todo se solucionará para bien. Tendremos nuestros momentos de risa, y de amor, y de felicidad, y de soluciones. Es una película y todo debe acabar bien. El final, que ya conocemos, entra dentro de las cauces habituales. Pero ¿Cómo podría ser de otra forma? Al final, como dijo Schopenhauer, “En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro, y el mundo no es sino música hecha realidad”

Joseph L. Mankiewicz en 1972 hizo una película de dos horas cuarenta minutos de duración con uno de los mayores duelos actorales que se han visto. Basada en una obra de teatro del guionista, Anthony Shaffer, los talentos Laurence Olivier y Michael Caine comparten plano haciendo de lo que en principio es un juego, algo macabro.

Pueden pensar que puede ser parecida a The Game, de David Fincher, pero aquí con menos elementos y con una mayor sencillez se llega más lejos y lo que a partir de la primera media hora puede ser un duelo de probar hasta donde llega el otro, los dos últimos cuartos son simplemente una locura donde siempre se va a más sin que los personajes sepan realmente las consecuencias de lo que van haciendo. Si, hay muchas de esta clase de películas de juegos macabros. He oido hablar de Cube o Saw, pero este es un duelo entre caballeros ingleses. No es lo mismo. Tenemos esa elegancia, esa forma de decir las cosas con segundas intenciones, esa cortesía y elegancia y pocos elementos donde desarrollar la acción.

Todo ocurre en una mansión, donde inteligentemente están colocados todos los elementos para hacer del juego un duelo de inteligencia y de engaño. Empieza muy tranquilita, con un humor inglés que en ocasiones roza lo absurdo… Pero eso no sirve más que para irte colocando para lo que estar por venir.

Y es que la película va sobre un noble inglés, escritor de novelas detectivescas donde se rie de la policía y con una casa donde el es el amo y señor. La tiene llena de un microcosmos de juguete que son su mundo. Eso nos habla claramente sobre su personalidad. El hombre no esta falto de ego. Un día invita a un peluquero, que se beneficia a su mujer y que es un elegante joven interpretado por Michael Caine. Ahí es donde poco a poco se va abriendo la película, la intención del egolatra para dejar claro que sus posesiones son tuyas y la del otro, que dentro del mismo juego empieza a clamar por una bonita venganza de ingenio.

Sin duda alguna por el duelo actoral que se mantiene y la elegancia de Mankiewicz detrás de la cámara con la inteligente puesta en escena para hacer que la acción se centre en los dos personajes, hace que estemos probablemente ante una de las mejores películas de la Historia del cine.

Es puro teatro, como lo son otras grandes películas como Reservoir Dogs de la que ya os hablé, pero aquí el duelo de ingenio y la contención en cuanto a la puesta en escena hacen que lo que al principio pueda parecer una película menor poco a poco vaya despegando hasta erigirse en su genio y su soberbia puesta en escena.

Es curioso como conocí esta película, que al igual que con El Padrino II y III o Apocaypse Now no vi hasta hace poco y me arrepiento de ello. Un amigo mio tiene una especie de obsesión con las cintas de Jude Law, y se suele tragar cualquier cosa donde sale ese dundee británico. Law hace del personaje de Caine en la primera versión, y Caine hace el personaje de Olivier en la primera. Pues bien, se bajó la primera para comparar aun siendo bastante prejuicioso con el cine clásico y cuando la vio se quedó embobado, por lo que me la recomendó. La “obtuve” y efectivamente, era un diamante. Todavía seguimos teniendo discusiones sobre si la otra versión es decente o no… La otra versión que dirigió Kenneth Branagh.

En el año 2007 Kenneth Branagh quizó hacer su propia versión, adaptado de la readaptación de la obra original. Esta película dura unos insuficientes 80 minutos frente a los 160 de la primera versión, osease, la mitad. No soy muy enemigo de esta versión, indudablemente esta notablemente por debajo de la película original, pero tiene algunos puntos interesantes que me gustaría comentar.

El trabajo de Branagh en la dirección es magnífico. Sabe mover la cámara con elegancia, haciendo con su trabajo que la película parezca más oscura e intrigante junto con el guión. Los juguetes de la primera versión, Branagh los cambia por alta tecnología. El personaje de Caine controla su mundo mediante un gran sistema de seguridad, lleno de cámaras donde parece el Gran Hermano. Me pareció inteligente adaptar la obra a la actualidad de esa manera.

Durante los dos primeros actos la película se mantiene digna, aunque uno de los puntos fuertes de la anterior versión aquí no se repiten. Michael Caine se merienda sin piedad a Jude Law, y el duelo al final de la película es un rotundo KO conseguido desde la primera escena que comparten.

El último acto resulta lamentable. El duelo de elegante testosterona de la primera parte cambia, la situación cambia, los roles y preferencias de los personajes cambian, quizás para adaptarlo a la actualidad y es donde la película lo pierde todo con respecto a la original. Las revelaciones en el último tercio son de risa, una estafa al espectador que esperaba encontrarse algo más o menos digno. No, aquí decae y las piezas que sustentavan el duelo anterior aquí quedan por los suelos. Unas nuevas situacioes gratuitas que no hacen ningún bien a la obra original.

No en serio, no hacía falta eso, no era necesario. Y no se como Branagh no lo vió.

Por lo tanto y lo digo. En el combate entre ambas películas obviamente lo gana la primera versión clarísimamente. La primera no lo olviden, es de las mejores películas que he visto. La segunda no pasa de mediocre, si acaso.

El tio de Nicolas Cage y el padre de la superguay Sofia Coppola lo ha sido todo para el cine. No por su descendencia, claro esta, pero su trilogia sobre la mafia y su película del Vietnam son posiblemente las mejores películas que he visto. Puede que por otro motivos haya cintas que me gusten más o que vea con más apetito, también muy buenas, pero objetivamente se que no me llevaré mejor manjar a la boca que The Godfather o Apocaypse Now. Ahora parece que ha perdido esa garra. Cree que su lugar esta haciendo películas pequeñas que es lo que le gusta, pero cuando ha mostrado verdaderamente su genio no era cuando rodaba tranquilo en la Ciudad de la Luz de Alicante, sino cuando las pasaba putas en un rodaje horrible en la selva de Filipinas durante dos años o siendo sodomizado por el estudio mientras defendía que Marlon Brando era la mejor elección para interpretar a Vito Corleone.

Steven Spielberg, Martin Scorsese, Brian de Palma, el Diablo y Francis Ford Coppola. Amigos todos ellos de la misma generación.

Ahí es cuando Francis Ford Coppola junto a sus colaboradores han llegado al máximo exponente de lo que es la palabra cine, llegando de igual manera a crítica y público avezado que tiene sus películas en un altar.

¿Quien narices no se deja atrapar por el drama de Michael Corleone? Un hombre enganchado al mal, con la falsa esperanza de que lo podrá dejar atrás llegando así de una vez la paz a su familia. Muchos hablan del Padrino que compuso Marlon Brando, pero el protagonista de la función es Al Pacino que sin sobreactuar demasiado, sabe mostrar ese aumento de frialdad en su mirada a medida que se va enganchando más y más a aquello de lo que debeseaba rehuir de joven. Es sublime, las escenas que protagoniza se quedan grabadas en la retina para siempre. Los tiros en el restaurante, la mirada del rayo en Corleone, su ascenso al poder, la mirada del Rayo a su hermano Fredo y su beso de la muerte, su discusión con Kay o el drama al final de la tercera parte. Tom Hagen interpretado a la perfección por Robert Duvall, le sirve como consejero y amigo, como su verdadero hermano más que como su abogado. Y tenemos a esa señora que es Diane Keaton interpretando a la novia y posterior esposa anulada así como a Thalia Shire interpretando a su hermana, un personaje que también tiene una evolución impresionante a lo largo de las tres cintas.

Y la gente dirá lo que quiera, pero en la tercera parte me gusta tanto Andy García como Sofia Coppola. Andy Garcia porque es mucho mejor actor de lo que Hollywood se ha preocupado por conocer y Sofia Coppola no creo que lo haga tan mal y su atractivo es de los que a mi me gustan. Ahora se ha quedado más delgada y peor, pero mi enfermedad hace que me tentase esa clase de belleza. Además tuvo que salir como descarte ya que Winona Ryder no pudo finalmente hacer el papel (estaría por ahí robando algo).

Su trilogía de la mafia se compone de dos obras maestras y una película muy buena. Me rio de la gente que dice que The Godfather Part III es mala. ¿Sensiblemente inferior a las tres? Si. ¿Mala? No. No podemos olvidar varias escenas y varios momentos de esta cinta que están al nivel de momentos de las otras dos. ¿Padre para que voy a confesarme si no me arrepiento? O simplemente todo el final en la Opera. Y pese a que sobra ese momento “Die Hard” con un helicóptero cosiendo a balazos la habitación de un hotel, es una grandísma película donde se echa en falta a Robert Duvall que no quiso participar, pero que es una continuación bastante lógica para los personajes.

En su día también se puso a caer de un burro a la segunda parte, cuando a día es considerada por muchos entre los que yo me incluyo como la más redonda. Y no se engañen amigos, las dos últimas las vi por primera vez hace unos dos años si no me equivoco. Vi la primera parte para ponersela a un amigo, la comprendí de otra manera y me enganché… Así paso que durante los siguientes días me estuve dando golpes contra las paredes por no haber gozado de ese nectar antes.

Pero Coppola no solo rodó bien El Padrino, y es que aunque me olvide de otra gran película suya que a mi juicio es Dracula (alabado sea Gary Oldman), la perfección también lleva un nombre y ese es Apocalypse Now.

¡Toma pepinazo Sadam!

¡Toma pepinazo Sadam!

Rodada en 1979, con su calidad cinematográfica, su fotografía y el lavado de cara que se le hizo para la edición Redux, parece rodada ayer. Basada en el relato de Joseph Conrad El Corazón de las Tinieblas, Coppola deja atrás el continente africano original en el libro para situar la acción en la Guerra del Vietnam. Para mí esta película es como un viaje iniciático, mitológico, en busca de un personaje deplorable que termina por obsesionar al heroe, al protagonista.

Me llama la atención de que en los títulos de crédito se ponga a Marlon Brando en primer lugar, cuando sale la media hora final de una cinta de más de tres horas. También que en los títulos salga Harrison Ford cuando solo sale una escena. El protagonisita es Martin Sheen, acompañado de algunos grandes actores en ciernes como Lawrence Fishburne (el Morpheo de Matrix). También sale Robert Duvall como general loco de la cuadrilla de helicópteros protagonista de ese momento para embarcar que es el bombardeo de una aldea vietnamita al ritmo de La Cabalgata de las Valkirias, de Wagner (cuando escucho esa música me dan ganas de invadir Polonia). Rianse por favor del bombardeo de ese lamentable espectáculo de pirotecnia que es Pearl Harbor.

El rodaje de la película fue Vietnam según relataba el propio Coppola. Fue un infierno que duró dos años en la selva filipina. Martin Sheen estuvo a punto de morir varias veces, las escenas no salían, todo salía mal… Pero fijense que pese a todo les salió probablemente la mejor película del Vietnam que se ha rodado. Eso si, el final se me hace pesado. El resto de la película me pareció más entretenido.

Jules: “Ezequiel, 25-17: El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por la avaricia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que, en nombre de la caridad y de la buena voluntad, saque a los débiles del Valle de la Oscuridad. Porque él es el verdadero guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos. ¡Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquéllos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos! ¡Y tú sabrás que mi nombre es Yavé, cuando mi venganza caiga sobre ti!.”

Ganadora de la Palma de Oro en el Féstival de Cannes, Pulp Fiction a día de hoy es una obra inabarcable para una crítica justa que reconozca todos sus meritos. Pulp Fiction fue una bizarrada monumental que pasó como un ciclón y cuyas consecuencias aún hoy perduran en el cine. Revolucionó a todos, desde un primer momento se convirtió en el clásico que aún a día de hoy es, nos entrego el nombre de Quentin Tarantino para la posterioridad e hizo que un gran número de seres humanos con nariz y ojos coincidan en decir que a día de hoy Pulp Fiction es una de sus películas favoritas y una obra maestra absoluta cinematográfica.

Si me tocas, te mato.

Si me tocas, te mato.

Quizás los referentes que justifican y dan valor a esta película habría que buscarlo en el propio cine. Quizá en el cine de cloaca con el que Quentin Tarantino se formó como director y que hace que sus películas tengan personalidad propia, que se salgan de la campaña y te acompañen en cada momento de su vida. ¿Quién no ha utilizado recurrentemente para cualquier aspecto de la vida algún diálogo o referencia de esta película? ¿Quien no siente en Vincent Vega a su tio impresentable? ¿A quién no le gustaría coger una Katana para cargarse a los malos? 

Pulp Fiction esta ahí. Sigue viva después de 15 años. Sigue de plena actualidad, no pasa de moda, siempre será el referente por el que se mida a su director. Siempre será homenajeada, seguida, será un clásico que venderá y revenderá vhs, dvd y Blu-Ray. 

¿Cual es el secreto de su exito? Sinceramente me es difícil responder. Un sobresaliente guión dirigido sobresalientemente por un sobresaliente director. Una cinta de cine negro que mezcla otros géneros y la llena de referentes. Una película músical con grandes canciones que hacen de alguans escenas auténticos videoclips. Una gamberrada llena de tacos y palabras malsonantes que suenan a gloria. Un montaje practicamente aleatorio que juega con el tiempo dividiendo la película en capítulos no cronológicos. Una película coral con personajes cada cual más loco e inolvidable. Una cinta friki y bizarra que gana un público incondicionalmente desde un primer momento. Una cinta divertida, entretenida, filosófica, sangrienta, referencial… Unos nombres de unos personajes de los que te acuerdas al final de la película: Julius, Vincent Vega, Marcelus Wallace, Butch, Mia, el señor Lobo… Diálogo, Banda sonora (que vendió todo y más), dirección, fotografía… Cada segmento en si alude a cientos y cientos de referencias cinematográficas y del arte Pulp. Un título sin sentido.

La cinta tiende a ser un experimento de cine negro con actores en horas bajas que Tarantino vuelve a poner en pie y de plena actualidad. Un agonizante hasta entonces John Travolta se convierte en el amo. Tenemos a Harvey Keitel, a Ving Rhames, Uma Thurman, Rosana Arquette, Christopher Walken, Tim Roth, Quentin Tarantino, Bruce Willis y a ese Samuel L. Jackson que tanto nos gusta en su papel. Es coral, llena de personajes y de momentos descacharrantes sin aparente sentido. Es algo así como anticine repleto de cine.

Casi todos conoceréis la película, casi todos la tendréis en un altar. Es una tonteria repetirse. Solo quiero decir que hay está y que esta película es una de esas que se merecen un 10 como mínimo.

 

Puede que conozcáis a Spike Lee, un conocido director negro famoso por su buen hacer detrás de una cámara y por su boca, denunciando el racismo que todavía sufren los negros por culpa del hombre blanco. Es tan cínico y tan cerrado de mente que lo hacen a sí mismo un racista. Una de sus últimas salidas de tono fue el criticar abiertamente a Eastwood (alabado sea) por no haber sacado ningún soldado negro en su díptico bélico sobre Iwo Jima, cuando al historia esta centrada en los que levantaron la bandera en el monte (ninguno de ellos negro) y en los japoneses que defendían la posición. 

¡Bocas! Si es que se le ve en la cara quien es, un prepotente insoportable...

¡Bocas! Si es que se le ve en la cara quien es, un prepotente insoportable...

Esa faceta de bocazas no ha evitado no obstante que haya hecho grandes películas que merecen una mención especial como es el caso de “25th Hour”, títulada en España “La última noche”.

Esta es una de esas películas que se mueven a través del diálogo y a través de un grupo de actores en estado de gracia que saben apoyar esos grandes diálogos con grandes actuaciones.

El argumento de por si es sugerente: Monty Brogan (Edward Norton), es un traficante de drogas retirado que debe ingresar al día siguiente en prisión para cumplir condena después de haber sido pillado en su propia casa. Un gran guión a partir de este argumento va trazando las distintas lineas que se resumen en esas últimas horas de Brogan en libertad y como le afecta eso a la gente que le rodea (su pareja, sus amigos, su padre)… Todo esto se ve mediante unos brillantes diálogos reflexivos sobre la vida y las oportunidades o el pasado que no puedes borrar ahora que este te ha metido en problemas.

Y claro, todo esto funciona si tenemos como protagonista a un actor como Edward Norton que funciona y da vida a cualquier papel, a Brian Cox como padre o a esa mala bestia parda que es Philip Seymour Hoffman. Anna Paquin, Rosario Dawson en un gran papel como novia de Norton y Barry Peper completan un reparto practicamente teatral donde cada uno tiene su importancia y su razón de ser, donde cada uno tiene su papel dentro de la historia apoyando lo que el director y el guionista nos quieren contar.

Diría que esta película es un drama modélico. Es difícil que no guste a quien lo ve ya que los diálogos y lo que va pasando son lo suficientemente interesantes para que se te queden grabadas a fuego determinadas partes y situaciones, así como la reflexión que deja la película. Hay que degustarla con calma, disfrutando de todas y cada una de las lineas de diálogo que componen el texto, disfrutando de la gestualización y sintiéndote identificado con todos y cada uno de los personajes pues sin duda cada uno tiene algo de todos. Edward Norton quizá es esa parte de nosotros mismos de la cual nos sentimos arrepentidos, Seymour Hoffman es esa parte dudosa y apocada ante cualquier situación, Pepper es la persona con “éxito” en todos los aspectos que a todos nos gustaría ser. Paquin pasa a ser la Lolita que tienta a todo el mundo y Rosario Dawson es el amor maduro a la vez que dubitativo y menos puro que nos acompaña en la edad adulta. 

Momentos impagables como el monólogo de Norton frente a un espejo o los últimos veinte minutos, que te pueden dejar derrumbado a la vez que encantado. Es una película que quizá pasa desapercibida, que funciona por el boca a oreja, pero sin duda alguna es un peliculón muy recomendable que si no la habéis visto os invito a que lo subsanéis lo antes posible. Técnicamente es intachable, buena fotografía, dirección y una banda sonora a la altura de todo ello. 

Joe Wright debuto como director con esta preciosa película. Y cuando digo que es preciosa es que lo es, independientemente del argumento (que también lo es). Tenía ganas de comentar una película de este tipo para que todo el mundo vea que hasta yo tengo mi corazoncito. Y es que la adaptación que el señor Wright hizo de la novela de Jane Austen es una grandísima película que sobretodo rebosa de buen cine. 

Keira Knightley trató de huir de su más que probable encasillamiento (y muerte como actriz) del papel de heroína en sagas piratescas, demostrando que si esta bien dirigida puede ser una gran actriz, pero claro el pasado no perdona para algunos y aunque bajo mi punto de vista Piratas del Caribe sea una dignísima y divertidísima película de aventuras. Acompañan a la actriz Matthew MacFadyen como el señor Darcy, Donald Sutherland como el Señor Bennet o Judi Dench en el papel de la tía del señor Darcy.

 Es una cinta muy entrañable que gustará a todo aquel que tenga algo en la patata (corazón). Y después como digo es preciosa a muchos niveles gracias al talento que demostró ya en su debut Joe Wright. La película se abre con un bonito plano secuencia en un atardecer que ya da un bonito tono pastel a la fotografía que volverá a estar en varios momentos del film. No se si hablar de Wright como Mister Plano Secuencia ya que uno de los más bonitos, elaborados y espectaculares que se han hecho últimamente están en su película Atonment (Expiación), aunque fue criticado por algunos sectores como innecesario.

 

Me resulto grato el guión, con esos modales victorianos y esas formas de cortejo tan elegantes que de la misma manera podían contener contenidos gruesos con toda educación. A veces las hermanas de la protagonistas resultan un tanto bastante irritantes, quizá sea el doblaje, pero también por sus ideas que no compartes ya que empatizas más con el mundo del personaje principal, que trata de huir de los convencionalismos. 

Pero repito, si esta película merece en algo la pena por la película ens i misma es por el lenguaje cinematográfico que con gran habilidad emplea el señor Wright. Hay un momento donde Knightley da vueltas en un columpio, y el director utiliza esa escusa para hacer un montaje montaje donde deja patente que avanza el tiempo, de una forma parecida al plano secuencia de Notting Hill (película muy estimable) en el que Hugo Grant pasea por el mercadillo y se va poniendo y quitando la chaqueta según cambia el tiempo mientras habla. 

En fin, si no la han visto esta cinta seguramente os gustará. No huyáis del tópico “es una historia de amor”, ya que esta raciona bien los elementos amorosos para que el respetable no vomite almíbar (como si puede hacer Love Actually, por ejemplo).

 

Desde el primer instante te das cuenta que esta película es radicalmente distinta a aquello que esperas cuando lees el título. El club de la lucha… ¿De qué va? Pues de un club donde la gente lucha… ¿No? Además sale Brad Pitt y Edward Norton, por lo que deberiamos deducir que es un producto destinado a atraer a muchos jovenes a la sala y que puede que sea entretenido. Dirige David Fincher, un tipo raro que anteriormente había dirigido Seven que gustó a todo el mundo y The Game, por lo que le podiamos catalogar facilmente en director de “cine raro”.

Aparece el logo y la fanfarria de Twentieth Century Fox, la cortinilla de Regency, suena un liquido que se distorsiona para dar paso a una potente música y los créditos iniciales (de los mejores que he visto) que se abren en plano secuencia a través del cerebro de Jack hasta finalizar atravesando los poros sudorosos de la piel en una pistola que sujeta Brad Pitt.

Es difícil y diría que blasfemo catalogar esta película. El Club de la Lucha no es una película de lucha. No es una película donde ver a Brad Pitt con el torso desnudo y no es una película típica de Hollywood, y ahí reside parte de su grandeza. Esta película que parece antisistema esta pagada por un gran y malvado estudio como la Fox. Las lecturas son miles y variadas a cada aspecto que uno se encuentra, a cada escena, a cada diálogo. Te abre la posibilidad de poder filosofear cuanto puedas y encima cuando lo hagas sabrás que estas haciendo la gracia a la película, pues al contrario que sostienen muchos no es que esta película sea un alegato anticapitalista y proterrorista, no es una película fascista (cuanto ciego hay en el mundo), Fight Club en el fondo se rie de todo y de todos. 

Bajo un original planteamiento estético y formal que vemos desde la primera escena y que después prosigue mediante planos secuencia imposibles hechos a base de ordenador, imagenes subliminales, originales angulos de cámara y dirección “videoclipera”, tenemos también un diseño de producción elaborado que nos mueve por ambientes marginales y una fotografía decadente a la vez que llamativa que ilumina todo este gran juego.

La narración de la misma manera merecería un capítulo aparte ya que continuamente tenemos la voz en off de los pensamientos del personaje interpretado por Edward Norton, y de la misma manera en medio de una escena el mismo personaje se dirige a la cámara para explicar algún aspecto concreto del momento de la película.

No es una cinta que uno se pueda tomar en serio, ya que la película no se toma en serio así misma y de ahí parte en cierto modo su genialidad. Por otra parte es de esas películas que amas u odias. Si la odias dirás que es un panfleto fascista y si la amas la tendrás ahí entre tu lista de imprescindibles como una de esas películas que representan por qué te gusta tanto el cine.

Todo esto no sería posible sin los grandes actores que hay detrás y que hacen que unos personajes a veces tan esperpénticos o “pasados de rosca” funcionen en pantalla. Edward Norton es Edward Norton. Poco se puede decir de él que no se sepa. Es probablemente el mejor actor de su generación y algunas peliculas como American History X o La última noche estan ahí para demostrarlo. Brad Pitt entra en el juego de la película. Le encanta salirse del rol que se le supone en Hollywood y arriesgar de vez en cuando, incluso aquí para reirse un rato de si mismo o de su situación en la industria como superestrella. Tenemos a la “rarita” Helena Bonham Carter que aquí la vemos hacer el papel friki al que nos tene acostumbrados. El cantante Meat Loaf también  tiene su papel así como el guapísimo (para algunas) y rarísimo Jared Leto.

Pero esto no es nada sin un buen material detrás que lo proporciona la novela del mismo nombre y que escribió Chuck Palahniuk. David Fincher lo llevó a la pantalla entrando también en el juego haciendo de Fight Club una película visualmente muy poderosa pero que al mismo tiempo adopta una dirección de videoclip y despreocupada que casa perfectamente con el estilo que la película precisa. 

Como ya he dejado entreveer en algunos momentos la película puede parecer moral y eticamente controvertida. En ocasiones el ambiente “underground” del filme puede recordar al de Danny Boyle en Trainspotting, y para algunos no será fácil de ver pues puede parecer desagradable en algún tramo. Pero es una cinta que hay que leer entre lineas pues ahí esta todo lo que hay que sacar de ella. Es una película que se puede disfrutar y mucho viéndola tal y como es, dejándote llevar a los límites de la locura y gozar de como un director aprovecha las oportunidades estilísticas y argumentativas que te aporta un material como este. 

Y he de confesar que la primera vez que la ví me aburrí de narices durante el primer tramo (hasta que poco a poco fue empezando a “molar”), pero la fuerza de esta película termina despertando incluso a los muertos. Tanto para lo bueno como para lo malo.

Nota: 10

Canción Creditos finales