Posts etiquetados ‘Críticas de estrenos’

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Titulo: Días de Vinilo

Director: Gabriel Nesci

Intérpretes:. Gastón Pauls, Fernán Mirás, Rafael Spregelburd, Ignacio Toselli, Emilía Attías, Inés Efrón, Akemi Nakamura, Carolina Peleritti, Leonardo Sbaraglia

Nacionalidad: Argentina

Año de Producción: 2012

Guión: Gabriel Nesci

Duración: 120 minutos.  

Valoración: 8/10

Decía el pianista Franz Listz que “La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor, sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso” Una frase que cala muy hondo en el director Gabriel Nesci, que nos presenta en su primer largometraje una historia que habla de música, de amor, de amistad, de belleza y de vida.

Parece algo casi imposible, lograr que en una comedia romántica que sigue todos los parámetros del género, haya espacio para la reflexión, la ironía e incluso la filosofía. Pero así es.

La premisa de la que se parte es muy simple: Cuatro amigos (Damián, Facundo, Luciano y Marcelo) son amigos desde niños, y tienen una curiosa visión del amor relacionada con un suceso de su infancia, donde en “su esquina” asisten a un desengaño amoroso que acaba con una lluvia de vinilos cayendo sobre los muchachos, debido a ese fenómeno de intentar librarse del pasado tirando los objetos de la pareja por la ventana, que desde ese día estarán marcados por esos dos conceptos: las relaciones tienden a fracaso y la música es un regalo del cielo.

De este modo, y tras un sucinto repaso por sus infancias, vemos donde ha llegado cada uno veinte años después: La historia de los treintañeros que pasan despreocupadamente por la vida, sin lograr sentar cabeza, anclados, tal vez, por su miedo en el pasado cómodo en vez del futuro oscuro e inseguro.

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Se nos ofrecen cuatro historias separadas: El miedo de Facundo al compromiso, la autocompasión utópica de Luciano, la desfasada inmadurez de Marcelo y la incapacidad de superar una ruptura de Damián. Todos son creativos, todos son artísticos en cierto modo, y todas sus historias se unen por ese elemento aglutinador que es la música. De hecho, el film hace un repaso magistral por todos los grupos y artistas musicales míticos de la segunda mitad del siglo XX. Las canciones de nuestra vida. Las melodías que nos han marcado.

¿Les suena, verdad? Habremos visto cintas semejantes en multitud de ocasiones. Pero es que desde aquí, Nesci teje su magia y nos ofrece una película diferente ¿Cómo lo hace? Aun sigo pensando en ello. Acaso sea porque, en lugar de buscar la carcajada fácil, el gag simplista, la sonrisa manida, la película comienza por reírse de sí misma. Se ríe de toda la absurda pretenciosidad del mundo cultural. Nadie se libra de su sátira: Músicos, artistas, escritores, medios, críticos… nadie se libra de su férrea sátira. ¿Para qué – parece decirnos – nos andamos con tanto artificio? En la música como en la vida, y sobre todo en el amor, a veces el no complicar las cosas es el mejor modo de obtener un buen resultado.

Mención especial en esta sátira merece el cameo de Leonardo Sbaraglia, que aparece interpretándose a sí mismo, como la personificación de todo lo absurdo del mundo cultural: Caprichoso, pretencioso, autocomplaciente. Su aparición en la película sirve para demostrar justo lo contrario de lo que se manifiesta en la obra: no es necesario un gran actor, un gran nombre, para hacer una buena creación.

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Al final, como es obvio, todo se solucionará para bien. Tendremos nuestros momentos de risa, y de amor, y de felicidad, y de soluciones. Es una película y todo debe acabar bien. El final, que ya conocemos, entra dentro de las cauces habituales. Pero ¿Cómo podría ser de otra forma? Al final, como dijo Schopenhauer, “En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro, y el mundo no es sino música hecha realidad”

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Titulo: Unidos por un sueño

Director: Sebastian Grobler

Intérpretes:. Daniel Brühl, Burgart Klaubner, Justus Von Donanyi, Kathrin Von Steinburg, Thoms Thieme

Nacionalidad: Alemania

Año de Producción: 2011

Guión: Sebastian Grobler, Philipp Roth

Duración: 113 minutos.  

Valoración: 8/10

Aunque a día de hoy algo así nos parezca impensanble, o incluso pretencioso, el gran Albert Camus decía hace años “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”

Basada en una historia real, Unidos por un sueño nos muestra como se introdujo el arte del balompié en Alemania. A finales del siglo XIX el profesor Konrad Koch (Daniel Brühl) alemán que ha estudiado en Harvard, es contratado en una escuela alemana para nobles como profesor de inglés, en aras de preparar a los jóvenes estudiantes para salir al amplio mundo que se presenta por la época.

Koch es un renovador, un hombre que trae ideas frescas y novedosas a los caducos alemanes, que aun viven anclados en el pasado. Su temperamento choca tanto con los directivos de la escuela como con los alumnos. Y para llegar a las jóvenes mentes a las que tiene que enseñar encuentra una sola manera: El fútbol.

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Los chicos, entusiasmados, se entregan con auténtico fervor a este nuevo juego. Hasta que les pillan practicando este deporte. Veremos entonces un auténtico enfrentamiento, todas las penurias por las que pasan Koch y los chicos para poder seguir practicando este deporte.

En el fondo, el fútbol es lo menos importantes. Lo grande es lo que nos transmite. Los alemanes, con capacidad para reírse de sí mismos, nos presentan una gran sátira sobre el cambio, la modernidad, la adaptación y la flexibilidad. Sobre como los valores alemanes, que permiten a la nación gobernar desde hace años los destinos del Viejo Continente, a veces juegan en su contra. Y como la innovación no siempre es mala.

El fútbol, por su parte, es minimizado a sus valores primigenios, algo que en estos tiempos es de agradecer. Sin popularidad mediática, sin grandes medios, sin dinero y prácticamente sin material. Solo unos cuantos jugadores, un par de porterías hechas con las primeras ramas lo suficientemente largas que uno se encuentra y las ganas de jugar. Solo el compañerismo, el juego en equipo, la solidaridad, la equidad que permite. Recordamos, en una época en la que lo hemos convertido en un negocio, que no es más que un juego. Y como todos los juegos, es divertido.

También es curioso el papel que representa Inglaterra en este film. Pese a la gran oposición histórica germano – británica, Inglaterra aparece como la gran renovadora, la de mente abierta. Desenfadados, alegres, sencillos. Todo lo opuesto a los alemanes. Precisamente por esa oposición, aparecen más felices. Como he dicho, la capacidad de reírse de si mismos es algo bueno que tienen en el centro de Europa. Pero sin duda, no dejarán pasar la oportunidad de ver esta fábula como una oportunidad para mejorar y para superar sus defectos. Un film muy recomendable.

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Citadel

 

Titulo: Citadel

Director: Ciaran Foy

Intérpretes: Aneurin Barnard, James Cosmo, Wunmi Mosaku, Amy Shiels

Nacionalidad: Irlanda

Año de Producción: 2012

Guión: Ciaran Foy

Duración: 84 minutos.    

Valoración: 4/10

¿Hay algo más puramente creado por el hombre que las ciudades? La historia de las ciudades es la historia de la sociedad. Pero, como todo lo que se crea, uno se siente orgulloso al mismo tiempo que tiene un cierto respeto a que su creación le consuma. Ya lo decía Estrabón: “Ciudad grande, soledad grande”

Ciaran Foy explora esta angustia urbana en su primer trabajo. Y es un trabajo que nos deja con un regusto amargo, al ir de más a menos a medida que pasan los minutos.

El título es muy adecuado: Citadel (Ciudadela, Baluarte) Pues el eje del mismo será un edificio antiguo que se nos presenta en la primera escena. Allí, Tommy (Soberbiamente interpretado por Aneurin Barnard, su papel de paranoico es lo mejor de la cinta) ve como unos niños encapuchados agreden a su mujer embarazada. Los médicos consiguen salvar al bebé, pero no a ella.

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Tras ser víctima de una agresión, descubrimos que Tommy desarrolla agorafobia (miedo a los espacios abiertos) Y que, a diferencia de un agorafóbico normal, no se siente a salvo ni en su propia casa, pues siente que esa banda de niños vienen ahora a por su hija. Ni siquiera los cuidados y la preocupación de la enfermera Marie (Wunmi Mosaku) podrán sacarle el terror desaforado de encima. Como he dicho, la intepretación de Barnard merece un aparte, es capaz de transmitirnos todo su miedo. La ciudad, espacios vacíos, lúgubres, casas pobres, el clima contaminado, se nos muestra en su extensión más desoladora para contribuir a la sensación agorafóbica y de pánico.

Y entonces, cuando todo parecía encaminado a ser una buena obra de terror psicólogico, se empieza a volver delirante por momentos. Aparece un sacerdote loco que quiere quemar el edificio porque dice que la banda de niños no es humana. Los mismos niños se muestran como una especie de demonios. Del terror psicólogico pasamos a una extraña mezcla entre Mars Attack!,  The Punisher y El sexto Sentido, pues con ayuda de uno de los niños fugados, Tommy debe acabar con todos los demonios derribando el edificio, su citadel particular.

Podría parecer que todo esto quiere ser una metáfora de cómo vencer el miedo y de la auto superación, pero la entrada de elementos demoníacos, sangre gratuita, escenas de pelea y demás trucos de terror fácil acaba con la gran primera parte de terror psicológico para convertirlo en un largometraje más. Uno que no se nos queda en la memoria y que nos deja con la sensación de decir aquella consabida frase: Lo que pudo ser y no fue.

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Titulo: De óxido y hueso

Director: Jacques Audiard

Intérpretes:. Marion Cotillard, Matthias Schoenaerts, Céline Sallette, Bouli Lanners, Alex Martin, Corinne Masiero, Tibo Vandenborre

Nacionalidad: Francia

Año de Producción: 2012

Guión: Jacques Audiard, Thomas Bidegain (Novela: Craig Davidson)

Música: Alexandre Desplat

Duración: 120 minutos.  

Valoración: 8/10

Decía el historiador Thomas Carlyle que “El hombre ha nacido para luchar, y es como se le define mejor: Diciendo que es un guerrero nato y que su vida desde al principio al fin no es sino una batalla”

Ese es el carácter de este film: luchador, de caerse y levantarse. De perder y recuperar. De romper y recomponer los pedazos.

A veces está bien que el cine nos dé una dosis de realidad. Que nos cuenten que no todo es bonito, que se dejen de situaciones irreales con música de fondo, que el sufrimiento también se muestre en pantalla. A veces es bueno alejarse de esa idea utópica que tenemos de que, en pantalla y durante un par de horas, los buenos tienen que ser muy buenos, los malos tienen que ser muy malos y los guapos tienen que acabar juntos y comiendo perdices.

De óxido y hueso presenta eso como baluarte: Es dura, descarnada, realista a más no poder. Alí junto con su hijo Sam debe refugiarse en casa de su hermana, a la que no ve desde hace muchos años. En un momento dado conoce a Stephanie, una domadora de orcas, y sus historias se entrelazarán.

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Stephanie, interpretada de forma magistral por Marion Cotillard, pierde ambas piernas. La desesperación se apodera de ella, las fuerzas la abandonan. Sufre, y nosotros sufrimos con ella. De repente, Alí, un desconocido, será quien la empiece a dar fuerzas para luchar contra su desgracia y tratar de salir adelante.

Por otro lado tenemos al propio Alí, que, sin duda, ha pasado por bastantes penurias en la vida, y que es pura superficie. Como un animal, satisface sus instintos, pero parece totalmente incapaz de sentir. Incluso para con su propio hijo. Aquí tenemos una interpretación también difícil y también muy bien hecha de Matthias Schoenaerts.

Entre ambos personajes surge una historia. Primero, una amistad. Luego, algo más físico. Ambos personajes se apoyan el uno en el otro. No hay música de fondo, no hay efectos especiales, no hay mariposas en el estómago. Es la cotidianidad de ambos juntos lo que va creando la magia. Todo ello filmado de una forma sublime, con una gran variedad de recursos técnicos, y sin reparar en detalles. La cinta no ahorra en violencia, en sexo o en dureza. A quien no le guste, que no mire.

El dúo protagonista lleva la voz cantante y nos permite identificarnos con la historia. Sufriremos con la falta de tacto de Alí y nos costará levantarnos cada día junto a Stephanie. Toda escena entre ambos, aunque sea un diálogo de apenas tres frases, aporta algo. Mención especial merecen las escenas de alcoba, donde una Marion Cotillard sin piernas está más sensual que nunca.

Y finalmente, por supuesto, el gran fallo, que priva a esta película de que este humilde redactor la otorgue un sobresaliente. El final. Unos diez últimos minutos resueltos de forma fácil y tópica. Ya veis, un largometraje cuya fuerza radica en huir de lo hollywoodiense, al final se ampara en ello, suponemos que para no recibir los abucheos de un público al que, digo yo, alguna vez habría que hacerle ver un final distinto, a ver como reacciona.

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Titulo: Paprika, detective de los sueños

Director: Satoshi Kon

Intérpretes:. Animación

Nacionalidad: Japón

Año de Producción: 2006

Guión: Satoshi Kon, Seishi Minakami (Novela: Yasutaka Tsutsui)

Música: Susumu Hirasawa

Duración: 90 minutos.    

Valoración: 8/10

El hombre siempre se ha inquietado por sus sueños. Escritores, artistas, científicos, filósofos, todos tienen sus propias ideas sobre los sueños y su significado. Desde el clásico “Soñar es la actividad estética más antigua” de Borges hasta ese “El sueño es un arte poético involuntario” de Kant, todos apreciamos la belleza del onirismo, el poder de nuestra mente latente de saltarse toda racionalidad y crear mil mundos imaginarios cada noche. Como dijo el escritor irlandés George Bernard ShawVes cosas y dices,”¿Por qué?” Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, “¿Por qué no?”.

Esa máxima, esa querencia de transmitir la aportación de los sueños, es llevado a la pantalla por Satoshi Kon, en una película tan falta de coherencia narrativa como sobrante de imaginación, capaz de llegar a los rincones más profundos del alma, pero cerrando la puerta a todo racionalismo. Como en un sueño, los límites entre realidad, sueño, ficción y posibilidad son difusos. Demasiado difusos para todo aquel que use la lógica para guiar su camino.

Por supuesto, hay un guión. Y una historia. Un psiquiatra desarrolla una máquina para  poder meterse en los sueños de los pacientes trastornados. Por desgracia, se lanza cuando todavía está en fase experimental. La máquina es robada y empieza a ser usada con malos fines para destruir las personalidades de los pacientes mientras duermen. Hay que encontrar al culpable, y para eso contaremos con Paprika, una de las doctoras integrantes de este proyecto que sabe moverse como pez en el agua en el mundo de los sueños.

A partir de aquí comienza una auténtica montaña rusa, en la que las historias soñadas y las reales se alternan, se cruzan, se condicionan una a la otra. De estas historias podemos extraer muchas metáforas. El cine, internet, la sociedad, el poder, la moral, e incluso el amor son temas que se tratan y se sueñan. Y que cada uno extraiga sus propias conclusiones.

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El hilo argumental va continuando su camino, contraponiendo la historia real (Representada por el centro psiquiátrico: Frío, estéril, donde la inteligencia y la lógica tienen su razón de ser) a la historia onírica (Desfiles de peluches, cambios bruscos de escenarios, referencias mitológicas) hasta que ambas historias se entrelazan y se adhieren la una a la otra.

Aquí, por supuesto, estaremos como en la Fórmula 1. Si parpadeamos un segundo probablemente nos lo habremos perdido. No vale preguntarse por que. No vale intentar explicarlo. No vale sacar el concepto de una filosofía. La película es un sueño llevado a la gran pantalla. Hay que visualizarlo y sentirlo. Sin más, pero tampoco sin menos.

Mientras lo hacemos, disfrutaremos de la gran animación de Satoshi Kon, con sus tintes surrealistas (Como esas grandes referencias a la materia dura y blanda de Dalí) y de unos escenarios cargados de personalidad y de fuerza. ¿Quién dijo que la animación era incapaz de transmitir? Probablemente en Japón conozcan su poder más que en ningún otro sitio. Dejemos a un lado nuestros prejuicios. Pongamos la mente en blanco. Aceptemos lo que venga. Y divirtámonos.

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Titulo: A ciegas

Director: Fernando Meirelles

Intérpretes:. Julianne Moore, Mark Ruffalo, Danny Glover, Alice Braga, Gael García Bernal, Sandra Oh

Nacionalidad: Brasil

Año de Producción: 2008

Guión: Don Mckaller (Novela: José Saramago)

Música: Marco Antônio Guimarães

Duración: 118 minutos.  

Valoración: 9/10

Miren que uno, fiel seguidor de la palabra escrita desde que contaba apenas con cuatro años, nunca ha sido devoto de José Saramago. El portugués y yo tenemos diferentes formas de ver la vida. Mientras que él solo ve maldad, yo veo esperanza. Mientras que él se hunde en las ciénagas del negativismo de Schopenhauer, yo busco la conciliación, como Kant. Debido a esto, creo que la único obra de este escritor que me ha llegado fue su Ensayo sobre la ceguera que me conquistó con esa frase de “En verdad aún está por nacer el primer humano desprovisto de esa segunda piel que llamamos egoísmo.”

Por eso me alegré mucho cuando supe que se haría una adaptación de este libro. Y aun más cuando me entere de que el personaje guía, el más carismático, iba a ser interpretado por Julianne  Moore, una gran actriz. Mis esperanzas no fueron defraudadas.

A Ciegas es una película larga, dura, quizá algo difícil. Como la obra de Saramago. Precisamente eso la distingue. En ese terreno medianamente farragoso encuentra su ritmo narrativo. Técnicamente está muy bien hecha, con un claro juego de luces y sombras que, en muchas ocasiones, incomodan a la vista, transmitiéndonos una sensación, si no de ceguera, por lo menos de continuo deslumbramiento

La película empieza con una persona que, repentinamente, se queda ciega en medio de una ciudad. No es una ceguera corriente. Las pruebas médicas descartan las causas corrientes por las que alguien puede perder visión. Asimismo, no ve, como suelen describir los ciegos, una inmensa negrura, sino que es lo contrario, una luz cegadora, un blanco luminoso.

El caso es que, poco a poco, sin saber cómo, esta ceguera se extiende entre quienes van teniendo contacto con este “enfermo” original. La situación se desborda y, precaución médica, se decide recluir a los casos de ceguera en un hospital para que estén en cuarentena. A su vez, este hospital se organiza por secciones.

La trama empieza cuando la mujer de uno de los pacientes, una increíble Julianne Moore, que puede ver perfectamente, decide acompañar a su marido al hospital para ayudarle. Es la guía, la única capaz de ver en un mundo de ciegos. De este modo, está con ellos pero no está. Puede ayudarles, pero no quiere que nadie descubra su secreto de que puede ver.

Poco a poco los enfermos se estructuran, como una sociedad, por secciones. Pero no todas las secciones hacen lo mismo. Como si fuera un micro universo, algunas secciones se organizan democráticamente, pero otras deciden ejercer un abuso de poder aprovechando las ventajas que puedan conseguir.

Es, como ya he dicho, una película dura. El hombre, sin su principal sentido, sin sociedad, sin avances, sin tecnología, sin leyes, sin gobiernos y sin tradición es un ser que se limita a seguir sus más bajos instintos, que busca su propia supervivencia ante una situación difícil, que ignora a los demás si puede favorecerse él mismo. El hombre es un individuo egoísta y despreocupado, en nada diferente a un animal.

De este modo, se nos transmite el particular nihilismo (y mira que es una teoría que jamás he compartido y nunca compartiré) de Saramago mediante la destrucción de la dignidad, la humanidad, y su símbolo, la ciudad. Hay escenas muy difíciles de tragar que hacen que uno se pregunte si merece la pena existir, si realmente la parte fuerte de nuestro cerebro es ese sistema reptiliano.

Pero justo cuando hemos llegado al paroxismo de la angustia, justo cuando estamos a punto de perder la esperanza, de tirar la toalla, llevados de la mano por Julianne Moore y su soberbia interpretación, la recuperamos. Encontramos una piza de humanidad. Los personajes, fuera ya de ese hospital, con el mundo para moverse, comienzan a adaptarse a su situación. Surgen otro tipo de sentimientos: El amor, la generosidad, la libertad. Meirelles lleva la Caja de Pandora hasta el límite, y justo cuando creemos que en esta ocasión también la esperanza va a escapar de la misma, volvemos a recuperar la ilusión. El nihilismo, la negatividad, la maldad.

Algunos verán esto como una crítica al hombre. Yo me quedo con el canto a la esperanza.

Titulo: El ilusionista

Director: Sylvain Chomet

Intérpretes:. Animación

Nacionalidad: Francia

Año de Producción: 2010

Guión: Sylvain Chomet,  Jacques Tati

Música: Sylvain Chomet

Duración: 76 minutos.    

Valoración: 9/10

Decía Balzac que “lo mas hermoso de la vida son las ilusiones de la misma”  Una bella cita que se puede sacar de uno de tantos artistas franceses, un país que siempre ha tenido una curiosa relación con el mundo artístico.

Precisamente, quien no comprenda el arte no podrá comprender esta película. Háganme caso: apaguen la cinta todos aquellos que pretendan entretenerse un rato, que pretendan deleitarse con los grandes efectos que trae últimamente la animación, que pretendan buscar una fábula moralista en este bello cuento que nos trae Chomet. Esta película no es para ninguno de ellos. Es para otros.

Los artistas galos siempre han tenido esa habilidad de saber dirigirse a cualquier público, fuera el que hubiese. Desde los enfermos tarantulados de Rabelais hasta los artistas rechazados de los impresionistas. Desde los revolucionarios exaltados a los que se dirigía Marat (Cuyas sátiras eran un arte) hasta los naturalistas de Zola y sus ganas de realidad.

Esta película es puramente de otro gran movimiento francés: El decadentismo. Para quien no lo sepa, en el decadentismo, que luego se desarrolló como crepcularismo en Italia, los autores ven la historia, la civilización, como el crepúsculo del sol, y encuentran belleza en ese fin, es como la ultima fuente de donde pueden sacar inspiración antes de que acabe. Por eso creen en la decadencia

Bueno, miento, no trata exactamente del decadentismo. Sino del comienzo del mismo.

Chomet nos presenta la historia de un ilusionista, el clásico mago de chistera y sombrero. Un hombre mayor, adusto, que sabe hacer bien su trabajo, que es capaz de tejer ilusiones para el público. Pero hay un problema. El público ya está saturado de este arte viejo y tantas veces visto. Los teatros de las grandes ciudades están vacíos. La gente se vende a nuevos artes, como grupos de música de jóvenes rockeros. La gente ya no quiere que la ilusionen.

Nuestro ilusionista comienza entonces un peregrinaje itinerante, buscando ganarse la vida, que le lleva a un pequeño pueblo perdido de Escocia, aislado de todo. Allí la gente sigue sorprendiéndose con sus juegos de manos. Tanto que, una niña, creyendo que puede hacer realmente magia, decide seguirle.

¿Han oído alguna vez eso de que mientras consiga hacer soñar a una persona, el arte merece la pena? Pues es la máxima de nuestro protagonista. Pretende mantener la ilusión de la niña de que él es un todopoderoso mago y puede conseguir lo que sea, les devuelve a Francia en peregrinaje. Allí, el Ilusionista tiene que ejercer diversos empleos para conseguir mantener las esperanzas de su protegida.

En un momento dado, acaba en una pensión con otros artistas. Titiriteros, acróbatas, y, el símbolo de los decadentistas por excelencia, el payaso triste (y suicida, en este caso) Todos están como él. Todos viven de su arte. Y su arte ya no interesa. Tienen que emplearse como vendedores, como mecánicos, como figuras de museo, como curiosidades de circo. Tienen que mendigar. El payaso intenta suicidarse. El ventrílocuo vende su muñeco, y por tanto, su vida.

A estas alturas de la película uno ya está con un nudo en la garganta y una espina en el corazón. Todos pueden permitirse ser vencidos por su tiempo salvo el Ilusionista, que debe mantener a la niña. Hasta que esta, como la sociedad, como el mundo, como es la vida misma parece decirnos la película, empieza a interesarse por chicos de su edad y por jóvenes que pueden darle una dosis de realidad y no de ilusión.

Es el comienzo del decadentismo, la muerte del arte, la crueldad del hombre moderno. Las ultimas escenas son simplemente sobrecogedoras. Uno tiene la sensación de que el arte ha muerto. Y lo que es peor, de que nuestro egoísmo, y nuestro pensamiento contemporáneo, hacen que no nos importe en lo más mínimo.

Es la balada de los melancólicos, construida con un fantástico estilo anticuado. Una pequeña obra de arte, y nunca mejor dicho, en apenas poco más de una hora. Muy recomendable para reflexionar sobre los tiempos modernos, sobre el arte, y sobre la vida misma. Y si alguien no acaba clamando, entre lágrimas, “Magicians Exist”, le devuelvo el dinero de su entrada. Que sean felices. Si pueden.