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Titulo: Días de Vinilo

Director: Gabriel Nesci

Intérpretes:. Gastón Pauls, Fernán Mirás, Rafael Spregelburd, Ignacio Toselli, Emilía Attías, Inés Efrón, Akemi Nakamura, Carolina Peleritti, Leonardo Sbaraglia

Nacionalidad: Argentina

Año de Producción: 2012

Guión: Gabriel Nesci

Duración: 120 minutos.  

Valoración: 8/10

Decía el pianista Franz Listz que “La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor, sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso” Una frase que cala muy hondo en el director Gabriel Nesci, que nos presenta en su primer largometraje una historia que habla de música, de amor, de amistad, de belleza y de vida.

Parece algo casi imposible, lograr que en una comedia romántica que sigue todos los parámetros del género, haya espacio para la reflexión, la ironía e incluso la filosofía. Pero así es.

La premisa de la que se parte es muy simple: Cuatro amigos (Damián, Facundo, Luciano y Marcelo) son amigos desde niños, y tienen una curiosa visión del amor relacionada con un suceso de su infancia, donde en “su esquina” asisten a un desengaño amoroso que acaba con una lluvia de vinilos cayendo sobre los muchachos, debido a ese fenómeno de intentar librarse del pasado tirando los objetos de la pareja por la ventana, que desde ese día estarán marcados por esos dos conceptos: las relaciones tienden a fracaso y la música es un regalo del cielo.

De este modo, y tras un sucinto repaso por sus infancias, vemos donde ha llegado cada uno veinte años después: La historia de los treintañeros que pasan despreocupadamente por la vida, sin lograr sentar cabeza, anclados, tal vez, por su miedo en el pasado cómodo en vez del futuro oscuro e inseguro.

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Se nos ofrecen cuatro historias separadas: El miedo de Facundo al compromiso, la autocompasión utópica de Luciano, la desfasada inmadurez de Marcelo y la incapacidad de superar una ruptura de Damián. Todos son creativos, todos son artísticos en cierto modo, y todas sus historias se unen por ese elemento aglutinador que es la música. De hecho, el film hace un repaso magistral por todos los grupos y artistas musicales míticos de la segunda mitad del siglo XX. Las canciones de nuestra vida. Las melodías que nos han marcado.

¿Les suena, verdad? Habremos visto cintas semejantes en multitud de ocasiones. Pero es que desde aquí, Nesci teje su magia y nos ofrece una película diferente ¿Cómo lo hace? Aun sigo pensando en ello. Acaso sea porque, en lugar de buscar la carcajada fácil, el gag simplista, la sonrisa manida, la película comienza por reírse de sí misma. Se ríe de toda la absurda pretenciosidad del mundo cultural. Nadie se libra de su sátira: Músicos, artistas, escritores, medios, críticos… nadie se libra de su férrea sátira. ¿Para qué – parece decirnos – nos andamos con tanto artificio? En la música como en la vida, y sobre todo en el amor, a veces el no complicar las cosas es el mejor modo de obtener un buen resultado.

Mención especial en esta sátira merece el cameo de Leonardo Sbaraglia, que aparece interpretándose a sí mismo, como la personificación de todo lo absurdo del mundo cultural: Caprichoso, pretencioso, autocomplaciente. Su aparición en la película sirve para demostrar justo lo contrario de lo que se manifiesta en la obra: no es necesario un gran actor, un gran nombre, para hacer una buena creación.

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Al final, como es obvio, todo se solucionará para bien. Tendremos nuestros momentos de risa, y de amor, y de felicidad, y de soluciones. Es una película y todo debe acabar bien. El final, que ya conocemos, entra dentro de las cauces habituales. Pero ¿Cómo podría ser de otra forma? Al final, como dijo Schopenhauer, “En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro, y el mundo no es sino música hecha realidad”

 

Titulo: A ciegas

Director: Fernando Meirelles

Intérpretes:. Julianne Moore, Mark Ruffalo, Danny Glover, Alice Braga, Gael García Bernal, Sandra Oh

Nacionalidad: Brasil

Año de Producción: 2008

Guión: Don Mckaller (Novela: José Saramago)

Música: Marco Antônio Guimarães

Duración: 118 minutos.  

Valoración: 9/10

Miren que uno, fiel seguidor de la palabra escrita desde que contaba apenas con cuatro años, nunca ha sido devoto de José Saramago. El portugués y yo tenemos diferentes formas de ver la vida. Mientras que él solo ve maldad, yo veo esperanza. Mientras que él se hunde en las ciénagas del negativismo de Schopenhauer, yo busco la conciliación, como Kant. Debido a esto, creo que la único obra de este escritor que me ha llegado fue su Ensayo sobre la ceguera que me conquistó con esa frase de “En verdad aún está por nacer el primer humano desprovisto de esa segunda piel que llamamos egoísmo.”

Por eso me alegré mucho cuando supe que se haría una adaptación de este libro. Y aun más cuando me entere de que el personaje guía, el más carismático, iba a ser interpretado por Julianne  Moore, una gran actriz. Mis esperanzas no fueron defraudadas.

A Ciegas es una película larga, dura, quizá algo difícil. Como la obra de Saramago. Precisamente eso la distingue. En ese terreno medianamente farragoso encuentra su ritmo narrativo. Técnicamente está muy bien hecha, con un claro juego de luces y sombras que, en muchas ocasiones, incomodan a la vista, transmitiéndonos una sensación, si no de ceguera, por lo menos de continuo deslumbramiento

La película empieza con una persona que, repentinamente, se queda ciega en medio de una ciudad. No es una ceguera corriente. Las pruebas médicas descartan las causas corrientes por las que alguien puede perder visión. Asimismo, no ve, como suelen describir los ciegos, una inmensa negrura, sino que es lo contrario, una luz cegadora, un blanco luminoso.

El caso es que, poco a poco, sin saber cómo, esta ceguera se extiende entre quienes van teniendo contacto con este “enfermo” original. La situación se desborda y, precaución médica, se decide recluir a los casos de ceguera en un hospital para que estén en cuarentena. A su vez, este hospital se organiza por secciones.

La trama empieza cuando la mujer de uno de los pacientes, una increíble Julianne Moore, que puede ver perfectamente, decide acompañar a su marido al hospital para ayudarle. Es la guía, la única capaz de ver en un mundo de ciegos. De este modo, está con ellos pero no está. Puede ayudarles, pero no quiere que nadie descubra su secreto de que puede ver.

Poco a poco los enfermos se estructuran, como una sociedad, por secciones. Pero no todas las secciones hacen lo mismo. Como si fuera un micro universo, algunas secciones se organizan democráticamente, pero otras deciden ejercer un abuso de poder aprovechando las ventajas que puedan conseguir.

Es, como ya he dicho, una película dura. El hombre, sin su principal sentido, sin sociedad, sin avances, sin tecnología, sin leyes, sin gobiernos y sin tradición es un ser que se limita a seguir sus más bajos instintos, que busca su propia supervivencia ante una situación difícil, que ignora a los demás si puede favorecerse él mismo. El hombre es un individuo egoísta y despreocupado, en nada diferente a un animal.

De este modo, se nos transmite el particular nihilismo (y mira que es una teoría que jamás he compartido y nunca compartiré) de Saramago mediante la destrucción de la dignidad, la humanidad, y su símbolo, la ciudad. Hay escenas muy difíciles de tragar que hacen que uno se pregunte si merece la pena existir, si realmente la parte fuerte de nuestro cerebro es ese sistema reptiliano.

Pero justo cuando hemos llegado al paroxismo de la angustia, justo cuando estamos a punto de perder la esperanza, de tirar la toalla, llevados de la mano por Julianne Moore y su soberbia interpretación, la recuperamos. Encontramos una piza de humanidad. Los personajes, fuera ya de ese hospital, con el mundo para moverse, comienzan a adaptarse a su situación. Surgen otro tipo de sentimientos: El amor, la generosidad, la libertad. Meirelles lleva la Caja de Pandora hasta el límite, y justo cuando creemos que en esta ocasión también la esperanza va a escapar de la misma, volvemos a recuperar la ilusión. El nihilismo, la negatividad, la maldad.

Algunos verán esto como una crítica al hombre. Yo me quedo con el canto a la esperanza.

Titulo: El ilusionista

Director: Sylvain Chomet

Intérpretes:. Animación

Nacionalidad: Francia

Año de Producción: 2010

Guión: Sylvain Chomet,  Jacques Tati

Música: Sylvain Chomet

Duración: 76 minutos.    

Valoración: 9/10

Decía Balzac que “lo mas hermoso de la vida son las ilusiones de la misma”  Una bella cita que se puede sacar de uno de tantos artistas franceses, un país que siempre ha tenido una curiosa relación con el mundo artístico.

Precisamente, quien no comprenda el arte no podrá comprender esta película. Háganme caso: apaguen la cinta todos aquellos que pretendan entretenerse un rato, que pretendan deleitarse con los grandes efectos que trae últimamente la animación, que pretendan buscar una fábula moralista en este bello cuento que nos trae Chomet. Esta película no es para ninguno de ellos. Es para otros.

Los artistas galos siempre han tenido esa habilidad de saber dirigirse a cualquier público, fuera el que hubiese. Desde los enfermos tarantulados de Rabelais hasta los artistas rechazados de los impresionistas. Desde los revolucionarios exaltados a los que se dirigía Marat (Cuyas sátiras eran un arte) hasta los naturalistas de Zola y sus ganas de realidad.

Esta película es puramente de otro gran movimiento francés: El decadentismo. Para quien no lo sepa, en el decadentismo, que luego se desarrolló como crepcularismo en Italia, los autores ven la historia, la civilización, como el crepúsculo del sol, y encuentran belleza en ese fin, es como la ultima fuente de donde pueden sacar inspiración antes de que acabe. Por eso creen en la decadencia

Bueno, miento, no trata exactamente del decadentismo. Sino del comienzo del mismo.

Chomet nos presenta la historia de un ilusionista, el clásico mago de chistera y sombrero. Un hombre mayor, adusto, que sabe hacer bien su trabajo, que es capaz de tejer ilusiones para el público. Pero hay un problema. El público ya está saturado de este arte viejo y tantas veces visto. Los teatros de las grandes ciudades están vacíos. La gente se vende a nuevos artes, como grupos de música de jóvenes rockeros. La gente ya no quiere que la ilusionen.

Nuestro ilusionista comienza entonces un peregrinaje itinerante, buscando ganarse la vida, que le lleva a un pequeño pueblo perdido de Escocia, aislado de todo. Allí la gente sigue sorprendiéndose con sus juegos de manos. Tanto que, una niña, creyendo que puede hacer realmente magia, decide seguirle.

¿Han oído alguna vez eso de que mientras consiga hacer soñar a una persona, el arte merece la pena? Pues es la máxima de nuestro protagonista. Pretende mantener la ilusión de la niña de que él es un todopoderoso mago y puede conseguir lo que sea, les devuelve a Francia en peregrinaje. Allí, el Ilusionista tiene que ejercer diversos empleos para conseguir mantener las esperanzas de su protegida.

En un momento dado, acaba en una pensión con otros artistas. Titiriteros, acróbatas, y, el símbolo de los decadentistas por excelencia, el payaso triste (y suicida, en este caso) Todos están como él. Todos viven de su arte. Y su arte ya no interesa. Tienen que emplearse como vendedores, como mecánicos, como figuras de museo, como curiosidades de circo. Tienen que mendigar. El payaso intenta suicidarse. El ventrílocuo vende su muñeco, y por tanto, su vida.

A estas alturas de la película uno ya está con un nudo en la garganta y una espina en el corazón. Todos pueden permitirse ser vencidos por su tiempo salvo el Ilusionista, que debe mantener a la niña. Hasta que esta, como la sociedad, como el mundo, como es la vida misma parece decirnos la película, empieza a interesarse por chicos de su edad y por jóvenes que pueden darle una dosis de realidad y no de ilusión.

Es el comienzo del decadentismo, la muerte del arte, la crueldad del hombre moderno. Las ultimas escenas son simplemente sobrecogedoras. Uno tiene la sensación de que el arte ha muerto. Y lo que es peor, de que nuestro egoísmo, y nuestro pensamiento contemporáneo, hacen que no nos importe en lo más mínimo.

Es la balada de los melancólicos, construida con un fantástico estilo anticuado. Una pequeña obra de arte, y nunca mejor dicho, en apenas poco más de una hora. Muy recomendable para reflexionar sobre los tiempos modernos, sobre el arte, y sobre la vida misma. Y si alguien no acaba clamando, entre lágrimas, “Magicians Exist”, le devuelvo el dinero de su entrada. Que sean felices. Si pueden.

Titulo: Fase 7

Director: Nicolás Goldbart

Intérpretes: Daniel Hendler, Jazmín Stuart, Federico Luppi, Yayo Gurdi, Abian Vainstein, Carlos Bermejo

Nacionalidad: Argentina

Año de Producción: 2011

Guión: Nicolas Goldbart

Música: Guillermo Guareschi

Duración: 95 minutos.    

Valoración: 7/10

Muchos autores clásicos han reflexionado sobre la guerra tal y como la conocemos hasta ahora. A mi me gusta mucho esa frase de Albert Camus que dice “Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mí es la soledad infinita” Podríamos decir que esta película, un fantástico trabajo de Nicolás Goldbart, explora esta sentencia, con una crítica muy velada a todo el mundo moderno.

Para ello, se nos pone en la piel de Coco (Daniel Hendler) y Pipi (Jazmín Stuart) una pareja de despreocupados treintañeros recién mudados a su nueva casa. Un día, al volver de hacer la compra, descubren que se ha detectado una pandemia. La OMS está aplicando cuarentenas para controlar la expansión, con toda la parafernalia (Plástico para proteger los hogares, trajes protectores de cuerpo entero, ya imaginan) y su edificio resulta aislado. Coco y Pipí quedan, pues, hasta nuevo aviso, con lo que tienen atrapados junto a sus vecinos: el misterioso Horacio (Yayo Gurdi) el solitario Zanutto (Federico Luppi) y un par de familias, de las que solo conocemos a los patriarcas (Carlos Bermejo y Abian Vanstein)

A medida que pasa el tiempo, escasean los viveres, aumentan los nervios y comienza a surgir la faceta oscura del hombre por su supervivencia. Alianzas, planes conspiratorios, traiciones y sorpresas están a la orden del día. Cada uno debe proteger el contenido de su despensa y tratar de mantener vivos a los suyos. Coco tendrá que aprender sobre la marcha a tomar responsabilidades, y a saber en quien puede confiar. Los acontecimientos le llevaran a aliarse con el paranoico Horacio, un vecino que esconde muchos ases en la manga. Pero no es el único.

Con todo este cóctel de elementos, Goldbart nos ofrece un film que mezcla la comedia negra con el cine de acción, que contiene una gran cantidad de guiños a películas más clásicas del género como La Comunidad, de Alex de la Iglesia. Su fuerza radica en sus personajes, especialmente en el trío protagonista (Daniel Hendler, Yayo Gurdi y un Federico Luppi en un registro inesperado, mezcla de El Castigador y el cazador Van Pelt, pero realizado de forma sublime) que tiene una química en pantalla que mantendrá al espectador en vilo en todo momento.

Y ahí destaca su otra gran virtud; sin ser una película excesivamente creíble, pues encuentra su ritmo en la exageración y la irracionalidad, mantiene un tono realista y cotidiano que, por decirlo así, es como si el realismo mágico se tomara a coña y se llevase al cine. Resulta altamente entretenido. No en vano ganó el premio al mejor guión en el Festival de Sitges en 2010.

Como contrapunto negativo, podemos hablar especialmente del final, pues en una cinta que tiene la reinvención como virtud, finaliza con la solución más fácil, más esperada y que ya hemos visto tantas veces que nos parece tan parte de la película como los títulos de crédito. Sin embargo, esos últimos cinco minutos, aunque la empañan un poco, no llegan a desmerecer los 90 restantes de un largometraje diferente, bien realizado y con voz propia.

El comienzo de la mejor escena del film

Titulo: Desayuno en Plutón

Director: Neil Jordan

Intérpretes: Cillian Murphy, Liam Neeson, Ruth Neega,  Laurence Kinslan, Brendan Gleeson, Ian Hart.

Nacionalidad: Irlanda

Año de Producción: 2005

Guión: Neil Jordan & Patrick McCabe

Música: Varios

Duración: 129 minutos.  

Valoración: 8/10

Decía Gerardo Diego que “A la hora de la verdad, que es la de buscarse a sí mismo en lo objetivo, uno olvida todo y se dispone a no ser fiel más que a su propia sinceridad.”

Esta película habla de eso. De la objetividad y la búsqueda de uno mismo. De la sinceridad y los problemas que esta acarrea. Con una interpretación de Cillian Murphy que solo se puede calificar como magistral, y unas cuantas pinceladas, veremos la vida de Patrick “Kitty” Braden y el camino que sigue para encontrarse. Pero vayamos por partes.

Siempre es complicado tratar temas controvertidos en cualquier manifestación cultural. Atendiendo a ese sabio refrán que dice que nunca llueve a gusto de todos, es muy posible herir sensibilidades por encuadrarlo de cierta manera, o por el contrario, por no querer ahondar en viejas heridas quedarse en la superficie y banalizar temas importantes. El primer gran valor de este film es que trata, no ya uno, sino dos temas ‘tabú’ como son la transexualidad y el IRA.

Porque la película está ambientada en los años 70. Comienza, como tantas otras historias de la vida, con un niño abandonado al nacer en un pequeño pueblo de Irlanda, y que, a medida que va creciendo, se va dando cuenta de que es diferente al resto. ¿Se trata de un elegido para una épica hazaña? No ¿Acaso tiene poderes mágicos que le hacen destacar? Tampoco. La diferencia de Patrick Braden es puramente sexual. Ya desde muy joven, vemos al niño crecer fascinado por el mundo femenino, por el que siente una afinidad. Pese a los denostados intentos de una sociedad que no le comprende por llevarle por el “camino correcto”, el joven tiene cosas más importantes en que pensar.

Y es que sin una referencia paterna en casa, y a falta de una materna que le llene, Patrick dedica todos sus esfuerzos a soñar con sus padres. Sabe que su madre es una joven muy parecida a la actriz Mitzi Gaynor, y que vive en Londres, en paradero desconocido. A su padre le tiene más cerca; es el párroco del pueblo, un serio sacerdote llamado Liam Neeson. La sordidez de su concepción fascina a Patrick.

En plena Irlanda conservadora y religiosa, con los problemas  de la Guerra interna que desangró el corazón de este noble país, Patrick escandaliza a todo el mundo. Padres y profesores se desentienden de él. Orgulloso de su condición homosexual, y buscando asemejarse al bello sexo, Patrick emprende un camino por toda Irlanda para descubrir quien es. En esta nación rota, donde otros solo ven solución en armas y bandas, el chico va saliendo adelante sin traicionar quien es, solo mediante su astucia y sus dotes de seducción.

Siempre buscando algo más, al final llegará a Londres, la ciudad que nunca duerme, para buscar a su madre, la misteriosa dama fantasma a la que nadie parece poder localizar.

No es solo que Cillian Murphy consiga un registro increíble, gracias a sus ojos azules y su cara de niño, y llegue a parecer un auténtico transexual. Es que el reparto que le rodea es increíble también. El severo pero humano Liam Neeson haciendo de sacerdote, el obrero explotado que es Brendan Gleeson, el joven revolucionario Laurence Kinlan, o una Ruth Neega, que será el incansable apoyo de Paddy, completan un elenco de personajes que nos llegan al alma al ir viéndoles crecer.

Además, la banda sonora de la cinta es increíble, una auténtica delicia para los oídos, complementando muy bien lo que vemos en pantalla y que es un buen repaso por la historia del sonido británico.

En resumen, una gran película, y además algo diferente a lo que estamos acostumbrados a ver.

Titulo: Maktub

Director: Paco Arango

Intérpretes:. Diego Peretti, Aitana Sánchez-Gijón, Goya Toledo, Andoni Hernández, Jorge García

Nacionalidad: España

Año de Producción: 2011

Guión: Paco Arango

Música: Nathan Wang

Duración: 113 minutos.  

Valoración: 7/10

El español medio, como decía Larra en su famoso Vuelva usted mañana, tiene por costumbre ser especialmente crítico para con su propio país, probablemente porque ya conoce el modus operandi de sus compatriotas. Por eso parece que siempre que vamos a ver cine español, entramos a la sala con un cierto prejuicio, prejuicio que en ocasiones como esta debemos obviar.

Se puede decir de Maktub que no es una historia original, que busca el sentimentalismo fácil desde el primer minuto o que, técnicamente, parece hecha en el siglo pasado. Pero el conjunto, el cómputo global, es bueno.

La película tiene dos objetivos: pretende ser un homenaje a Antonio Gonzalez Valerón, un chico canario que murió de cáncer y no pudo cumplir su sueño de ser un prestigioso rapero. Por ello el tema principal de la BSO (Nuestra Playa Eres Tu) está interpretado por sus dos mejores amigos, y vemos un par de escenas francamente interesantes en las que el protagonista (muy bien interpretado por un debutante Andoni Hernández) se evade al ritmo de esta música con unos cascos mientras el mundo gira a su alrededor.

El otro objetivo de esta película también tiene que ver con el personaje real de Antonio, a quien Paco Arango conoció personalmente. Es una apelación al vitalismo de este chico, que contagiaba su lucha a todos los demás, como el decía “Nunca se puede tirar la toalla, hay que salir al ring a pelear” Ese vitalismo se nos transmite a través de su personaje, que cambia la vida de aquellos a quienes conozca.

El guión es típico, sí, la clásica historia navideña donde priman los buenos sentimientos. Pero actores de la talla de Aitana Sánchez-Gijón o Amparo Baró ponen su carisma a disposición de la cámara para que recordemos un mensaje positivo que a veces olvidamos. La serenidad ante un mal final, la esperanza, el optimismo, la potestad de cada uno de luchar porque las cosas vayan bien en lugar de quejarse… Todo eso se nos transmite en una cinta cuyo título hace referencia a una palabra árabe: Maktub. Estaba escrito. No hay casualidades, hay cosa que son cuestión de destino.

Es extraño el hecho, recalcamos, de que no parezca cine español. Buena expresión, respeto a las diversas opiniones sobre temas como Dios o el destino, hay positivismo, hay esperanza o muy poca referencia al monotema español, y bien llevada hacen que este film demuestre que se pueden superar las barreras, a veces auto impuestas, que no nos permiten liberar nuestro potencial.

También son destacables, en mitad de este drama alentador de la esperanza, los momentos cómicos, que ayudan a resaltar esa idea de la posibilidad de ser feliz en medio de un panorama negro.

Grandes Olvidados(II): Tomcats

Publicado: 1 abril 2009 de Miguel de la Asuncion en Críticas
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Decirme que no os hace gracia solo esta foto...

Decirme que no os hace gracia solo esta foto...

Hay películas que parecen mucho menos de lo que son en realidad, y te llevas una grata impresión porque el factor sorpresa juega a tu favor. Me pasó viendo Gladiator, que esperaba que fuese la tipica película de acción sin nada de profunidad. Me pasó con Mi vida sin mí, que pensaba que sería la típica españolada en la que lo único importante sería mostrar carne. Y en comedia, me pasó con Tomcats, conocida en España como Juerga de Solteros.

Obviamente , no es una película de grandes actores(los dos que encabezan el reparto, Shannon Elizabeth y Jerry O’Conell son actores algo segundones) grandes escenarios o grandes historias. A Tomcats la encabezan sus ganas y su gran sentido del humor. Es igual que un equipo pequeño, aunque no tenga mucha calidad, en un arranque de casta siempre puede ser mejor.

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Por lo pronto nos encontramos con humor fácil desde el principio. En vez de tener que aguantar,como en otras pelis, música machacona mientras vemos el largo desfile de nombres contribuyentes, en Tomcats encontramos en los créditos iniciales una parodia de Rasca y Pica pero con un gato y un perro, que pelean por una chica.

Jerry O'Conell se basta y se sobra para hacer la peli

Jerry O'Conell se basta y se sobra para hacer la peli

Luego nos encontramos con un guión que pasa de líneal a genial. Una historia simple (el tío con miedo al compromiso que se arruina y luego se enamora cuando menos se lo espera) es tratada en esta hora y media con un cuidado exquisito. Aunque la película va(alguien lo duda con ese titulo?)encaminada al humor sexual, este es tratado como algo cotidiano, teniendo asi probablmente la aproximación más real a la vida misma.

Pero Shannon Elizabeth, pues también ayuda

Pero Shannon Elizabeth, pues también ayuda

Se entra en un mundo que se conoce. Los celos, el alcohol, la vivencia despreocupada, el amor, la sopresa, e incluso hay tiempo en esta película para temas como la cultura y la religión. Todos ellos, girando en torno al sexo. ¿Y acaso ese no es el tema de este mundo? Tratar de encontrar placer en él ¿No es lo que busca todo el mundo que sale un sábado por la noche? Es precisamente eso lo que hace de esta una buena peli.

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Aparte, los chistes faciles y las escenas absurdas son sencillamente buenisimas. Tratando cosas como el rídiculo, las apariencias o la banalidad, pero todo ello relacionado de manera increible con el argumento principal. Es sencillamente buenisimo.

Tal vez sea porque a mi me gusta el humor fácil, tal vez porque contiene la escena con la que mas me he reído en mi vida, o tal vez porque hasta que salió American Pie 2 consideraba que esta comedia no tenía rival. Pero a mi me encanta, y por ello le voy a dar la máxima puntuación, y os aseguro que no voy a calificar así muchas películas.

Nota final 10/10 y recomendadísima para cualquier momento. De hecho os confesaré que si estoy de bajón, esto y el derbi que gano el Estu hace 2 años es lo que suelo ver para animarme.