Posts etiquetados ‘Estados Unidos’

  • Título: Esto es la guerra
  • Director: McG
  • Intérpretes: Reese Witherspoon, Chris Pine, Tom Hardy, Til Schweiger, Chelsea Handler, Angela Bassett
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2012
  • Género: Comedia romántica
  • Duración: 98 min
  • Guión: Tim Dowling, Burr Steers, Marcus Gautesen
  • Música: Christophe Beck
  • Calificación: 1,5/10

Durante los últimos años, la industria de Hollywood se ha especializado en producir un tipo muy concreto de comedias románticas: aquellas que, independientemente de las características de sus personajes, vuelcan todas sus aspiraciones cinematográficas en un compendio de tópicos. Esto es la guerra no es más que el enésimo subproducto que trata de vendernos una idea mil y una veces explotada en el cine norteamericano.

La premisa del filme que dirige McG (director de Terminator Salvation) es que nos atraiga el triángulo amoroso que forman una mujer de mediana edad, que ha atravesado por varios fracasos amorosos, y dos aparentes “tipos duros” que trabajan en una agencia de investigación secreta. Desde luego, el planteamiento inicial ya peca de una falta de credibilidad considerable, pero la puesta en práctica es desastrosa.

Para empezar, durante la hora y media que dura la película se entremezclan la comedia romántica y un bochornoso intento de thriller, orquestado cuando ambos agentes persiguen a un delincuente internacional. Resulta lamentable ver a dos buenos actores como Reese Witherspoon y Tom Hardy mezclados en este engendro que avanza irremediablemente por un camino que ya nos conocemos de sobra. Es casi un delito de propiedad intelectual atribuir este guión a alguien, puesto que éste se nutre de toda la historia reciente del lado más malo de Hollywood, sin que exista un mínimo resquicio de originalidad. No faltan a la cita la amiga lujuriosa, los serviciales compañeros de trabajo (lamentable que destinen recursos públicos para fines privados con la que está cayendo) o los presuntos “malos” que más bien parecen payasos de circo sobreactuados. Aun con todas estas lacras, podría haber salido algo mínimamente potable de no existir ciertas situaciones que se asemejan a las que podemos encontrar en cualquier telefilme de Antena 3 los sábados por la tarde, donde la vergüenza ajena y los inverosímiles giros de guión alcanzan su cota más alta.

Olvidada toda posibilidad de encontrar algo aceptable en el lado artístico de la película, es necesario plantearse una reflexión sobre su vocación comercial. ¿Hay gente que sigue pagando por ver cosas como ésta? Desde luego, no cabe en este caso la justificación de “yo voy al cine para entretenerme” porque, ¿qué entretenimiento puede haber en ver otra vez lo mismo de siempre, sin ningún rastro de química entre los actores, sin posibilidad de esbozar siquiera una sonrisa a pesar de que estamos ante una supuesta comedia, y todo ello de la forma más mascadita posible? Una cosa son las películas comerciales y otra cosa son las tomaduras de pelo. Adivinen a cuál de éstas categorías pertenece Esto es la guerra.

PD: Una pregunta más… ¿Era necesario contratar a tres guionistas para esto?

ElHobbitarjhasklda

  • Título: El Hobbit: Un viaje inesperado
  • Director: Peter Jackson
  • Intérpretes: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, James Nesbitt, Aidan Turner, Graham McTavish, Jed Brophy, Stephen Hunter, Hugo Weaving, Cate Blanchett, Andy Serkis, Christopher Lee, Elijah Wood, Ian Holm.
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2012
  • Género: Aventuras
  • Duración: 166 min
  • Guión: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, Guillermo del Toro (Novela: J.R.R. Tolkien)
  • Música: Howard Shore
  • Calificación: 08/10

Tras la exitosa trilogía cinematográfica de El Señor de los Anillos, Peter Jackson regresa con la adaptación de El Hobbit, de J.R.R. Tolkien. A modo de precuela, El Hobbit: Un viaje inesperado nos introduce en la piel de Bilbo Bolsón, quien se embarcará en viaje junto al mago Gandalf y un grupo de enanos en busca de la tierra de Erebor, conocido como la Montaña Solitaria, lugar que guarda un tesoro protegido por el implacable dragón Smaug.

Cuando en 2001 se iba a estrenar El Señor de los Anillos: la comunidad del anillo, pocos creían que el director Peter Jackson fuese a realizar un buen trabajo en la adaptación de tan mítico libro de J.R.R. Tolkien. Había mucho que contar, demasiados personajes que presentar en apenas tres horas, decían los escépticos. Sin embargo, el neozelandés logró elaborar una más que notable película, encumbrada por su ambientación y su banda sonora. Sus dos secuelas no hicieron sino mejorar la calidad cinematográfica de la primera parte; no en vano, El Retorno del Rey se llevó once Premios Oscar, entre ellos el de mejor película y mejor director.

Tras el rotundo éxito de la trilogía, Jackson volvió a emprender una idea que permanecía en su cabeza desde la década de los 90: la adaptación de El Hobbit, también escrita por Tolkien, y que de hecho permitió al británico escribir posteriormente El Señor de los Anillos. Sin embargo, se presentaban dos problemas. Por un lado, el carácter más infantil de El Hobbit respecto de la trilogía que le sucedió (hay que recordar que en un principio Tolkien escribió la novela para sus hijos y no con un carácter comercial). Por otro lado, su escaso volumen: poco más de trescientas páginas. Una cifra escasa, que lo es más aún si tenemos en cuenta que Jackson planeó desde el principio dividir El Hobbit en tres películas. Con este dato, los más pesimistas vaticinaron que la adaptación al cine poseería cantidades industriales de ‘relleno’ para compensar la escasa duración que en un principio podría tener.

Sin embargo, desde los primeros minutos podremos comprobar que las críticas negativas hacia la obra de Jackson no girarán en torno a este punto. Al comienzo, la película nos traslada al agujero-hobbit de Bilbo Bolsón (interpretado de nuevo por Ian Holm en su versión anciana), quien escribe una carta a su sobrino Frodo narrándole una fabulosa historia en la que se embarcó sesenta años antes. Una historia que comienza en una tranquila mañana de la Comarca, con la llegada del mago Gandalf a la casa de Bilbo (ahora caracterizado por Martin Freeman). Esa misma noche, el hobbit recibe la visita de trece enanos, que le proponen embarcarse en un viaje arriesgado pero con un valiente propósito: recuperar en Erebor el tesoro y el reino que el dragón Smaug arrebató a los enanos hacía ya muchos años. A pesar de las dudas iniciales de Bilbo, el hobbit decide aceptar la difícil empresa y se une a los enanos y a Gandalf en un viaje que les deparará muchas dificultades en forma de orcos, trasgos, trolls… Y también algún viejo conocido de El Señor de los Anillos.

Rodada con la novedosa tecnología 3D a 48 fotogramas por segundo (el doble que hasta ahora), El Hobbit: un viaje inesperado no disminuye un ápice la calidad audiovisual de sus predecesoras. La fotografía y el diseño artístico permanecen enmarcados en una belleza casi sin parangón, a pesar de que se pierde buena parte de la epicidad que otorgaban los escenarios de El Señor de los Anillos. Lo que sí ha facilitado la tecnología es el diseño de los personajes no humanos, particularmente los trasgos y los trolls, cuyos rasgos faciales se ven claramente más definidos. La banda sonora, si bien se le puede achacar que en ciertos momentos recuerda excesivamente a la de la consabida trilogía, mantiene muy bien el tipo y facilita la inmersión en la película. Aquí también hay que destacar los efectos sonoros, que en el transcurso de cada batalla logran un impacto sensorial que hace temblar los oídos del espectador. Tampoco hay que achacar nada a la caracterización de Martin Freeman como Bilbo. El británico cumple con lo que se esperaba de él, dando vida a un personaje cuya interpretación en principio no gozaba de demasiada dificultad por el propio carácter templado que Tolkien imprimió al hobbit en su obra.

Por tanto, El Hobbit: Un viaje inesperado es una película totalmente recomendable a aquellos que quedaron fascinados con la trilogía de El Señor de los Anillos de Peter Jackson. Pese a que en esta ocasión se pierda el factor sorpresa y parte de la gran carga épica de las anteriores películas, la nueva adaptación de Jackson merece una oportunidad. No olvidemos que esta película, al igual que las anteriores, es sólo la primera parte de una obra coral que quedará completa con las dos inminentes secuelas: El Hobbit: La desolación de Smaug se estrenará en 2013 y El Hobbit: Partida y regreso, con la que concluirá la nueva trilogía en 2014.

Hobbioarsjroai

  • Título: Winter’s Bone
  • Director: Debra Granik
  • Intérpretes: Jennifer Lawrence, John Hawkes, Lauren Sweetser, Sheryl Lee, Kevin Breznahan, Isaiah Stone
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2010
  • Género: Drama / Thriller
  • Duración: 100 min
  • Guión: Debra Granik, Anna Rosellini (Novela: Daniel Woodrell)
  • Música: Dickon Hinchliffe
  • Calificación: 7/10

En los helados bosques de Missouri, la joven Ree Dolly (Jennifer Lawrence) recibe la noticia de que su padre Jessup, nada más salir de prisión preventiva, ha desaparecido misteriosamente. Si  Jessup no se presenta al juicio, Ree perderá la casa y con sus dos hermanos y su enferma madre se verá obligada a vivir en la fría naturaleza. Por tanto, Ree se pondrá manos a la obra y lo dejará todo para localizar a su progenitor.

Desde hace algunos años, la Academia de Hollywood suele colar una película de cine independiente entre las candidatas al Oscar a mejor película. Algunas han obtenido mejores resultados que otras (no olvidemos que En tierra hostil ganó la estatuilla en 2009), pero casi todas han acabado más o menos sepultadas en el olvido.

El caso de Winter’s Bone no dista mucho de esa tesitura. Se trata de una película más que correcta, buena, que se puede disfrutar plenamente durante el poco más de hora y media que dura. Pero poco de ella perdura, no hay escenas memorables, ni frases lapidarias, ni siquiera un mensaje que tenga opciones de calar en el público. Pero seríamos injustos en catalogar a la obra de Debra Granik como una película prescindible. En estos tiempos aciagos para el género western, Winter’s Bone es un ejercicio más o menos cercano a lo que otrora era considerado como la cuna de varias de las mejores películas norteamericanas. No en vano, ya la protagonista muestra indicios serios de que podría aparecer en cualquier obra de los Ford, Peckinpah o Howard Hawks. Ree es un personaje sombrío, con una gran responsabilidad pero que lucha con las pocas fuerzas que le quedan en un entorno hostil. Esto no se podría haber conseguido, lógicamente, de no ser por la gran actuación de una Jennifer Lawrence a la que, decepcionantemente, se la recordará más por su papel en la fastuosa Los juegos del hambre.

La atmósfera con la que Granik dota a su obra es digna de los mejores ambientes crepusculares del Lejano Oeste. Sin pistolas, sin sombreros ridículos, sin arena y sin saloons, pero con muecas despectivas, palabras áridas y mucha mala leche, Winter’s Bone intenta teletransportarnos a una época que en el cine considerábamos ya como irremediablemente perdida. Y es que, pese a que pocos se hayan atrevido con ello, la actualidad también puede ser una digna etapa en la que situar un western. De momento, Winter’s Bone ha dado un paso muy importante. Ahora sólo hace falta un guión más sólido para dar cobertura a tan buenas intenciones que Granik nos proporciona en este notable, pero olvidable, intento de reverdecer viejos laureles.

  • Título: El velo pintado
  • Director: John Curran
  • Intérpretes: Naomi Watts, Edward Norton, Liev Schreiber, Toby Jones, Diana Rigg, Anthony Wong, Chau-Sang
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2006
  • Género: Drama romántico
  • Duración: 125 min
  • Guión: Ron Nyswaner (Novela: W. Somerset Maugham)
  • Música: Alexandre Desplat
  • Calificación: 8,5/10

El velo pintado no es uno de esos dramas románticos que buscan la lágrima fácil. Aquí no hay palabras grandilocuentes ni situaciones forzadas para que el espectador se enternezca artificialmente. La obra de John Curran va más allá, pretende construir, a partir de la belleza de sus imágenes y de la impecable banda sonora, un relato lo más verídico posible que además nos inmiscuya en la trama de tal manera que no se pierda el mágico toque que siempre se espera de este tipo de películas: que golpee al alma, pero de manera sincera, directa y tratando que perdure lo máximo posible.

Todo comienza en la Inglaterra de los años 20. Kitty, mujer de alta sociedad y harta de ser considerada como una vulgar ‘solterona’, decide casarse con Walter, un joven médico. Pronto, Kitty se da cuenta de que no ama a su marido lo más mínimo. Entonces, Walter decide llevarse a su mujer a una remota zona de China, donde el médico será la última esperanza ante el cólera que está asolando a la población.

Sin embargo, estas escenas iniciales no hacen justicia a la película. Los primeros veinte minutos pecan de mucha vulgaridad, reinando a sus anchas el tópico e incluso el sopor. Pero cuando la acción nos traslada a la China del cólera, todo cambia. Lo que antes era lúgubre y casi intrascendente, pasa a ser lírico y conmovedor. Es aquí cuando El velo pintado comienza de verdad, cuando la fuerza de sus imágenes se desliza tan suavemente por nuestros ojos como la excelente banda sonora lo hace por los oídos. No encontraremos unos diálogos que hagan historia, pero sí un material audiovisual que roza lo sensacional. El trabajo en la fotografía es absolutamente impecable, y realmente extraña que no haya sido tan valorado por los premios cinematográficos como el de la banda sonora, que cosechó un merecido Globo de Oro (recordemos que competía con La fuente de la vida, muy lograda desde el punto de vista musical).

Por si fuera poco, El velo pintado puede presumir de reunir a tres de los mejores actores de estos últimos años. Quizá vaya siendo hora de dar a Norton y Watts el reconocimiento que se merecen. No sólo por esta película, donde clavan sus papeles, sino por sendas carreras que posiblemente estén alcanzando ya la madurez. Menos reconocido por el gran público es Schreiber (quien, casualmente, sería un año después el protagonista de la adaptación cinematográfica de la novela El amor en los tiempos del cólera), pero que también cumple con nota en su breve actuación.

Resulta difícil recomendar a alguien, por vía textual, una película que se basa casi exclusivamente en su fuerza audiovisual para alcanzar tal grado de belleza y sobriedad. Un dato importante es que cualquiera puede disfrutar de El velo pintado, desde los primerizos hasta los cinéfilos. Quizá el público que más debería huir de la obra de Curran (que, por cierto, dirigió una más que pésima Stone hace dos años) sea el de los “talibanes del guión”. Como ya hemos mencionado, es la parte más coja de la película, y quizá hubiera hecho falta un poco más de metraje para solucionarlo, pero es un guión que no sonroja por lo escueto, ni por lo tópico, ni porque le falten detalles, sino que, simple y llanamente, palidece ante el verdadero valor del cine: lo audiovisual, que en El velo pintado alcanza una de las mayores cotas de este siglo XXI.

  • Año: 2012
  • País:  Estados Unidos
  • Duración: 120 minutos.
  • Director:  Ben Affleck
  • Reparto: Ben Affleck, John Goodman, Alan Arkin, Bryan Cranston, Taylor Schilling, Kyle Chandler, Victor Garber, Michael Cassidy, Clea DuVall, Rory Cochrane, Tate Donovan, Chris Messina, Adrienne Barbeau, Tom Lenk, Titus Welliver
  • Género: Thriller. Intriga. Drama
  • Puntuación: 8/10

Con esta película, me ha sucedido como tantas otras: vas a verla de forma inesperada, sin saber muy bien que vas a ver y acabas pensando que ha merecido la pena el esfuerzo que has hecho por estar delante de la pantalla.

En el inmenso juego geoestratégico en el que los Estados Unidos llevan desde el final de la segunda guerra mundial, protagonizando; uno de los escenarios más desconocidos o tal ve, de los recientemente más olvidados, quizá porque vuelve a estar en primera línea; sea la participación en Irán. No me corresponde a mi, narrar lo que pasó, porque esa pequeña introducción que se necesita para entender lo que sucede, ya lo hacen en la cinta en los diez primeros minutos (aunque como siempre, abogo por que se consulten más fuentes para entender el problema de Irán-Estados Unidos, más a fondo).

La película se inicia en 1979, cuando la embajada estadounidense de Teherán fue ocupada por un grupo de iraníes, el personal que trabajaba allí fue hecho prisionero para conseguir que Estados Unidos, llevase a Irán a su antiguo mandatario, el Sha de Persia; para que fuese juzgado por sus crímenes. Entre todo el revuelo, seis diplomáticos estadounidenses consiguieron escapar y ocultarse en la embajada de Canadá. Mientras, el gobierno intenta rescatar a los prisioneros;  la CIA y el gobierno canadiense idearon un plan para rescatar a los diplomáticos fugados. Para ello se recurre a un mago del disfraz y a  un agente de la CIA, los cuales preparan la operación de rescate tras el escenario del rodaje de una película, “Argo”, en la que participaba un equipo de rodaje canadiense que buscaba exteriores en Irán.

Ben Affleck ha conseguido sorprenderme una vez más. Porque en esta película no se ha dedicado solamente a dirigir sino que lo ha hecho muy bien. Lo más conseguido de todo es como se consiguió mezclar el cine con la política, porque no podemos olvidar que el cine es eso: una ficción y en este caso, esa ficción fue la que consiguió que en la vida real se pudiese rescatar a unas personas que de encontrarlas ya estaban sentenciadas a muerte. Así que en este caso aquello de que la realidad supera a la ficción y además le da una vuelta de tuerca no puede ser más acertado. Además se consigue mantener la tensión a lo largo de las dos horas que consigue mantenerte pegado a la butaca. Y es que me ha recordado a esas películas capaces de desquiciarte por la enorme carga de sutiles situaciones donde nada es lo que parece, y en cualquier momento va a aparecer algún detalle que puede dar al traste con todo lo ya construido.

En cuanto al reparto, quizá el más flojo de todos sea el propio Affleck, el que personalmente creo que hace un papel correcto sin más;  puede ser, que no sea un actor soberbio, pero ha sabido rodearse de buenos actores: con un John Goodman perfecto, Alan Arkin que narra como nadie la verdad de lo que ocurría en aquel turbulento Hollywood (“Si hay caballos es un Western”), y el camaleónico y soberbio Bryan Cranston.

Una historia creíble, acida, satírica y tensa. Donde la mayor de las reflexiones es que a pesar de las impresiones que podamos tener, nada es lo que parece, y que a lo mejor debemos mirar más a nuestro alrededor para saber lo que realmente ocurre.

  • Título: Acero puro
  • Director: Shawn Levy
  • Intérpretes: Hugh Jackman, Dakota Goyo, Evangeline Lilly, Anthony Mackie, Kevin Durand, James Rebhorn
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2011
  • Género: Ciencia Ficción
  • Duración: 126 min
  • Guión: Leslie Bohem, John Gatins, Dan Gilroy, Jeremy Leven (Cuento: Richard Matheson)
  • Música: Danny Elfman
  • Calificación: 02/10

En el año 2020, el boxeo es cosa de robots. Los combates entre seres humanos han dejado paso a mega-construcciones de metal que luchan hasta la desintegración. En estas circunstancias, antiguas glorias del ring como Charlie Kenton se dedican a enseñar el deporte a estas máquinas, de una manera muy similar a la de un videojuego. Pero mientras, Charlie también se tendrá que ocupar de su hijo Max, que se ha quedado huérfano de madre y que también dejará huérfanos los dedos de la mayoría de los espectadores, que tendrán que comerse las uñas para paliar la crispación que genera su personaje.

En principio, el planteamiento parece aceptable. De hecho, es bastante creíble que en un futuro no muy lejano pueda existir una competición similar a la que nos presenta Acero puro. Además, los efectos especiales que adornan los movimientos de los robots están muy conseguidos (algo lógico, teniendo en cuenta el dinero que hay de por medio). Desgraciadamente, es lo único positivo que acabaremos sacando de esta obra.

Porque, como decíamos, no puede existir una película mínimamente aceptable si uno de los actores protagonistas no hace más que irritar al espectador fotograma tras fotograma. Hablamos de Dakota Goyo, un niño que posiblemente tenga poca culpa de lo que sucede con su personaje en las dos horas de película. Cuando sea más mayor, y vuelva a ver la que fue su primera gran película, quizá se tape la cara con una almohada y reniegue de la interpretación por siempre jamás.

Shawn Levy tiene el dudoso honor de dirigir a uno de los niños más repelentes de la historia del cine. Hay que dejar claro que el pabellón estaba bastante alto, si tenemos en cuenta casos como el de Jurassic Park o el Anakin de La amenaza fantasma. Pero nos tememos que, después de ver Acero puro, el personaje de Goyo ha superado todos los listones en lo que a repulsión se refiere. Desde la primera vez que aparece en pantalla, ya intuimos que algo no va bien. Si nos imagináramos a un niño de 11 años que acaba de perder a su madre, veríamos a un joven hundido, con la cabeza gacha y los ojos rojos del llanto. Pues bien, Goyo es la antítesis de ello: un niño con semblante chulesco y actitud prepotente. Esto, unido a la pinta de pijo y consentido que luce el susodicho, hace despertar un carácter asesino en el espectador tan feroz que ninguno de los poderosos robots de la cinta conseguiría aplacar.

A partir de ahí, ya era difícil arreglar la situación, pero si seguimos viendo la película (cosa difícil, ya que a la media hora dan ganas de perder el tiempo de otra manera), comprobaremos que no hace más que empeorar. La historia se mueve entre tópicos y momentos más que trillados, dando la sensación de que estamos ante un mero copypasteo de otras películas. Todo esto, aderezado con un niño que a cada minuto que pasa resulta más odioso (cuando se pone a bailar ya es algo surrealista), un Hugh Jackman que se ve desbordado ante tanta inutilidad (menos mal que le han pagado bien) y una Evangeline Lilly que está ahí para lucir palmito (desgraciadamente, sólo en un par de escenas).

Por tanto, Acero puro parece una película que sólo se puede recomendar a los tiernos infantes que en su corta vida todavía no han visto mucho cine. Para el resto de mortales, la mejor opción sería hacer una sesión doble: primero Acero puro y, acto seguido, Carrie. Con el paso de los días, posiblemente tengas la sensación de que ambas películas son en realidad la misma y que la mítica niña demoníaca Carrie fulminó con una buena tunda al odioso pijo de Acero puro.

  • Título: The Fighter
  • Director: David O. Russell
  • Intérpretes: Mark Wahlberg, Christian Bale, Amy Adams, Melissa Leo
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2010
  • Género: Drama
  • Duración: 115 min
  • Guión: Scott Silver, Paul Tamasy, Eric Johnson (Historia: Paul Tamasy, Eric Johnson, Keith Dorrington)
  • Música: Michael Brook
  • Calificación: 7,5/10

No es ningún secreto que boxeo y cine se llevan muy bien. Quizá demasiado, ya que tras el éxito comercial de Rocky y el aplauso casi unánime de la crítica a Toro Salvaje, una multitud de películas sobre el deporte del cuadrilátero saltaron a la pantalla. Casi todas ellas estuvieron muy por debajo de lo esperado, en especial todas las secuelas de la obra de Stallone. Algunas sí dieron la talla, como Cinderella Man o El luchador, apostando más por penetrar en la vida del deportista, dejando de lado lo que sucede dentro del ring. Por eso, el proyecto de The Fighter no parecía convencer a nadie. ¿Otra película sobre el boxeo? ¿A cargo de un director con bajo caché? ¿Protagonizada por uno de los actores más vapuleados del panorama hollywoodiense?

Sin embargo, hay muchas cosas positivas en la obra de David O. Russell. En primer lugar, la actuación descomunal de Christian Bale. Como ya hiciera en El maquinista, Bale se tuvo que someter a una gran pérdida de peso para poder interpretar a un ex-boxeador adicto al crack como Dick Eklund, que en esta ocasión le valió su primer Oscar. No acaban aquí los méritos del galés, ya que mientras en la obra española ésta parecía ser su única baza de cara al premio, en el caso de The Fighter completa su esfuerzo con una grandísima caracterización de un personaje que, por otra parte, es cierto que daba mucho de sí. Todo lo contrario del de Micky Wald, interpretado por un Wahlberg que poco puede hacer para estirar el chicle. Posiblemente hubiera sido mejor escoger a otro actor como Matt Damon, pero aun así el resultado no sería muy diferente. La segunda unidad, encabezada por una impecable Melissa Leo (segundo y último Oscar para la película) y por la adorable Amy Adams, hacen más creíble toda la obra.

También hay aspectos más oscuros en The Fighter. El ritmo de la obra es demasiado irregular, consiguiendo por momentos desenganchar al espectador de la trama. Tampoco ésta destaca por su originalidad, ni conmueve al espectador tanto como en un principio parecía pretender. En una obra que se jacta de ser dramática, este aspecto es un serio revés. No ayuda tampoco el excesivo efectismo de Russell, salvo una agradable excepción: los combates están rodados con un mimo extraordinario, posiblemente sean los que mejor se han recreado en la historia del cine. Al fin y al cabo, estamos hablando de una película de boxeo que resuelve de manera notable su potencial mayor atractivo, por lo que, a pesar de sus taras, acaba siendo totalmente recomendable para los fans de este tipo de películas.